Desperté. Suena el teléfono. Agarro el auricular como puedo. En éste había una nota pegada que ponía “Recordar: Hades en el sol.”
“¿Diga? ¿Quién es?”
“¿Quién va a ser? ¿La dulce princesita que te espera en un castillo? No, soy la vieja madrastra asesina. Soy Eriaka, joder. ¿Qué otra te suele llamar a estas horas?”
“Ah, perdona. Es que he tenido un sueño muy extraño.”
“¿Qué soñabas?”
“Nada, que yo era uno de esos policías que nos persiguen. Lo curioso era que me mataba a mí mismo y luego tú no hacías nada para vengarte.”
“¡Qué cantidad de mierda tienes en la cabeza! Si te mataran, secuestraría a tu asesino y cada segundo que pasará antes de su muerte sería su infierno. Te lo aseguro.”
“Vaya, me alagas. Por cierto, ¿Para que me llamabas?”
Desperté. La televisión estaba encendida. En la pantalla aparecía una foto de Eriaka, una foto del archivo de la policía supongo. Luego apareció la imagen en movimiento de la presentadora de las noticias, la cual pasó su turno a su compañero de la sección de deportes.
Todo había sido una pesadilla, producto de la mala cena de anoche.
FIN.












