Cosas tendiendo a cero

“She was a mink handjob in sarcophagus heels”

Archivos para Abril 17th, 2008

La noche no era mala hasta que llegó el amanecer (Capítulo 19)

Publicado por Griseo Mitran en Abril 17, 2008

Aviso: para capítulos anteriores ver este link: http://cosas7tendiendo7a7cero.wordpress.com/la-noche-no-era-mala-hasta-que-llego-el-amanecer/

Capítulo 19: La plaza.

Despertaron los cuatro policías. Eriaka y Claudia estaban enfrente de ellos. Eriaka apuntaba con una pistola a la frente de Claudia. Estaban en una plaza de toros.

-¿Dónde estamos? - preguntó Adrián.
-¿No lo ves? En una jodida plaza de toros. - contestó Manuel.
-Escuchadme policías de mierda. - decía Eriaka. - Yo soy la causante de vuestra desgracia y soy la que decide lo que va a pasar a continuación. Así que hacedme caso o moriréis, y empezaré por esta chica.
-Vale, te escucharemos. - declara Carlos.
-Es una opción de si o no. Os voy a devolver a la chica pero a cambio quiero algo que sólo vosotros podéis conseguir. Quiero a Manuel y Raúl. ¿Si o no?
-Vale, ¿Pero para que?
-¿Qué para que? Quiero que ellos intenten arrestarme. Podéis llamar a todos los refuerzos que queráis, ahora mismo sólo estamos Eanos y yo en este sitio y no tenemos ningún miedo sean los agentes que sean.
-¡Tú piensas derrotarme! ¡Tú malnacida! - Preguntó Manuel con aires de grandeza.
-Una vez más Manuel. Esta vez te derrotaré, y no podrás escapar.
-He entrenado mucho, no esperaba este momento pero en el fondo sabía que iba a suceder. Antes tenía miedo pero ahora estoy seguro de una cosa: te ganaré. Vamos chicos, iros todos. No necesito ayuda.
-Yo quisiera saber una cosa. - dijo Carlos. - ¿Qué demonios está pasando? Manuel, ¿Me puedes decir quien es esta chica?
-Oh, me olvidaba de las presentaciones. - dijo Eriaka. - Que impropio de mí. Te diré quien soy. Soy Eriaka, una bruja malvada. Tus queridos amigos Manuel y Raúl son cazadores. No preguntes por la princesa, porque está muerta. Así que la mala ganará otra vez. Y el autor no mentirá en el final. Dejó escrita esta historia en mi memoria, tras la cual seré libre.
-Pues para ser una bruja malvada eres de bastante de buen ver. Más que una supuesta princesa, para mi gusto.
-Carlos, yo que tú la tomaría en serio. – dice Raúl.
-Por favor, si es un cuento de mierda que me acabo de inventar. - dijo Eriaka. - Lo único que tenéis que tomar en serio es que estoy loca y que me deis lo que pido.
-Basta de cháchara. – salto Manuel. - Luego ya os lo aclararé todo. Iros vosotros dos y llevaros a Claudia. Pues vosotros tres podéis salvaros.
-De acuerdo Manuel. - dijo Carlos. - Haremos lo que dices.
-Buena opción, ahora sed obedientes. - dijo Eriaka lanzando a Claudia a los brazos de Adrián. - Y como no lo seáis no me hago responsable de mis actos.

Acto seguido, Adrián y Carlos huyeron junto con Claudia de la plaza de toros. Casualmente las puertas estaban abiertas y un taxi libre pasaba por allí. Taxi que pudieron coger para volver a sus casas.

Ni Carlos, ni Adrián, ni Claudia pensaron que Eriaka fuera tan peligrosa como en realidad era. Pero los tres pudieron salvar sus vidas que era lo importante.

Eanos, el cual observaba la escena desde lejos, también salió huyendo del lugar. Sabía que corría peligro si se quedaba.

-Bien, ¿Qué piensas ahora de todo ésto Manuel? - preguntó Eriaka. - Te dije que jamás escaparías de mis brazos.
-Mi alma seguía atrapada en tu laberinto, pero no puede soportar la idea de que tuvieramos que enfrentarnos. Eso me hizo huir.
-Pero es tu destino. Tu misión es morir en mis manos.

Raúl estaba confundido, no entendía lo que estaba pasando. Pero en su mente veía vísceras y sangre a manos de una bestia. Eran las siete y pico de la mañana y el sol comenzó a asomar por los techos celestes. Eriaka soltó la pistola, ya no le hacía falta. Antes de comenzar la transformación dijo rápidamente:

-El primero será Raúl, no intentes detenerme Manuel. Uno por uno, como los antiguos tiempos.

