“El asesino, mátalo.”
Arnes recibió un duro golpe de un gran orco y cayo al suelo. Nunca pude aprenderme bien los nombres de mis enemigos pero solo sé que este orco era demasiado grande. Me acerque e intente vencerle pero antes de que hiciera nada Arnes cayo. Fue entonces cuando yo luche con mas fuerza. Mate al gran orco y me acerque a Arnes. Movió los labios y pero no le entendí bien.
“Tengo ganas de morir.” Eso decían sus ojos, los cuales no quise mirar. Inútil, es tan incomoda esta impotencia.
Cuando nada te importa es tal vez cuando la vida es de lo mas interesante. Empiezas a verlo todo de forma distinta a como los demás lo ven. Si, tal vez este equivocado pero ya que importa. Fuera como fuese ya no importaba nada. Arnes había muerto en mis propias manos y yo ahora era el ultimo asesino al que había que eliminar.
Fuera como fuese, me arme de valor y cogí mi hacha. No, no era justo que un hombre matase a su mejor amigo pero él quería morir en aquel lugar.
Oigo pasos… Alguien se acerca.
Recuerdo cuando era joven la de veces que mi maestro nos había enseñado a como luchar contra nuestros enemigos. “Tanatos, lucha y olvida el juego…” Si no fuera por mi culpa Arnes seguiría vivo.
Me escondí. Recordé tantos momentos de lucha, tantos vanos momentos de gloria que ahora no servían para nada. Mire a escondidas que era Hernes quien había llegado. El gran Hernes, el cual ahora su encargo será mi muerte.
Hernes me busco, sabia que me encontraría. Así que salí de mi escondite.
Hernes me miro en busca de culpabilidad en mi mirada. Y en el momento menos esperado me escupió y me dijo:
-Perro. Matas como un perro, te mueves como un perro,… Y como si de un perro se tratase te mataré.
-¿No crees que has llegado demasiado lejos? ¿No lo ves? Arnes ha muerto. Tu venganza ha terminado.
-No… No ha muerto como yo quería, ahora eres tu quien pagara el precio de su muerte más la de la muerte de mi mascota.
-Todo por una mujer…
-¡Él mato a mi amada!
-Y tú te morías de celos cuando ella me miraba. No moriré porque no soy como tu ni como Arnes. Yo siempre fui y seré él mas fuerte.
-Te arrepentirás bajo mis talones.
-Yo no sé arrepentirme, pues nunca he hallado ni hallare oportunidad.
Ahora no había un objetivo fijo. Solo venganza.
Habíamos venido por un tesoro. Hernes decía que era el tesoro mas grande que jamas se hubiera encontrado. Eramos cuatro: Arnes, Hernes, Eriaka y yo el gran Tanatos.
En cuanto menos nos lo esperábamos ya estábamos en la cueva del gran dragón que yacía muerto. Hernes se las daba de héroe ya que (según él) él había matado al gran dragón. Yo no le creí, es mas pensaba que el dragón no estaba muerto, solo dormido.
Hernes era quien había descubierto el lugar para impresionar a Eriaka con la captura de un gran tesoro, típico de los hombres enamorados. Su supuesta fuerza para mi no era mas que estupidez y fanfarronería. Sabía perfectamente que Eriaka jamás se enamoraría de él porque presentía que ella también lo sabía. Sin embargo he de admitir que fingía demasiado bien cuando vio tanto metal precioso.
Cuando empezamos a coger el oro de la cueva me di cuenta que efectivamente el dragón estaba vivo. Se levanto y nos soltó algunas groserías y cosas sin sentido, ya que los dragones no soportan que alguien les toque su dinero. Después de él hurgar en nuestros pensamientos, miro a Arnes y le manipulo para matar a Eriaka. Eriaka murió a manos de Arnes y, asustado, salio huyendo sin entender nada. Hernes lo siguió y uso su mascota (un gran orco que no sé de donde lo habría sacado ni porque lo tenia de mascota, porque era un bicho feo con ganas, pero feo) para atrapar a Arnes.
Yo huí me escondí y seguí a Arnes, para atraparle y aclararle todo lo que había pasado y luego intentar salvar la situación. Pero no, paso esto tan horrible y ahora yo era quien debía de asesinar.
Empezamos la gran pelea. Hernes con su espada y yo con mi gran hacha. Después de un gran rato de movimientos de armas y choques de metal, mas una gran parte de cortes de plantas, Hernes perdió su arma de las manos.
Entonces fue cuando Hernes clamo perdón pero yo no se lo di porque tenia que matarle, ahora yo era dominado por el gran dragón de la cueva. Por eso sabia que el dragón nos dominaría, por eso sabia que Hernes moriría de todas formas. Porque él me ha dicho que solo yo sobreviviría si le mataba a él. Le corte la cabeza sin piedad alguna, mi gran odio se fue y me entristecí por la gran perdida de mis amigos. Pero di gracias al dragón por dejarme con vida y volví a casa con parte de la gran cantidad del botín que conseguí en la cueva.