Cosas tendiendo a cero

“She was a mink handjob in sarcophagus heels”

Archivos para Abril 15th, 2008

La noche no era mala hasta que llegó el amanecer (Capítulo 17)

Publicado por Griseo Mitran en Abril 15, 2008

Aviso: para capítulos anteriores ver este link: http://cosas7tendiendo7a7cero.wordpress.com/la-noche-no-era-mala-hasta-que-llego-el-amanecer/

Capítulo 17: Entre el cielo y los insectos (Parte II: Maldiciones)

Denis iba conduciendo por una carretera a 150 km/h, y casi ni atendía a la misma. Era algo normal en él. Él era muy seguro de si mismo hasta cuando conducía.

Pero el destino le puso una piedra en el camino. Justo en un cruce un camión se choco contra él, y su descapotable dio varias vueltas de campana en el aire y al caer al suelo siguió dando volteretas.

Y al final cuando el movimiento cesó, Denis se encontró atrapado en un montón de chatarra y sus órganos vitales reaccionaban con dificultad. Llegó una ambulancia que lo traslado al hospital, mientras sentía que su sangre salía de todas partes de su cuerpo. Cuando le metieron en un quirófano ya no podía distinguir palabras ni pensamientos. Creyó percibir un “¿Estás bien?”, pero no estaba seguro. Sólo estaba seguro de una cosa: había perdido la vida. Y ahora era un perdedor, como todos los que mueren tras un crimen perfecto.

La perfección había sido rozada pero no alcanzada, jugó a tocar aquel dedo de Dios pero lo que no sabía es que intentarlo tenía un precio. Y ese precio a veces se paga con una vida repleta de envidias y otras con la muerte. El cobrador no había esperado a fin de mes y con su guadaña se postró delante de él tapándole la imagen de Dios. Todo por culpa de su orgullo.

Ya no veía nada, sólo recordaba cosas que le venían a la mente. Vio su nacimiento y luego su niñez en la que siempre se rodeo de malas compañías, al igual que en su adolescencia.

“Mira lo que han hecho con nuestro hijo. Ya no tiene arreglo.”

Sus padres culparon a las malas compañías de que su hijo se comportará mal. Pero lo cierto es que parte de la culpa la tenían los padres por consentir cambios en Denis desde un principio. Y ya no tenía arreglo, la única opción era alejarse de ellos y acercarse más a los que siempre culpaban de su comportamiento. Pero en realidad la culpa no era ni de los padres ni de las malas compañías. Pues Denis era quien decidió ser uno como ellos y no ser uno de los pringados que se pasaban la vida estudiando para terminar como otro currante más.

A pesar de todo eso, llegó a tener un trabajo digno de camarero en un bar. Casi sin saber ni como, se casó con la mujer de sus sueños. Pero un día llegó a su casa y la descubrió degollada. La policía investigo, investigo e investigo. Nunca hallaron al culpable y terminaron archivando el caso.

Él sentía tal ira que terminó investigando por su cuenta el caso, hasta que consiguió resolverlo. Resolvió el caso y mató al asesino a sangre fría.

Desde entonces la policía le buscó, así que decidió fugarse a otro país. ¿De que trabajaría? Pues se metió a investigar como detective particular. Y se ganó una fama por su gran facilidad para descubrir casos. Y al final, esa fama llegó a oídos de un gran mafioso que le contrato como detective particular. Sólo que a veces era un asesino a sueldo y otras sólo investigaba.

Después de mucho tiempo trabajando para él, le prometió un último caso. Y él lo aceptó. Si conseguía realizar lo que su jefe le ordenaba sería millonario y tendría una vida nueva y tranquila fuera del país.

Pero no. Tuvo que cagarla. Y ahora vio una luz que le llamaba, y oyó voces entre las tinieblas que le incitaban a no acercarse a la luz.

“Denis. Ven, sabes que la luz es lo mejor.”
“No, no vayas. Vuelve a la tierra, aún puedes escapar y ser el mejor.”