Sus manos, sus brazos, sus piernas, su cuello,… Todo su cuerpo se transformaba en la bestia. El ser sediento de sangre y carne que al amanecer mataría pero esta vez no sólo por supervivencia o por placer sino para acabar con su maldición.

Raúl sacó su pistola y apuntó a la bestia. Pero él no quería disparar mientras ésta se transformaba. Sudores caían por su frente. Sus manos estaban frías y éstas sudaban abundantemente, esa sensación tan inexplicable. Nunca antes había disparado a alguien, la pistola se resbalaba de sus manos. Sabía que ella no era humana, sabía que ella era quien podría acabar con él pero jamás podría disparar. Porque en el fondo, ella era un ser humano.

Un ser humano que rujió cuando el cielo era violeta, cuando el sol empezaba ha destruir el aspecto de la noche, cuando las farolas se volvían inservibles y cuando montones de pájaros volaban en la bóveda celeste recién iluminada. Un ser humano que salió disparado y tumbo de un salto a otro ser humano cobarde, pero en síntesis otro humano más. Un ser humano que lanzó babas sobre la cara del otro, y que con sus afilados colmillos le extirpo el brazo derecho y empezó a chupetearlo y saborearlo en la cara de Raúl, cayendo chorreones de sangre de su cara.

Si, aquella bestia era para Raúl un ser humano más y por eso ahora se hallaba perdido en su futura muerte. Manuel no pudo soportarlo más, los gritos de Raúl y la oscura risa de la bestia le estaban volviendo loco. Sacó su pistola y apuntó a la cabeza de la bestia. Disparó sin sentimientos como sólo hacen los cazadores. Pero la bala revoto sobre la cabeza, como si ésta fuera de piedra.

Entonces supo que la única forma de terminar con el sufrimiento de Raúl era matar a Raúl. Pensó que debía de haber otra opción, pero no. Así que valientemente disparó a la cabeza de Raúl. Pero la mano de la bestia se interpuso y la bala cayó al suelo al chocar contra la mano de Eriaka.

Eriaka se cabreo y le saco la cabeza a Raúl tirando de ella. El grito de dolor fue insoportable. Pero ella lo había logrado. Su primera gran victoria en el camino hacía la libertad. Rugió más fuerte que nunca y sus gritos traspasaron los tímpanos de Manuel, haciendo que éste terminase con las manos pegadas en los oídos. Sintió la tierra temblar y una luz inmensamente brillante surgió de los ojos de Eriaka.

Y al apagarse la luz ya volvía a su forma humana. La ropa elástica que llevaba no se había roto, sólo manchado de sangre. Y con la cabeza de Raúl en su mano dijo mirándola:

-¿Ser o no ser? He ahí la cuestión.

Soltó la cabeza, cayendo ésta sobre la arena. Y siguió hablando:

-¿Qué? ¿Sigues pensando que me ganarás?
-No era justo, él ni se atrevió a dispararte. Además en todo este tiempo tus poderes han crecido, ahora te transformas totalmente en bestia y eres tan fuerte que hasta te rebotan las balas.
-Ya te dije que ganaré. Me he entrenado duro.
-¿Y cómo ha evolucionado tanto tu aspecto?
-Eso es un misterio sin resolver. Pero lo que no es ningún misterio es que algo ha cambiado en mi cuerpo tras la muerte de ese chaval. Siento como si no fuese de día.
-¿Y eso significa que?
-Qué lucharemos como mortales hasta que se me pase el efecto. No creo que ésto dure eternamente Manuel. De hecho sé que para que dure eternamente tengo que matarte a ti y otros cuantos más.
-Así que quieres librarte de la maldición. Pues yo no estoy dispuesto a cooperar.
-Perfecto. Vamos, muéstrame que has aprendido en tu trabajo como policía.

Ambos tenían pistolas en las manos. El silencio fue absoluto durante minutos, el uno esperaba a que el otro disparase o saliese huyendo para defenderse en algún sitio. Pero los dos seguían quietos mirándose y apuntándose. Miradas frías de cristal, fuerza en los dedos sosteniendo el arma, concentración, mentes vacías, y la adrenalina surcando por las venas.

No saben cuanto tiempo pasaron así, posiblemente fue más de media hora. Hasta que un ave se posó delante de ellos dos y Manuel se decidió a disparar. Pero Eriaka también disparo, y sorprendentemente ambas balas chocaron en medio de aquel sitio.

Manuel sintió terror y corrió hacía alguna parte en la plaza de toros para protegerse. Eriaka no volvió a disparar, siguió quieta con la pistola apuntando tal y como se quedó cuando disparó, como si hubiera sido congelada en el tiempo. Manuel se refugio en el callejón de la plaza de toros esperando a que ella se acercase.

