Cosas tendiendo a cero

“She was a mink handjob in sarcophagus heels”

Archivos para Abril 2nd, 2008

La noche no era mala hasta que llegó el amanecer (Capítulo 6)

Publicado por Griseo Mitran en Abril 2, 2008

Aviso: para capítulos anteriores ver este link: http://cosas7tendiendo7a7cero.wordpress.com/la-noche-no-era-mala-hasta-que-llego-el-amanecer/

Capítulo 6 : El guardaespaldas y la historia de la pelirroja.

Me senté de copiloto en el nuevo coche de Adrián. Ya hacía tiempo que él no me llevaba de un lugar a otro. Bueno, es verdad que esto mismo pensé cuando Manuel me trajo al lugar de los hechos.

La verdad es que no lo suelo llevar muy bien. Ser quien no toca el volante me pone nervioso, en especial si es Adrián quien conduce. Veréis no conduce mal el chaval, bueno de chaval ya tiene poco. Tiene más o menos mi misma edad, Manuel tiene cinco años más que nosotros dos. Yo no me veo con tanta edad. Pasar de los cuarenta no es algo que me esperaba después de todo lo que me sucedió como policía.

Si el coche no se me hubiera estropeado no estaría recordando que mi antigua novia conducía igual de mal que Adrián y Manuel. A ella le encantaba conducir y yo siempre estaba renegando de lo mal que ella conducía. Sin embargo no se enfadaba, sonreía y decía que así practicaba para llegar a conducir mejor que yo. Tal vez conocí a la chica más maravillosa del mundo para mí. La misma chica con la que me iba a casar…

“¿Qué paso? ¿Quién ha sido el cabrón? Dime Adrián. Dime, joder. ¿Qué está pasando?”
“Se ha suicidado. Lo siento.”
“No. No puedes sentirlo. No sabes lo que es ésto.”

Suicidio. Que palabra mas fuerte, ¿Verdad? Veréis suelo odiar esa palabra. Odio a los suicidas desde que ella se suicido cuando suspendimos la boda. Supongo que querréis saber porque la suspendimos. Pues muy sencillo, porque ella empeoro con su enfermedad. Estaba muy nerviosa por la boda y eso le hizo enfermar más, así que decidí que lo mejor era suspenderla hasta que pasará un tiempo. Pero ella se enfado. Y llegó a creer que no la quería. Estaba con ella todo mi tiempo libre cuidándola y ella decía llorando que no la quería los suficiente. Y un día ese pensamiento le hizo suicidarse con su traje de novia puesto. Se dejó caer desde la ventana de un veinteavo piso.

Eché la culpa a todo aquel que no consiguió detenerla a tiempo y me fui de allí. Y cada sábado noche recuerdo su piel, enredado en la piel de otra mujer. Consumido en la mentira de otra persona a la que use para olvidar. Supongo que es lo justo. Ella me usa para saciarse y yo la uso para olvidar. Pero en realidad lo que hago es recordar aquellos momentos que jamás volveré a vivir. Y no me importa que eso duela más.

-¿En que piensas Carlos?
-En nada. Bueno, en muchas cosas. Como por ejemplo que me gustaría dar con ese asesino.
-A mí me parece todo muy raro. No sé si te fijaste pero ella llevaba una pistola en la mano. No sé como no pudo darle tiempo a disparar si según nuestra hipótesis ella fue quien descubrió al asesino.
-Porque tenía miedo de matar a alguien. Es normal, no se atrevió a darle al gatillo a tiempo y su asesino sabía perfectamente que ella no sería capaz.
-Pero la cosa es, ¿Qué hacía una chica rica en compañía de ese mafioso?
-Te recuerdo que ese mafioso es el tipo que buscamos hace algunas semanas y que sus clientes son gente de tiendas de exportaciones y de antigüedades. Y también te recuerdo que ella llevaba una tarjeta de una tienda de exportaciones en su bolso. Estoy casi seguro que ella era la dueña de esa tienda. Si consigo hablar con el guardaespaldas habremos avanzado bastante en el caso. Y aunque todas estas piezas estén encajando tan bien, no estoy seguro de que todo ésto sea posible. Tengo una mala sensación, es el primer caso extraño que se está resolviendo demasiado rápido, después de tanto tiempo resolviendo casos largos.
-Y ya que Manuel ha conseguido quitarnos de en medio al inútil de Raúl, casi toda la complicación tiende a cero.
-No, Adrián. Ese tipo al que tendremos que detener cuando reunamos todas las pistas parece un tipo duro. Creo que no estamos preparados para enfrentarnos a él.
-Yo creo que si. Además probablemente Manuel sea mejor que él, y nosotros no somos tan malos después de todo.
-En un día tan soleado parece mentira que se vaya a ocultar el sol.
-¿Eh?
-El tiempo de la primera dio lluvia para hoy. Puede que llueva esta tarde o anocheciendo. A saber.
-Si, no lo parece desde luego.

