Cosas tendiendo a cero

“She was a mink handjob in sarcophagus heels”

Archivos para Diciembre 19th, 2007

El día en el que se acabo el mundo

Publicado por Griseo Mitran en Diciembre 19, 2007

Tambores anunciando el fin del mundo. Yo aún no me lo creo, vaya que por si acaso luego me lleve una desilusión. Dicen que hoy un tal Dios bajara a la tierra y nos culpara por algo que él nunca nos dijo directamente que no hiciéramos. Yo personalmente no le conozco pero dicen que es un cabrón.

¿Y como uno empieza el día del fin del mundo? Pues como cada mañana me levanto hecho una mierda por culpa del ruido del despertador que no sé si es que de verdad hace tanto ruido o son mis oídos más sensibles por la mañana.

Lo que si sé es que un dolor de cabeza como el mío no era normal. Desde que empece a trabajar de oficinista en aquella maldita empresa, cada vez que empiezo a oír el sonido de las teclas del ordenador es como si un martillo me clavase clavos en diversas partes del cerebro. No tarde mucho en llegar al trabajo, parece que con esto del supuesto día del fin del mundo las caravanas mañaneras habían disminuido notablemente.

Ya me imagino a más de uno en sus casas debajo de la mesa, cubiertos con una larga sabana y emparanoyados mirando al suelo. Otros supongo que estarán buscándole sentido a su vida, algo inútil pues la vida en sí solo tiene un sentido que es el que tu le das es decir: ninguno. ¿Que sentido tiene ser el más rápido de un millón de espermatozoides? Pues darle una alegría a tus futuros papa y mama o darle un gran disgusto a tus futuros abuelos. En cualquiera de las maneras deducimos el mismo sentido, es decir no deducimos nada, que es justo la hipótesis que barajaba.

Habrá todavía alguno que otro que ha sido “listo” y ha dicho que va a aprovechar ese día del juicio final para hacer todo lo que antes no podía hacer, es decir para volverse loco. Yo en cambio he sido previsor y ha sido el único día que he llegado temprano al trabajo. Al entrar me encuentro con uno de los jefes que más mal me caen.

-¿Que haces aquí?
-Lo que hago todos los días, trabajar.
-¿Pero no te has enterado? Es el día del fin del mundo. Lo han dicho en la prensa, la radio, internet, la televisión,… El fin esta aquí.
-¿Estas bien?
-Mejor que nunca. Puedo robar lo que me dé la gana, romper lo que me dé la gana, hacer lo que quiera,…
-Pues tírate por la ventana, si de todas formas luego vas a morir.
-Si, es cierto.

Dicho y hecho. Vivan los días del fin del mundo, así deberían de ser todos. Eramos los dos o tres de siempre en el trabajo, jugamos al buscaminas el mismo tiempo de siempre,…

-¿Alfonso te vienes a tomar un café? - me dijo un compañero.
-Claro, necesito descansar un rato.

El buscaminas es una tarea ardua, no por la dificultad sino por la emoción que supone el que te pillen o no. Por eso siempre tomamos un café durante media hora al día, y a veces esa media hora se transforma en una entera. Tras el breve interludio seguí “trabajando”.

Tras el trabajo, me largue a mi casa como todos los días. En la vuelta tampoco hubo un caravanon impresionante. Las calles estaban casi desiertas, los niños no estaban afuera jugando, los comercios estaban cerrados y con pinta de haber sido saqueados,… Pero el atardecer seguía siendo el mismo, y el color del cielo inundaba las calles como si el ocaso fuera a ser que gobernara este mundo en este instante. De hecho lo sería de no ser por ese señor que quiere destruir el mundo.

Llegue a mi casa, me puse el pijama y me tumbe en el sofá. Encendí el televisor, como siempre la tele estaba hecha una mierda así que decidí ponerme a mirar cosas por internet.

Mucha gente despidiéndose por la blogosfera, otros despidiéndose por sus fotologs,… En fin, nada interesante. Todos creen que es el fin del mundo excepto yo. Es tontería, todo sigue igual ¿Porque hoy iba todo a finalizar? ¿Porque este día estaba marcado como el estado final de un largo conjunto? ¿Y si el mundo fuera cíclico y nunca acabara? Porque que manía con querer que se acabe el mundo.

Al ver que no había nada interesante por ninguna parte me dio por mirar un montón de fotos que había acumulado en toda mi vida. Había fotos de cuando fui pequeño, unas cuantas de cuando era adolescente y salía con los amigos, otras de cuando viajaba por el mundo yo solo y unos amigos, otro montón de cuando empece a viajar por el mundo con mi última novia (la cual murió en un estúpido accidente de trafico),… Me acordé de ella y de su sonrisa, decidí dormir con ese recuerdo en mi mente. Entre aquel montón de fotos suyas y mías, me quede dormido en la noche en la que al amanecer terminará el mundo.

Desperté al amanecer, y como yo predije el mundo seguía en pie. Todo estaba en el mismo orden, la tierra se mareaba dando vueltas alrededor del sol y la gente salia de sus casas como si acabaran de nacer. Por tanto, creó que yo era el único adulto que quedaba en pie.

Publicado en relato | Etiquetado: | 1 Comentario »