En una montaña comenzó todo. Por la noche vi su figura atravesada por la luz de la luna, era ella estoy seguro. No sé si era mi destino o si tal vez Eanos así lo quiso. Allí la vi, quieta y en silencio. No me dijo nada y yo me acerque a ella. Me disparo y se fue, estoy seguro que era ella. Nunca será vencida. Eriaka, la dueña de la bestia del sol o al menos así la llaman los seguidores de dicho dios.
No sé que hora era cuando me descubrieron herido en la montaña y me transportaron a un hospital. Llevábamos semanas investigando un caso de una terrible secta. La secta imploraba a un dios Hades y decían que en sus actos luchaban contra Zeus. Es raro encontrarse una secta de tal tipo en unos tiempos en los que es mas temible el diablo que Hades. Supongo que ellos no lo verían una tontería pues dejaban sacrificios humanos y animales para ese dios.
A veces me pregunto porque eligieron a Hades, un dios antiguo siempre seria considerado una cosa de risa entre sus seguidores pero no era así. Cada vez encontrábamos rastros más extraños de sus actividades. Ropa desgarrada con sangre, cuerpos desmembrados, gente a la que habían matado arrancándoles la piel,… Y siempre había con ellos una hoja con alguna frase sobre ellos firmada por Eanos.
Nos encontrábamos en una montaña, habíamos recibido avisos de una patrulla que nos contó de haber visto a muchas personas con antorchas y túnicas romanas. Me adelante a todos ellos y llegué para detenerles, pero ya era demasiado tarde pero encontré a Eanos escribiendo justamente delante de vísceras de un cadáver una nota. Coloco la nota en el cuerpo y le dispare en la cabeza. Eanos cayó al suelo, el asesino fue asesinado. Paradojas de la vida.
Cojí una de las antorchas que dejaron por el lugar, observe que esa antorcha se componía de fuego griego. Definitivamente era una secta. Subí la montaña siguiendo pisadas que el barro me facilito. Y allí fue donde la vi. Me dirigí hacia ella y me disparo en el brazo que no llevaba la antorcha. Caí al suelo y la antorcha también. Con la mano sobrante decidí levantarme, pero no pude. Eriaka se acerco, tenia que acabar conmigo. Era su deber. Ahora yo era su presa. Pero cuando se acerco lo suficiente le queme los pelos con la antorcha. Vi como ardió en la oscuridad. La vencí, solo quedaron cenizas de su ser. Ella cayó por fin. Parece ser que Zeus había destruido definitivamente a Hades.
Pero todo era un sueño. Desperté y ella seguía ahí. Que tonto fui. Nadie puede vencer a Eriaka. Pero al menos maté a Eanos, el padre de su mal. Y como castigo debería morir como una rata en sus manos. Me preparé para mi muerte, y ese fue el momento más extraño que viví en esa noche.
“Nos veremos en el infierno. Asesino.”
“Tu eres la asesina.”
Se fue. Escapo. Dejándome solo en la montaña.
(Continuara…)