Y diciendo ésto, Adrián condujo callado el resto del camino y yo volví a navegar entre mis oscuros y sucios recuerdos.

Hace un mes y medio hubo un caso importante que perdimos por culpa de Raúl, y por culpa de él Manuel estuvo a punto de palmarla y Adrián le salvo la vida. ¿Me pregunto que pensará Manuel de que le deba la vida a alguien tan extraño como Adrián? Vale, Manuel tampoco es muy normal que digamos. Sé que es raro que alguien con tantas carreras y tan listo prefiera trabajar en la policía de detective, pero os juro que es algo perfectamente afín a su carácter. Adrián es el más raro aquí a parte de Raúl.

No le conozco mucho. De hecho nadie le conoce del todo bien. Nunca le he visto enfadarse, ni sentir pena, ni compasión,… A veces creo que es una piedra a la que nada le hace efecto. Supongo que es lo que tienen los palos que da la vida. Comprended que es huérfano y tiene ese trauma desde niño. Ni un solo padre quiso acogerle hasta que cumplió los siete años. No sé siquiera si se llevaba mal con los niños de su edad. De hecho ésto que acabo de contaros lo sé porque investigué con respecto a él cuando lo metieron en nuestro departamento. Él sólo nos contó que era adoptado una vez, y fue porque la conversación era sobre nuestros padres. Él solamente dijo algo como: “Pues yo nunca sabré si mis padres fueron de una u otra manera. Como soy adoptado es difícil que un día llegué a conocer quienes fueron mis verdaderos padres.”

-Ya está. Ya hemos llegado.
-Bien. Bueno, voy a llamar al portero de la verja.
-Vale.
-Ten cuidado en la tienda.
-Descuida. Seguro que es una tienda normal y corriente y no hay mafiosos extraños ni nada de eso.
-De acuerdo. Yo pediré un taxi por teléfono para volver a comisaría.

Salgo del coche. Llamo al portero. No contestan. Tres minutos. Siguen sin contestar. Llamo otra vez. No abren la verja ni contestan. Me cuestiono si saltar la verja o no. Pasan cinco minutos más. Salto la verja.

Corro hacia la puerta principal de la mansión y compruebo si la puerta está abierta o no. Efectivamente está cerrada. Miro por la ventana y… ¡Mierda! ¡Sabía que no podía ser todo tan fácil!

Una figura negra estaba intentando apuñalar a un hombre dentro de la casa, el cual supuse que era el guardaespaldas. Disparé a la figura negra, rompiendo el cristal. Pero parece que no le dí. Aún así sirvió para que se fijara en mí y saliese huyendo por la puerta.

-Policía, está usted detenido.

Aquel ser vestido enteramente de negro y con un casco de moto puesto, salió corriendo en vez de pararse. Y yo le seguí. Maldita sea, corre rápido el muy cabrón y yo debería de ser él que está más en forma. Malditas navidades.

Él consigue escapar y saltar la verja con facilidad. Yo con dificultad. Le seguí varias calles, pero nada. El muy maldito consiguió escapar. Por suerte mi sentido de la orientación me ayudo a volver a la mansión.

Entré en la casa. La puerta seguía abierta y el supuesto guardaespaldas estaba tendido en el suelo. Observe que tenía un arañazo en el hombro.

-¿Está usted bien?
-Si, eso creo… No, joder. ¡Cómo voy a estar bien! Tengo una herida en el brazo que me la ha hecho un tipo que no tengo ni idea de quien es. Y ahora mismo estoy en compañía de un extraño que…
-Tranquilo. Soy el agente Carlos García, de homicidios. ¿Llamo a una ambulancia?
-No se moleste, sólo es una pequeña herida, no es tan grande como para llevarme a urgencias. Mi nombre es Luis. Bien, así que usted es el policía con el que tenía que hablar.
-¿Eres el guardaespaldas?
-Si. ¿Saben ya quien ha matado a Aiko?
-No. Aún estamos averiguándolo, por eso mismo quería hablar con usted.
-¿Y por qué no ha llamado a su padre?
-Vamos, Luis. Los padres nunca dicen demasiado.
-Pero sería un perfecto sospechoso.
-¿Si?
-Aiko y su padre no se llevaban nada bien. Y no me extrañaría que la matase.
-¿Pero que clase de padre querría matar a su hija?
-Calypso Garibaldi.
-¿Calypso?
-Si, ese nombre le debería de sonar.

