Cosas tendiendo a cero

“She was a mink handjob in sarcophagus heels”

Archivos para Enero 16th, 2008

La bestia del sol (parte 2)

Publicado por Griseo Mitran en Enero 16, 2008

¿Qué más sucedió después? Vamos cabeza, recuerda… Ah, si. Recuerdo un largo trayecto. Todos habían escapado, y ni de Eriaka ni de sus seguidores se sabía algo sobre su paradero. Según las noticias que oía en la radio del coche en el que me encerraron durante el viaje en la operación policial para detener a esta panda de chiflados que me atraparon, algunos policías habían fallecido y otros estaban heridos graves. Supongo que Eriaka escaparía. Pasaron algunos días, no se cuantos. Todo el tiempo estuve metido en el maletero de un coche, excepto cuando me daban de comer o me curaban las heridas de las balas.

Hasta que una noche abrieron el maletero y me sacaron de allí. Me metieron dentro de una especie de almacén gigante, en el interior de un laberinto. Me liberaron de las cuerdas con las que me ataban y me soltaron en alguna parte del laberinto. Vi al hombre alto y a todos los demás, parecían muy alegres. Supongo que ellos habían conseguido escapar del todo de la justicia y se habrían reencontrado con Eriaka. Se fueron todos muy rápido, antes de que yo pudiera levantarme para seguirles y encontrar la salida del laberinto. De repente oí ruidos de portazos, supongo que ellos ya estarían fuera de la nave. Fue entonces cuando descubrí el significado de las palabras de aquel hombre que hablaba del silencio. Era silencio y de repente gritos. Intente buscar la salida un montón de veces, pero solo veía muertos y esqueletos por cada esquina del laberinto. Cada pared resultaba ser exactamente igual que la anterior. Enloquecí durante todo ese tiempo y no paraba de oír gritos en mi cabeza. Supongo que era yo, enloquecido tratando de encontrar una salida. Tras un rato de histeria completa caí al suelo. Todo era silencio, pero para mi no lo parecía en absoluto. Odiaba ese silencio, odiaba estar atrapado ahí. Sentía ganas de que viniera ya la bestia a devorarme. Tenía ganas de luchar contra ese ser y matarlo. Tenia ganas de matar a todos lo que me metieron allí. Y entonces la vi. Y descubrí la verdad, Eriaka era la bestia del sol. La devoradora de almas me agarro del cuello con una mano, y sonriendo me dio varios tortazos. Supongo que todo era para matarme de la forma mas lentamente posible. Sentí que mis mejillas se ponían cálidas y luego sentí ese frescor que se siente cuando la sangre sale de tu piel y se seca formándote una postilla. Los golpes eran muy fuertes, sentía que mi cara iba a estallar. Luego me lanzo contra una de las paredes, y caí al suelo.

Grite de miedo, horror e histeria. Una mujer con ojos ensangrentados, el pelo blanco y una fuerza destructiva, eso era la bestia. No podía creer en que se había convertido esa delincuente. Todo era culpa suya, desde que empecé a investigar las desapariciones intuí que ella era el origen de toda la destrucción de aquel grupo que adoraba a una especie de dios oscuro.

Ella se acercaba ahora, sentí la ira ardiendo en mi interior. Sentía tanta ira en mi interior que no pude con ella, no pude evitar levantarme y caer contra la bestia. La golpee con tanta ira que sus huesos deberían de haberse roto en algún momento, pero no era así. Se reía de mis golpes, parecía que le hacían cosquillas. Me lanzó otra vez contra otra pared. Mire mis bolsillos para ver si tenia algo que usar contra ella. Entonces vi mi mechero, aquel que me había acompañado en tantos años de vicio de tabaco. En cuanto Eriaka estuvo lo suficientemente cerca de mí, encendí el mechero y la queme. Grito. Y me sentí bien de que ella gritara. Corría hacia algún lugar del laberinto, seguramente la salida. Yo la seguí. Y conseguí hallar la salida del laberinto, que era la salida de aquella nave. La cual, por suerte, habían dejado abierta, seguramente porque aquellos seguidores de la oscura criatura tenían tanto miedo a Eriaka transformada en bestia que salían huyendo nada mas oír sus pasos. Fuera como fuese, recuerdo que conseguí ocultarme en las afueras de aquella nave. Anduve durante días buscando un lugar donde llamar a mis jefes y decirles todo lo ocurrido. Lo cierto es que no recuerdo nada más. No sé como estoy aquí al frente de la carretera, ni hacia donde voy, ni como es que ya no tengo heridas.

Ya llegue a mi destino, es una nave grande. Entro en su interior y oigo gritos, muchos gritos. Corro para ayudar a esa persona pero en vez de ayudarla la mato lentamente y luego la devoro. No sé porque pero no puedo controlarme. Algo me controla por dentro, algo me hace sentirme diferente, y ese algo me hace sentirme bien cuando debería de sentirme mal. Ahora es cuando recuerdo de que Eriaka me reencontró y que me venció, pero justo antes de poder morir ella me inyectó parte de su sangre por una aguja. Era el peor de los castigos que tenía para darme. Tragando tripas y sangre para luego sentir que el lado oscuro me domina. Para sentirme muerto y condenado en las raíces del más maldito de los infiernos.

FIN

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