Por cada segundo que pasa más se enfada. No puede soportarlo y sale volando de allí.
Sus manos siempre fueron iguales, pero cambiantes. Unas veces eran dedos de humano, y otras garras de dragón. Pero eso nunca le importo. Nunca nadie se quejo de él. También es cierto que nunca nadie tuvo oportunidad.
Tanatos decidió alzarse ante las tinieblas y prepararse para otra lucha. En el lugar donde un anciano druida murió. En el mismo sitio donde una batalla milenaria sucedió. Aquel día una especie de humanos que se transformaban en dragones, lucharon contra un solo ser: el druida Pagartos. Y Tanatos fue uno de los pocos que sobrevivió. De hecho era el más fuerte.
Tanatos volaba en el cielo gris de la ciudad de Nueva York, mientras se dirigía hacía Europa, cuando de repente un ser volador le tiro de la oreja y lo lanzó al mar. Tanatos consiguió frenar su cuerpo en el aire y prepararse para atacar.
Enrique despertó. Se pregunto que demonios había comido aquella noche. “Menuda mierda de sueño.” - pensó. Y es que los únicos sueños buenos para Enrique eran los sueños lucidos.
Alguien llama a la puerta. Sólo llama tres veces, así que supone que será el cartero. Abre la puerta y una llamarada de fuego lo mata. Tanatos quemo su casa entera, y aquel lugar en medio del campo donde hace años tuvo lugar una batalla milenaria.