Denis se quedó un gran rato quieto, dentro de su cuerpo. Intentó que reaccionase pero su alma por alguna razón no podía manejar su cuerpo, y supo que no podía estar ahí dentro para siempre. Entonces fue cuando salió del cuerpo y huyó de la luz. Y pasó que la luz se apagó y él se hundió entre las tinieblas.

Una puerta. Parecía que era como una puerta lo que ahora tenía enfrente suya. Pero no se veía bien. La única luz presente era la que provenía de su alma, y dicha iluminación era bastante débil.

-Eh, ¿Estáis ahí? ¿Dónde estáis los que antes hablaban en la oscuridad?

Entre las tinieblas sonó una grave carcajada.

-¿Qué es tan gracioso? - Preguntó Denis.
-Tú, patético.

De repente se vio en un autobús, sentado casi al fondo. No había nadie más en el autobús a parte de Denis y el chófer.

-Patético. - dijo el chófer.
-¿Qué? - Preguntó Denis.
-No pudiste hacer nada, no fue culpa tuya, creíste que era lo mejor, era lo propio de tu carácter, son las malas compañías, son los padres, una infancia dura, o tal vez una mala suerte. Siempre se echa la culpa a otros, seguramente es lo más fácil.
-Es que fue así. Empecé mal desde el principio si tuviera una nueva oportunidad…
-No, Denis. La cagaste, la cagaste, la cagaste y si volvieras a nacer te comportarías igual o peor. ¿Por qué? Porque es lo que te gusta. Admítelo, no puedes ser de otra forma. Tuviste varias veces la oportunidad de cambiar y por algo seguiste siendo el mismo.
-Pero si hubiera llegado a mi destino tal vez…
-No. Si hubieras llegado a tu destino habrías sido exactamente igual. Ese es el fallo que le veo a algunos humanos. Es tan fácil criticar a los demás pero es tan difícil buscar por ti mismo tus errores. Y eso de buscar fallos en los demás le encanta a las personas que tienen una vida fácil como tú. Siempre rodeados de gente buena y útil de la que aprovecharse. Pero ya nunca más Denis. Y lo sabes, y eso es lo único que te duele de tu vida pasada.
-Así que es cierto que estoy muerto.
-Si. Tan sólo tienes que observar tus brazos, tus piernas o parte de tu torso. Tantas heridas graves no es algo muy normal en alguien vivo. Ja, ja, ja,…
-¿Y cual será ahora mi destino? ¿No sabía que…?
-¿Tenías que ser bueno? No, en realidad no era eso. Puedes ser bueno en muchas cosas o en nada en particular. Pero lo cierto es que lo que valoramos aquí es el respeto a la vida propia y a la vida de los demás. Y tú no has valorado y no valoras ni lo uno ni lo otro. No tienes nada que ofrecer a los demás, y el egoísmo ha sido la única vía que te ha gustado. Podías haber abierto muchas puertas en tu camino a casa pero veo en tu interior que nunca has estado dispuesto a ello. ¿Los demás? ¿Quienes son los demás para ti? ¿Qué pasaría si te vieran ahora todos los que asesinaste? ¿Qué pasaría si los tuvieses de frente?

Y en ese momento el autobús se llenó de gente a la que Denis asesinó. Y Aiko y Taro estaban a su lado. Denis gritó. Intentaba escapar de tanta multitud y el autobús se paró y abrió sus puertas. Todos le gritaban asesino y le señalaban con el dedo indice de la mano derecha, mientras con la mano izquierda señalaban alguna de sus heridas mortales. Y su mujer estaba con ellos. Pero ella no le señalaba, le miraba con lastima, le decía que se arrepintiera y que se quedará por el bien de los dos. Pero él seguía asustado. Lo cierto es que el rechazo de los demás le asustaba, y pensaba que todos ellos jamás le perdonarían. En el fondo él sabía que les hizo mucho daño a los demás.

Escapo de allí, salió por la puerta trasera del autobús. Y al salir se cayó por un barranco. La profundidad de dicho barranco era tal que pasaron varias horas mientras caía.

