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Capítulo 1: El halcón.
Mi nombre es Denis. Soy un tío rubio de estatura media y complexión fuerte, con ojos marrones, perilla,…
Debido a que fui un pésimo estudiante decidí escoger una profesión afín a mi carácter, y así fue como me hice detective privado. Lo malo, en este trabajo no se gana nada de nada. Eso si, cuando tengo algún que otro cliente no dudo en sangrarle la cuenta corriente.
Aún así dispongo de pocos medios económicos últimamente y es que los clientes vienen a ritmo de cuenta gotas. Y ya se pasaban mis acreedores constantemente para acosarme. Pero, un día, de repente ocurrió algo, alguien llamaba a la puerta.
Miré por la mirilla, y vi que no era un acreedor o al menos no era uno de mis habituales acreedores. Era una chica pelirroja de ojos verdes y rasgados. Vestía lo suficientemente bien para abrirle la puerta sin preguntar si quiera que le pasaba y casi obligarla a sentarse enfrente del escritorio de mi despacho. De hecho eso fue exactamente lo que ocurrió.
-Buenos días preciosa. Pase, pase,… ¿Quiere algo? ¿Un poco de café? ¿O tal vez prefiere té? Oh pero que mal educado soy. Siéntese primero, ahí delante de mi escritorio en ese sillón para invitados.
-Muchas gracias. - dijo en un extraño español artificial, lo que hacía notar más que no era de aquí. - No necesito beber nada, pero muchas gracias.
Se sentó en el sillón que había enfrente de mi mesa, dejando su bolso encima de sus piernas. Se ato una coleta a los pelos, y yo me quedé observándola como un bobo. Cuando se sentía ya cómoda puso las manos sobre su bolso y volvió a hablar:
-Seguramente quiera saber quien soy y el motivo de mi inesperada visita. Mi nombre es Aiko y trabajo en una tienda de exportaciones, de productos de todo tipo, de la que soy la propietaria. En estas época habíamos tenido un gran numero de ventas. Y uno de nuestros productos más codiciados siempre fue una estatuilla en forma de halcón, realizada en materiales nobles: madera de ébano y ricas piedras incrustadas. Pero es terriblemente caro, por lo que nadie nunca hemos podido venderlo. Hasta hace un mes y medio había sido el símbolo de nuestra tienda, era algo así como una atracción de circo en la que la gente se entretenía mirándola. Fue cuando llego un gran millonario que se entero de la existencia de esta, se vendió y nos dijo que al día siguiente se la llevaría. Sin embargo al día siguiente no estaba allí la figura. Desapareció como si nada. Llamamos inmediatamente a la policía y advertimos a nuestro cliente de la tragedia, el cual espera que le devolvamos o el dinero o la estatuilla. La policía no encontró señal de robo alguna, y además no forzaron la puerta. Así que sospechamos en que ha sido alguno de nuestros empleados y…
-Y espera que yo trabaje espiándoles a sus empleados en la tienda, para empezar con la investigación.
-Esa es una buena idea. No se me había ocurrido. Es usted bueno.
Y en mi imaginación siguió diciendo “Y tan guapo, y tan maravilloso,… Oh, ¡Besame ahora!”.
-No es para tanto… Recuerde que todavía no hemos desvelado el misterio. - dije guiñándole con mi ojo derecho. - ¿Cuándo puedo empezar trabajando en su tienda de exportaciones?
-Qué le parece mañana mismo. A las nueve de la mañana abrimos la tienda, pásese por la calle… Oh perdone, tengo tarjetas de la tienda en mi bolso. Aquí tiene una.
-Y aquí tiene una mía usted. Ya sabe si necesita algo, cualquier cosa. Hasta lo más rebuscado posible, incluso si solo necesita hablar. Llámeme al número de móvil que figura en mi tarjeta, siempre estaré disponible y si no lo estoy seguro que la llamaré dos segundos más tarde sin tardar nada. También puede visitarme aquí.
-Oh, gracias señor Denis.
-Hableme de tú, por favor.
-¿De que?
-Nada, no decía nada. Todo bien. ¿Quiere algo más? ¿Un café? ¿O tal vez un poco de té?
-No, gracias. Voy bien servida. Volveremos a vernos, Denis.
Me había hablado de tú, no sé si sin darse cuenta o para quedarse conmigo. Se levanto y salió por la puerta por la que entró, no sin antes levantarme y abrirle la puerta.