Garibaldi… Calypso Garibaldi… Un momento. Ya recordé quien era Calypso. Claro, ¡Cómo olvidarle!

-¿Pero no debería de ser un padre japones?
-¿Y de donde cree que Aiko saco su pelo pelirrojo y sus ojos verdes?
-¿Y un multimillonario traficante de drogas permite que su hija viva lejos de él?
-Vamos eso no tiene nada que ver, ambos se odiaban a muerte.
-Pero no me parece motivo suficiente para que un padre mate a su hija.
-De veras eres tozudo, amigo.
-Bien, vale. Supongamos que lo acepto. ¿Sabe a que hora salió Aiko y a donde se dirigía?
-A las nueve y diez de la noche. Y se dirigía al muelle, a un almacén de un tipo llamado Taro.
-¿De que conocía Aiko a ese tal Taro?
-Precisamente por su padre. Taro y Calypso son contrincantes en esta ciudad. Y como Aiko odia a su padre, el estilo de vida de su padre, la empresa, y la mafia que hay debajo del negocio del pescado japones en esta ciudad, decidió aliarse con el enemigo de su padre, Taro.
-¿Y sabía ella que Taro, ademas de traficar con objetos robados, trafica con drogas?
-Si, lo sabía. Pero aliándose con Taro era la única forma de poder escapar de las garras de su padre.
-¿En que trabajaba Aiko?
-Era dueña de una tienda de exportaciones de productos de todo tipo.
-¿Usted conoce a ese tal Taro?
-No, yo sólo lo conozco de vista de las veces que le vi serví de guardaespaldas a Aiko en sus visitas a Taro. Sin embargo, al final termino cogiendo mucha confianza de si misma y prescindía mucho de mis servicios. Sólo me llamaba para hablar con su padre.
-¿Y dónde vives?
-En la mansión de al lado. El padre de Aiko me dio de regalo esa mansión y un gran sueldo del que no me puedo quejar.
-¿No deberías de vivir en esta misma casa?
-Pues respecto a lo de vivir en la misma mansión, Aiko es muy independiente y sólo deja que se hospede en su casa el mayordomo.
-Pero sin embargo usted se queja de lo mal que le trata a su hija.
-Un padre no tiene el derecho a mandar en el futuro de sus hijos.
-Vale, estoy de acuerdo. Pero ni yo, ni usted somos su padre para decidir que es lo mejor para ella.
-¿Y que crees que debía de haber hecho?
-No recurrir a la mafia. Haber sido una comerciante normal y moliente. Sería una vida de clase media pero más normal y legal. ¿Sabe dónde está el mayordomo?
-Supongo que estará durmiendo en su habitación.
-A todo ésto, ¿Por qué nos hemos citado en esta casa en vez de en la suya?
-Porque tarde o temprano tendrá que entrar a registrarla y supongo que éste es el momento idóneo. Hágalo antes de que se levante el mayordomo. Yo me sentaré en el sofá del salón, por si acaso vuelve.

El salón era realmente impresionante, pero no tenía nada que me valiese de ayuda. O al menos eso pensé hasta que vi una carta extraña abierta. Estaba escrita por ordenador, y justo al lado estaba el sobre que la contendría, cortado con un abre-cartas seguramente. La carta decía lo siguiente:

“Dame la paaaastaaaaa.

Hola, señorita. Le informamos que ha sido robada por un gran banda de ladrones. No diremos nuestro nombre, es más solo diremos una cosa de nosotros:

Quereeeeemos la paaaastaaaaa

Ya sabe a que nos referimos. A la pasta y no a la italiana sino a la típica y rica pasta de los EEUU. El halcón esta muy bien como adorno pero no podemos venderlo fácilmente así que hemos pensando en tal vez devolvérselo a cambio de la

paaaaastaaaaaa

Por tanto, queremos que el domingo 27-01-2008 deje un maletín con mil euros, delante de la puerta de su tienda.