Cuando cayó al suelo su cuerpo se partió en trozos, pero sus músculos sostenían dichos trozos como cuerdas atadas a diversas ramas. Lo malo de que tu cuerpo se descuartice en una caída y no poder morir, porque tu nuevo cuerpo es tu alma, es que el dolor no desaparece y no te curas.

El paisaje era extraño. Era un lugar gigantesco y las arañas habitaban por todas partes. Ellas se alimentaban de almas atormentadas, en las que se metían por sus orificios y heridas. Provocandoles más daño.

Alguien le levanto y pudo caminar. Ese alguien era Taro, el cual nada más levantarle le pegó un puñetazo en la cara. Acto seguido, Taro hinchó a Denis de patadas y puñetazos nada más caer éste al suelo.

Taro estaba intacto, sin ninguna herida aparente. Las paredes del lugar eran de color verdoso, el techo era rojo y estaba ardiendo, la tierra era barro, y por todas partes habían cadáveres de gentes a las que Denis había asesinado. Incluyendo el cadáver de Aiko y el de Taro.

-¿Qué pasa Denis? ¿Quién es ahora el que quiere a su mama? - dijo el supuesto Taro tomando ahora la forma del hombre al que mató con una pistola y torturó con una navaja para sacarle información.- Eh, detective de pacotilla.

El ser siguió golpeándole sin descanso. Denis sintió que sus órganos internos explotaban y el dolor se hizo insoportable.

-¿Te gusta zorra? - dijo la presencia tomando el aspecto de Aiko. - ¿Así te pone más verdad? Porque te gusta que te pegue una mujer, no es cierto.
-¿Quién eres? - No sabía como, pero Denis consiguió articular perfectamente esa frase sin mover los labios.

La cosa es que creía que ya se le había roto la mandíbula. ¿Cómo es que hablaba? Seguramente hablaba su alma y no su nuevo cuerpo. Aunque eso no tenía sentido porque su alma era su nuevo cuerpo. Era raro pero no importaba. Pero ya sabía que al menos podía insultar a su enemigo. El ser tomó el mismo aspecto que un Denis sin heridas.

-¿No lo ves? Vamos, sabes donde estás. Ah no, lo olvidaba eres un puto detective de pacotilla que jamás podría resolver un caso en condiciones. Sólo sabes asesinar como las ratas. ¿Verdad? Mira ésto detenidamente – dijo sacando una pistola de uno de sus bolsillos - ¿La recuerdas? Pues ya es mía. No necesitas armas. Estás en el abismo de las arañas y jamás conseguirás vencerme.
-¿Pero quién eres?
-¿Y qué importa quien soy? ¿No lo sabes? ¿No lo intuyes? ¿Qué pasa detective de mentiras? ¿Has perdido tus habilidades?

El ser le escupió a Denis en los ojos veintisiete veces. Y luego siguió hablando.

-¿Sabes quien soy? ¿Verdad? Vamos, ¡Dilo! Di cual es mi nombre para ti. Ja, ja, ja,…
-El diablo.
-¡Mal! - Exclamo el aquel demonio apuntándole a la cabeza de Denis con la pistola y disparandole dos veces. -Ahora dime, ¿Qué se siente al tener el celebro perforado por dos balas?
-¡Agh!
-Justo lo mismo que sintió Aiko cuando la asesinaste. ¿Qué te parece si ahora te hago tu truco de la uña? Sólo que al ser yo más perfecto que tú, meteré el filo de esta espada – Era una espada muy fina, se parecía más a un clavo muy largo que a una espada. - por tu uña hasta que te salga por el codo.

El infierno. Él estaba en todas partes y torturaba a todos con sus poderes. Aiko después de su paso por el cielo dudaba de si existía un Dios, o varios, o ninguno. Tampoco sabía si había estado en el cielo o en otro sitio. Pero lo que no cabía duda después de un paseo por el infierno es que los castigos diabólicos y el infierno existen.

