Autodestrucción a 4000 años luz de casa.
Publicado por Griseo Mitran en Febrero 23, 2008
Aviso: Continuación del relato Una parada a 2000 años luz de casa y de Un oasis a 4000 años luz de casa.
Hijo de puta. Creé que moriré. La oruga gritó y pude ver sus dientes, finos y afilados como cuchillos. Nos miro fijamente como cuando un niño piensa que va a hacer con las 2 hormigas que se han metido dentro de su habitación. ¿Llamará a su madre para matarlas? ¿O nos aplastará cruelmente hasta nuestra muerte?
No, Boom-boom-bang-bang no era de esa forma. Él era más meticuloso, más endemoniado. Y por tanto jugaría con nosotros hasta cansarse y sólo entonces nos matará. Pero mientras tanto daré la suficiente guerra.
Comience a dispararle a diestro y siniestro. Su cuerpo sangraba, pues aunque el arma no le quitaba la suficiente carne para desgarrarle al menos le hacía pequeñas heridas. Pero cinco pequeñas heridas juntas son una herida normal.
El indio por su parte seguía inmóvil con una katana en sus manos. Era extrañamente curioso, pensaba que sacaría un arco y unas flechas. Pero no, saco una katana.
La cola de la oruga gigante se dirigió hacía mí, y yo pude esquivarla. Entonces vi a su cabeza justo enfrente de la mía, con ese mal aliento y esos dientes de cuchillos. Rápidamente esquive la cabeza, y entonces me vi atrapado en un nudo formado por su cuerpo.
“Mal final”, pensé. Sin embargo seguí disparando a parte del nudo, corriendo el riesgo de desintegrarme. Pero el nudo comenzó a apretarme fuertemente el cuerpo y mis manos soltaron sin querer las armas. La oruga sonreía al oír mis quejidos. Fue entonces cuando el indio comenzó a atacar a Boom-boom-bang-bang. Se duplico, uso una especie de poder oscuro. Y ya no era un sólo guerrero sino dos, cada uno con su katana y con sus mismas habilidades. Recordé que el tener poderes no pertenecía a la raza de los humanos normales, ni a la del pueblo indio,… Sólo tenían poderes la raza de los yheines. Los yheines son un pueblo oscuro que vive en las profundidades del universo, ocultos de la raza de los cornicerus (raza que domina el universo actualmente). Por tanto ese indio tenía que tener algún padre o madre que fuese yhein, si no no sería un yhein.
Ambos yheines saltaron sobre la cara de Boom-boom-bang-bang, exactamente sobre su ojo. Clavando sendas katanas en el único ojo de la oruga gigante, y justo cuando ésta gritó volvieron al suelo. En ese momento Boom-boom-bang-bang me libero, aflojando su nudo, y caí al suelo.
-Ya te dije que no gritases demasiado. - dijeron los dos yheines a la vez.
Ambos siguieron haciendo cortes en la cara de Boom-boom-bang-bang. En los labios y en la nariz. Boom-boom-bang-bang cayó al suelo, gritando de dolor. No podía ver quien le atacaba ni saber donde estaban sus atacantes. Estaba atrapado en la trampa de un ser que había esperado durante toda su vida con ese momento. Con el momento de tener ese trofeo.
Pero yo no iba a dejar que se llevase toda la gloría, así que lance bombas desintegradoras al cuerpo de Boom-boom-bang-bang. Eran una especie de bombas lapa, así que corrí lo más rápido que pude alrededor de su cuerpo para que no me estallarán. Su cuerpo se desintegro, dejando únicamente su cara y su único ojo. Ahí en el suelo, ese trozo de piel seguía moviéndose. Fue entonces cuando recogí mi escopeta y desintegre esa cara.
Me dispuse a buscar el tesoro, pero sucedió algo extraño. Ambos Yheines se volvieron a fusionar para dar lugar al mismo ser de antes, pero éste se encorvo y puso sus manos sobre su cabeza, gritando lo siguiente:
-¡Callalo! Sigue vivo. Sé que sigue vivo. Me está hablando.
“Matale. Él no tiene vida. No es como tú. Nadie fue nunca como tú. Eres el mejor. Él no me habría vencido de no ser por ti…”
-¿Pero que dices? ¿No ves que todo su cuerpo ha sido desintegrado?
-No. Hay algo en este lugar que queda de él. Creo que lo mejor sería destruir este templo. Desintegralo cuanto antes.
-Ni hablar. No sin antes encontrar el tesoro.
-Idiota. No ves que él nos matará si no hacemos algo.
-A mí no me está hablando así que no tengo ningún problema.
“Ves. Es un hipocrita, como todos ellos. Recuerdas, te decían que nunca serías capaz de vencerme. Pero me venciste. Y se reian de ti. Y lo más gracioso es que si vuelves a casa no te creerán. Necesitas pruebas…”
-¡Callate joder! ¡Callate!
El indio cayó al suelo, y choco varias veces su cabeza contra las losas. Supuse que fuera lo que fuera lo que le pasaba no era asunto mio, así que busque el tesoro.
“… Y yo puedo dartelas. Escuchame. Eres el vencedor, acepta mi regalo.”
-¡Nunca! ¡Jamás!
“Y que hay de esas chicas que te gustaban que se fueron con los que se reían de ti. Que hay de tus padres, y de los idiotas de tus hermanos. Todos ellos están sirviendo a un alguien gilipollas que no eres tú. ¿Y tú? ¿Qué pretendes? ¿Terminar como ellos? Comos los hijos de un Abel. Despierta.”
-Joder, no me hagas ésto por favor. Soy un buen hombre. Siempre lo he sido.
“Y quieres seguir siendolo y que se sigan riendo de ti. Ja, ja, ja,… Vamos, sabes que te haría un favor. Despierta.”
-Te oigo. Sigo viendo tu cara. Destrozada y sangrienta. Sigues vivo. ¿Estas ahí?
“Abre los ojos.”
-Los abro de par en par.
“Escucha. Mira tus manos. Tus poderes se han multiplicado. Ya no te duplicaras, sino te duplicaras y tus replicas se duplicaran sin limite. Tu fuerza es incrementada y tus habilidades también. Eres más fuerte, eres mi legado. Eres mio. Me servirás, para siempre. Y tendrás todo lo que quieras. Para siempre.”
-Para siempre. - dijo el Yhein esbozando una sonrisa. - Para siempre. Ja, ja, ja, ja, ja, ja,…
Al rato encontré el tesoro. Era una habitación llena de oro y joyas. Con una especie de bomba atrapadora, lo guarde todo en una píldora. Y guardé ésta en uno de mis bolsillos. Volví a la entrada y me encontré con el yhein en la puerta con la katana desenfundada.
-Preparate para morir.
-¿Qué? Espera, habías dicho que el tesoro…
-Deja el tesoro donde estaba y preparate para morir.
-Bueno si es lo que quieres. - dije lanzando la pildora al fondo de la habitación. La pildora al caer al suelo hizo aparecer todo el tesoro. El Yhein se duplico y comenzamos a luchar. Ellos esquivaron todos mis disparos y me atacaron con la espada. Pero yo me defendí chocando mis metralletas contra sus katanas.
De repente, las copias del yhein se duplicaron y éstas a su vez se duplicarón. Y así siete veces más. 1024 copias del Yhein me atacaron sin limite. Me cortaron en miles de trocitos y me destriparon de la forma más cruel y lenta posible.
Y desde entonces mi espíritu vaga en aquella sala junto con otros más. Vemos como viola y mata a chicas en el castillo, como vence a miles de buenos guerreros, y como ríe sin descanso sabiendo que jamás será vencido.
FIN













