Prologo.
Capítulo 1: El halcón.
Capítulo 2: Todo sea por la rica pasta americana.
La pelirroja se fue dejando tras de sí un halo de perfume caro que me embriagó durante toda una hora. La sirena de un coche de policía me hizo despertar del sueño y decidí volver a casa, cenar algo y descansar. Al día siguiente empezaría mis pesquisas. Todavía no tenía mucha idea de por dónde empezar, pero seguro que el nuevo día traería nuevas ideas.
Me despertó el timbre del teléfono, y no el despertador. La señorita Aiko me daba los buenos días, tras pedirme disculpas por la hora tan intempestiva de la llamada. A la vez, me rogaba, con un tono nervioso, que fuese lo más pronto posible a su domicilio: había recibido un anónimo.
Así que rápidamente me vestí, me duche, y me peine. No desayune, no había tiempo que perder. Era desayunar o lavarme los dientes, así que preferí lo segundo. Me monte en el coche, y me pasé por el forro todo el reglamento de trafico para llegar lo más pronto a su casa.
Ya me imaginaba como resultaría todo mientras conducía: Un malvado en las escaleras amenazándola con un cuchillo en su cuello, y yo salgo detrás de ellos y le pego, al malo, un balazo en toda la cabeza. “Oh, Denis. ¿Estas bien? Gracias por salvarme” Ella cae a mis brazos y yo la beso, me abandono en su piel y es entonces cuando en el mismo suelo…
Ninoninoninonino…
Mierda, una patrulla de policía justo delante mía. Tengo que aminorar la velocidad rápidamente o si no estoy muerto.
Aminoré la velocidad e intente recordar algo de las clases de autoescuela. Al cabo de un tiempo deduje que lo había olvidado todo, como mal estudiante que soy, así que intente ir lo más despacio posible. Razone que las señales de Stop significaban pararse, pero ni idea de esos triángulos blancos y rojos. Por lo menos, ese coche de policía estuvo poco tiempo en mi camino y cuando se alejo volví a conducir como de costumbre.
Y después de diez minutos ya me encontraba en la otra punta de la ciudad, todo un tiempo récord. Era una casa grande y lujosa. Vamos, la típica casa de millonarios. Llame al timbre y en seguida me abrieron la verja, camine hasta la puerta y justo cuando me encontraba en frente de esta, la abrió un tío con pinta de portero de discoteca.
-En esta casa están prohibidos los pordioseros como usted, no damos limosna…
-Espere, espere. Que me ha llamado la señorita Aiko por lo del anónimo. Soy el detective Denis. Mire, esta es mi tarjeta.
-¡Que no damos limosna y… - sonó su teléfono móvil y lo cogió. - Si. Ah. Vale. Muy bien. Si, estoy de acuerdo con usted pero… Vale. Haré la vista gorda por ahora. - apaga su móvil y se lo guarda en el bolsillo. - Adelante, esta en su casa. Señor Denis.
-Que bien, un gorila en estado de cautividad.
-Que pase, ¡He dicho! - dijo levantándome con una de sus manos y lanzándome al interior de la casa de una patada, para luego caer en un amplio sofá. Me asombre de la increíble puntería que tenía el gorila, seguro que lo había ensayando durante años. Me vino a la cabeza la típica imagen de los niños en la calle pegando patadas a una pelota para que esta entrase en una supuesta portería más pequeña que las de verdad.
Al poco tiempo, Aiko llegó al salón con una cara de preocupación enorme.
-¿Esta bien Denis? ¿Te has hecho mucho daño?
-No, no es nada. En las discotecas es peor. - Aiko esbozo una tímida sonrisa. - Dígame, ¿Que ha ocurrido esta mañana Aiko?
-Ha sido todo tan extraño. Me he levantado como cada mañana a ver el correo que echan en la verja de mi casa, suerte que quien lo recogió fue mi mayordomo…
-Tu gorila dirás.