-¿Qué? ¿No te cansas? Grita cuando quieras que pare y pararé. Te lo juro porque el infierno existe.
-¡Para!
-No, si no me lo pides por favor.
-¡Para por favor!
-No, ésto es terriblemente divertido y me encanta romper juramentos. Es tan… diabólico. Ja, ja, ja,…

Por el codo de Denis poco a poco fue asomando el filo de la espada, la parte cercana a la empuñadura estaba debajo de su uña. Y el demonio esperó un rato quieto, seguramente unos dos minutos, después de dicho periodo de tiempo sacó su espada rápidamente. Pegando Denis un gran grito.

Al cabo de un rato oyó a más gente que estaban siendo torturadas al mismo tiempo. Miles de millones de gritos. Había quienes hasta llamaban a su mama. Habían gritos de dolor, de asco, de miedo,… Habían chillidos que llamaban a Mahoma implorando perdón, también curas gritando sus confesiones, gente que llamaba a Dios,… No, no podía existir un Dios si el infierno es permitido. Denis no podía creer que este castigo fuera para siempre, durante los siglos de los siglos.

De repente, las famosas llamas del infierno hicieron su aparición entre el barro. Dichas llamas salían disparadas desde la tierra hacía el cielo. Uno de los fenómenos más curiosos de ese lugar eran los torbellinos de fuego. El aire era denso, y se sentía el calor con gran agobio.

-Está amaneciendo. - dijo aquella especie de diablo. - Me voy durante un rato. Que seas feliz, futuro pincho de barbacoa.

El ser desapareció. Y las llamas ardieron sobre el cuerpo de Denis. Sin embargo esas llamas no provocaban dolor alguno. Al principió intento esquivarlas arrastrándose por el suelo, pero al poco tiempo las llamas invadían todo el suelo de barro. E incluso habían llamas por el cielo y al rato el infierno se transformo en una gran hoguera.

Sin embargo las llamas daban una sensación de alivió, era como si curasen. Y al poco tiempo comprobó que sus miembros volvían a ser los de antes y que su aspecto estaba mutando al de siempre. Rió y su risa se unió a la de muchas gentes, las cuales ya sabían de antes lo que pasaría pero no podían evitar reír al ver que en el infierno había un momento de descanso.

Pero las llamas fueron menguando y las risas se apagaron. Estaba atardeciendo. Y un diablo volvía en un esquelético caballo alado, desde la cima del hoyo infernal.

De repente desapareció de los cielos y delante de miles de gentes fueron ocurriendo actos macabros para atormentar a cada uno de ellos.

Denis salió huyendo al ver cerca de él, una imagen replicada de si mismo. Pero ésta le persiguió hasta los confines del barranco de las arañas. Denis corrió tanto que le termino doliendo la barriga y cuando ese dolor se hizo insoportable cayó al suelo del dolor. Entonces Denis le vio delante suya con su zapato puesto encima de la frente de Denis. Sonrió y empujo el pie hasta que el cuello de Denis se rompió, y éste último sintió el crujido sonar en el fondo de su cabeza. El demonio reía, y no paraba de reír. Le divertía su nuevo juguete.

Pero de repente apareció un rayo de sol en el cielo que apuntaba a Denis en la frente.

-Vaya. Así que esas tenemos. - dijo aquel demonio.
-¿Qué ocurre?
-Vienen a llevarte de aquí. Ja, ja, ja,…
-Mientes.
-Vienen a llevarte de aquí. Fantástico, por fin voy a poder escapar de esté maldito lugar.
-¡Qué!

