Había una vez arboles y pájaros. Había una vez un mar azul como el cielo. Había una vez una tierra fértil. Había una vez animales sobreviviendo por medio de su instinto. Había una vez la evolución. Pero ya nunca jamás. Pues los arboles los cortaron y los pájaros los maratón. El mar dejo de ser azul, al igual que el cielo. La tierra era dura y asfaltada. Los animales los cautivaron y ahora sobreviven dependiendo del sabor. Dejando paso a la anti-evolución.
Había una vez una princesa que lloraba sin parar porque un viejo loco le lanzaba piedras a su cristal. Hasta que la inútil princesa pensó en abrir el cristal para gritarle al loco que se fuera. Fue entonces cuando una pedrada la mató de golpe y porrazo. Aún así el loco seguía lanzando piedras a la ventana.
Había una vez una vida segura y a todo riesgo. Pero fue entonces cuando el banco dijo que no te daba ni un céntimo para ayudarte a reconstruir tu casa del incendio.
Había una vez un país llamado España lleno de políticos de mierda, lleno de comediantes sin chiste alguno. Sus comedias son sus mentiras y ya no hacen gracia a nadie.
Había una vez una feliz pareja viviendo en alquiler. Hasta que un día llegó el bebe, y sus días se convirtieron en la batalla de ser padres hasta que el chaval aprendió a sobrevivir por si mismo en su ecosistema humano. Cuando eso sucedió ellos ya eran viejos y se apalancaron en su hogar hasta el fin de sus días.
Había una vez una canción que nunca se acababa, hasta que llegó la policía protestando porque cantaban sobre sexo con mujeres y vaya que éstas se traumatizasen al oírles cantar.
Había una vez un mundo lleno de hipócritas, consumistas, inútiles y gilipollas que vivían como dioses en un paraíso llamado cielo. Hasta que a uno de ellos se le ocurrió construir el infierno.
Había una vez un puñado de días en los que este loco vio los brazos de una luna abiertos de par en par. Hasta que esos brazos estallaron en mil pedazos al oír un montón de fonemas sin sentido para él, aunque si para su inútil cerebro.
Había una vez… Supongo que es mejor que pare ya, pues ésto parece que nunca terminará. Tal vez sea que siempre tendré historias que contar.