-No te metas con él, en realidad es buena persona. Si le conocieras más a fondo…
-¿Te has acostado con él?
-No, cielos. Ni lo haría, además esta felizmente casado.
-Eso significa que eres soltera y que no tienes pareja. ¿Eh?
-Cielos. ¿Que le ocurre esta mañana? - pregunto y se rió ella sola.
-Así que es cierto lo que digo.
-Vale. Ya que me ha sonsacado información de mi vida privada hablemos de la suya. ¿Le gustan las antigüedades?
-Eh… Esto… Si, pero ahora no tengo ganas de hablar de cosas antiguas… Porque no nos remitimos a los hechos de esta mañana… - La pelirroja volvió a sonreír.
-De acuerdo, como quiera. Esta mañana mire mi correo y encontré esto.
El sobre era blanco y pequeño. No tenía nada escrito, salvo una etiqueta que lo cerraba. La cual estaba rajada, seguramente por un cuchillo. O por uno de esos extraños cacharros que usan los ricos para abrir las cartas.
Abrí la carta con cuidado, y vi justamente lo que me temía: era una carta que no tenía nada escrito a mano. Es decir, estaba escrita por ordenador. ¿Y para esto aprendí el arte de conocer a las personas por su estilo de letra? Para que llegase la era de la informática, cada día odio más esos ordenadores. La carta decía lo siguiente:
“Dame la paaaastaaaaa.
Hola, señorita. Le informamos que ha sido robada por un gran banda de ladrones. No diremos nuestro nombre, es más solo diremos una cosa de nosotros:
Quereeeeemos la paaaastaaaaa
Ya sabe a que nos referimos. A la pasta y no a la italiana sino a la típica y rica pasta de los EEUU. El halcón esta muy bien como adorno pero no podemos venderlo fácilmente así que hemos pensando en tal vez devolvérselo a cambio de la
paaaaastaaaaaa
Por tanto, queremos que el domingo 27-01-2008 deje un maletín con mil euros, justo delante de la puerta de su tienda.
Concluimos aclarando que si no nos da lo que queremos, arruinaremos su negocio y su vida. Eso creo que estaba claro desde el principio.
Estaremos en contacto. Que pase un buen día y perdone la interrupción.
Besos.
Los ladrones.
P.D.: Danos la paaaaastaaaaaa.”
-Ummmmm…
-¿Ha deducido algo importante?
-Solo una cosa. Odio a la gente que repite tanto una o varias letras para llamar la atención en las palabras.
Una tímida risa salio de los labios de Aiko.
-Entonces, ¿Va a empezar hoy a trabajar en la tienda para investigar?
-No. Tengo una idea mejor para empezar este caso. Si veo que me quedo sin ideas ya le avisaré para proseguir la investigación por la tienda. De todas formas, si la policía ha estado allí investigando creo que hay poco que sacar.
-Tiene razón. Y sabe una cosa. Los agentes de la policía son una panda de inútiles que me deben una millonada en café, si me dieran un euro por cada café que han consumido en mi casa… Me haría multimillonaria.
-¿Pero no lo eres ya?
-¿Bromeas? Todo esto no es mio sino de mi padre. Me compró esta casa para tenerme vigilada, pero algún día cuando mi tienda de exportaciones me dé el justo dinero para vivir como una persona de clase media me iré de aquí.
Miré un curioso reloj de pared japones, uno de los adornos de aquel extraño salón (el cual poseía una curiosa mezcla de elementos japoneses y occidentales). Eran ya las diez de la mañana. Como no empezara la investigación ya, no llegaría a avanzar nada hoy. Aiko pareció comprender la situación antes de que yo dijese nada.
-Creo que será mejor que deje de contarle mi vida. - ¿O tal vez era que no quería hablar más de su pasado para hacerse la misteriosa? Algo tan típico de las chicas como ella. - Supongo que tiene muchas cosas por hacer.
-Más de las que pueda imaginar.
-¿Y por donde piensa empezar?
-Pues…