Aquella especie de demonio se transformó en otro ser. Un ser que tenía poco que ver con el aspecto que las religiones tienen de los seres infernales. El demonio se transformo en un chico de veinticinco años, algo guapo, con ojos violetas y rubio. Vestía trajeado de negro. De repente, de sus manos salieron sietes serpientes, las cuales ataron a Denis, y su boca vomitó seiscientas sesenta y seis cucarachas que invadieron el cuerpo de Denis y se introdujeron dentro de él por su boca, nariz, orejas, uñas,… Los ojos del chico rubio se volvieron totalmente negros (hasta su globo ocular llego a ser de color negro) y su piel tomo un aspecto de podrida. Las venas se le señalaban y miles de moscas salían de la piel de su cuerpo y se introducían por debajo de la piel de Denis haciendo agujeros en ésta. Al rato sólo quedó un esqueleto negro de aquel ser, el cual se transformo como en un liquido transparente y se introdujo por la nariz de Denis.

Denis abrió los ojos, la pesadilla había terminado. Pero en su mente se anidaban palabras y frases sin sentido. Y sintió que no tenía control completo sobre su alma, y que ésta se movía al antojo del otro ser que ahora habitaba en él. No le cabía duda, estaba poseído y no tenía ninguna fuerza de voluntad. El rayo de luz se hizo más potente y grande, y el alma de Denis ascendió rápidamente a los cielos del barranco de las arañas.

Movió sus manos y comprobó que estaba dentro de una especie de cubo de madera. Alguien abrió la puerta del cubo, era Eriaka.

-Rápido, abrid el otro cubo y proteged a la chica.

Denis nada más salir del cubo rió sin parar y luego vio a Taro a su lado riendo. El publico miraba asombrado, excepto Eriaka y Eanos.

Pero Denis de repente cayó al suelo. El estomago le dolía mucho y vomitó. Pero no vomitó algo normal, vomitó millones de moscas vivas. Montones de moscas salieron de su boca. La gente se agachaba. Y Eriaka gritó:

-Abrid las ventanas o se quedarán aquí. Esas moscas quieren salir.

Los miembros de la secta abrieron las ventanas y todas las moscas salieron por ellas.

Después de escupir las moscas Denís cayó inconsciente. Le dolía mucho la barriga.

-Algo está pasando. - dijo Eriaka.
-¿Ahora crees en alguna religión?
-No, no es eso.
-¿Entonces que ocurre?
-Creo que lo que dijo Miranda de que puede que sucedan cosas horribles es cierto. No sé si todo ésto estará relacionado con ese Dios del que hablaba.
-Pero si es así. ¿Quién realmente es Miranda?
-Eso no lo sé. Pero si es así estoy segura de una cosa: me han utilizado como una tonta.
-Yo no lo creo. Yo creo que te dijeron la verdad pero no te avisaron de las consecuencias de tus actos.
-La verdad no me extrañaría que sea lo que dices pues se me había olvidado que Miranda dejó de comunicarse conmigo antes de empezar mi búsqueda. Aún así ha hecho mal en no decirme nada, y seguramente sabía lo que iba a pasar. En cuanto acabe esta historia… No, joder. No podré vengarme. Ha de ser antes. Sea como sea… Joder, estoy hecha un lió.
-Pero al menos si podrás vengarte de aquel hombre.
-¿Aún sigues creyendo que todo ésto es por la venganza, después de lo que te he contado de Miranda?
-No es eso. Creo que si que es cierto que quieres hacer realidad tu sueño de ser humana, pero creo que también estas cegada por la venganza de los hechos pasados en México.
-Puede que estés en lo cierto, de hecho podré hacer realidad una venganza a la misma paz que mi sueño de volver a ser humana. Pero todo ésto es más por el sueño que por la venganza contra ese hombre. En fin, dejémonos de cháchara y actuemos conforme al plan. Ves esta escopeta. Le he metido dardos con una droga que los dejarán durmiendo hasta las once de la noche, y no recordarán nada de lo que sucedió. Excepto lo que pasó antes de las últimas once de la noche en la que estuvieron vivos.

Eriaka coge la escopeta de dardos y dispara a Denis, Taro y Aiko y los tres caen durmiendo al suelo.

-Eanos, recuerda el plan que trazamos antes de comenzar la ceremonia. Yo llevaré al lugar de la cita a la chica, tú traeme a los cuatro. Y no se te olvide ordenar a tus fieles a que lleven a estos tres a sus respectivas casas.

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