Ella bailo ante mis ojos y no pude detener mis cinco sentidos. No pude pensar en que el tiempo seguía pasando mientras yo la miraba. Aquel tarantismo, aquella mordedura de araña. No podía quitarmela de la cabeza algo esta pasando, desde hace tiempo la veo sonreír en mis sueños. Hasta su más siniestra sonrisa se vuelve alegre en mi mente.
La muerte viene lentamente. Pues para mí el tiempo no existe, pero lo cierto es que el planeta sigue girando y por tanto moriré de pena sin darme cuenta. Como una flor en el ocaso de la primavera.
“Despierta. Puedes ser libre. Abre los ojos.”
Abro los ojos y me encuentro en una cama junto a ella sonriendo y mirandome atentamente. Pestañeo y me veo en una cárcel con rejas, y rodeado de llamas. Entonces fue cuando supe que ella era el dios y yo el diablo al que había capturado.
Volví a pestañear y me encuentro a ella en la sala de antes. Me invita a bailar con ella. Su mirada atraviesa la mía como dos espadas. Ni en la más profunda claridad había vislumbrado aquella luz. Aquellos divinos ojos mortales que desterraban las penas de golpe. Acepte.
Volví a pestañear y sólo, sentado en la silla de mi habitación me vi. Cierro los ojos otra vez.
“Despierta.”
Abro los ojos.
“Puedes ser libre.”
Salgo del coma. Y ahí la veo. La enfermera que siempre me estuvo cuidando se llevo una sorpresa al verme despertar, esbozando una amplia sonrisa. Es extraño que antes de conocerla hubiera estado en mi subconsciente. Es como si en el fondo pudiera tocar mis sueños.