Concluimos aclarando que si no nos da lo que queremos, arruinaremos su negocio y su vida. Eso creo que estaba claro desde el principio.

Estaremos en contacto. Que pase un buen día y perdone la interrupción.

Besos.

Los ladrones.

P.D.: Danos la paaaaastaaaaaa.”

-Luis, ¿Sabe algo de esta carta?
-A ver.

Luis se levanto y leyó la carta a una rápida velocidad y estalló a carcajadas. Espere pacientemente a que se calmase para que me diese una explicación. En cuanto lo hizo, le pregunté:

-¿Qué es lo que le hace tanta gracia?
-He leído muchas cartas tontas en plan amenaza, pero ésta se lleva la palma de lo tonta que es. Él que la escribió era un ladrón que se creía con sentido del humor, lo que no sabe es que del humor al ridículo hay una linea muy delgada.
-Si, eso ya lo sé. ¿Y?
-Es falsa. Estoy totalmente seguro de ello. Seguramente sería alguno que conocería el problema y querría aprovecharse de la situación.
-¿El problema? Dígame a que clase de halcón se refiere la carta.
-Bueno, la verdad es que sé poco sobre el tema. Siéntese. - Me senté en un sillón enfrente del sofá en el que Luis se había sentado antes. Luis por su parte se sentó en el sofa - Bueno, verá Carlos, de ésto hace ya un tiempo.
-¿Cuánto tiempo?
-Un mes y medio.
-¡Qué! - No pude evitar exclamar al recordar el caso contra Taro del cual también hace mes y medio, y que ahora permanece cerrado por culpa de un juez incompetente y de un policía novato.
-¿Ocurre algo?
-Nada, perdone. Dígame, ¿Lo que me va a contar está relacionado con Taro?
-Pues, no mucho. Vamos, no tiene nada que ver con algo de sus delitos. Bueno si, pero muy poco. Sólo tiene una cosa que ver con sus delitos, Taro robo una figurita de un halcón de oro hace más de dos años y se lo vendió a Aiko para su tienda de exportaciones.
-Ah, vale. Siga contando.
-Pues esa figura fue bastante atractiva en esa tienda, y eso le gano muchos clientes a la buena de Aiko. Pero toda ventaja tiene su desventaja. Parecía que todo iba a ir bien cuando un honrado multimillonario le iba a comprar la figura, por el precio triple al que ella la adquirió, pero la robaron al día siguiente.
-Ah, ese famoso caso. Suerte que eso corresponde al departamento de robos y no a mí. Pobres, un caso totalmente fuera de si. Ni una sola pista, ni testigos.
-Exactamente. Ni puertas forzadas, ni cristales rotos, ni huellas,… Un robo perfecto. Ni siquiera un sólo testigo que presenciara el robo. Aiko sospecho de Calypso desde un principio, pero no quiso decirle nada a la policía. Por su parte, Calypso se citó con Aiko, y conmigo, una semana después del robo. Fue la noche antes de dicha cita cuando Aiko me contó todo eso que le acabo de contar del robo y adquisición del halcón. Calypso aconsejo a Aiko que contratase a un detective privado para encontrar la figurita. Y se preguntará usted, ¿Cómo es que Calypso supo lo del robo de la figura? Pues muy sencillo, hay cámaras por toda esta casa, las cuales forman parte de mi sistema de vigilancia de la casa. Y las cintas se las tengo que entregar siempre al padre de Aiko. Tranquilo, las desconecte desde que me enteré que Aiko estaba muerta. Aunque de todas formas, Calypso no las ve todas. Sólo analiza los hechos de algunos días clave de la semana o me pide un resumen de la semana. En fin, que eso hizo que sospechásemos más de Calypso y de su supuesto detective privado. Así que Aiko, Taro y yo estuvimos de acuerdo que la mejor opción era contratar al detective para descubrir si él estaba de alguna forma relacionado con el robo, y así poder pillar a Calypso. El plan era tenderle una trampa en la que Taro saldría enormemente beneficiado.
-Y dicho detective…
-Respecto a las cosas que sucedieron después con el detective no sé nada. Sólo sé que Taro y Aiko se encargarían de planear el resto, yo no me entrometería y no miraría las cintas. Sólo sé el nombre del detective.
-¿Y cual es?
-Martinez… Denis Martinez.

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