Ella se quedo quieta durante un rato, luego reaccionó y se dirigió hacia una de las cuatro tablas pegadas a la pared externa del callejón. Pegada a dicha tabla había un manto negro que ella quitó. Debajo de dicho manto estaba colgada su metralleta con dos ganchos. Rápidamente la recogió y se metió en el callejón pasando por el hueco de la tabla.

Manuel se culpó por no ser más rápido disparando pero vislumbro un estribo (una especie de escalón) que le permitió volver al terreno de un salto. Una vez en el circulo más externo esperó en uno de los huecos de las tablas. Eriaka seguía moviéndose por el callejón buscando a su presa. Manuel seguía esperando. Gaviotas volaban sobre la plaza en busca de comida.

-¿Dónde te escondes cobarde? - gritó Eriaka.

Manuel supo entonces que ella estaba cerca del hueco, entró rápidamente por él y disparó hacía el brazo de Eriaka. Pero ella también apretó el gatillo y una de las balas disparadas chocó contra la de Manuel. Las demás chocaron contra el suelo y las paredes del callejón, Manuel salió huyendo y Eriaka quería seguir jugando al gato y al ratón.

Había un elemento a favor de ambos y es que tenían mucha paciencia. En especial Eriaka, la cual sabía que conforme pasaban los minutos recobraba fuerzas y pronto podría volver a transformarse en la bestia asesina. En cambio la paciencia de Manuel parece que era una cualidad en contra, pues el tiempo cada vez era menor. Sin embargo dicha paciencia era lo que provocaba calma para luchar con seguridad.

Y sin darse cuenta ya había pasado una hora y media. Era extraño que Carlos y Adrián no hubiesen vuelto con refuerzos para acabar con la pesadilla de Manuel. Lo que Manuel no sabía es que tanto Carlos como Adrián creían que él estaba bien y que ya se dirigía hacía comisaría. Ambos estaban de acuerdo en que lo que pasaba es que Manuel tenía dificultades en coger un taxi en un lugar como aquel. Lo que no sabían es que él claro que tenía dificultades pero no de ese tipo.

Estaba cansado y tenía miedo, y esa sensación luchaba contra su gran calma. Reconocía que ahora mismo tenía pocas piezas en el tablero y que Eriaka iba ganando. Pero la gran ventaja de ser uno de los pocos seres que podrían derrotarla era el dulce agua de aquel desierto.

El aire comenzó a soplar fuertemente y eso hizo más difícil el volver a la arena y repetir la táctica. Aún así sólo podía correr y volver al truco de antes. Y eso hizo. Pisó un estribo cuando la distancia que le separaba de Eriaka era lo suficientemente grande para que no le viese y volvió al albero.

Eriaka, mientras, seguía corriendo por el callejón pero no oía los pasos de Manuel. Así que pensó en salir a la arena por uno de los huecos de las tablas, pero razonó que seguramente Manuel volvería a repetir la técnica de antes y piso un escalón para saltar a la arena.

Y allí estaban los dos. Otra vez Manuel reaccionó primero, y ambos dispararon casi a la vez. Pero a Eriaka esta vez no le dio tiempo de ver hacía donde iba la bala, y ésta atravesó su hombro derecho. Manuel tampoco se fue de rositas y una de las balas de la metralleta le perforo parte de la oreja izquierda, otra choco contra el dedo indice de su mano izquierda, y una tercera bala revoto en su pistola, haciendo que ésta cayese al suelo por el impulso de la bala.

Pero aún así Manuel no estaba tan perdido como Eriaka. Eriaka nunca había disparado con la mano izquierda, y su brazo derecho estaba tan dormido. Ella había caído al suelo y su metralleta estaba ya algo lejos por la caída. El dolor era inmenso para una criatura como ella, la cual hacía ya varias décadas que no sentía a penas dolencias físicas como esa. Aún así trato de incorporarse pero Manuel ya estaba delante de ella con su pistola. Y en vez de disparar a Eriaka, la empujo al suelo y puso la punta de su zapato del pie derecho sobre la barbilla de Eriaka, y el talón sobre la garganta.

-Vamos. ¿A qué estás esperando? Por cada minuto que pasa más fuerte soy. Y sabes que si logro transformarme me curaré de todas mis heridas de forma inmediata. No te atreves a matarme, ¿Verdad? Has cambiado, se nota que ahora eres un poli. Caminas como un poli, te escondes como los polis, saltas como los polis, insultas como los polis,… Seguro que hasta follas igual de mal que un poli. Ja, ja, ja,…
-¿A qué viene tanta ira contra los policías? ¿No te alegras de verme?
-Si. Me alegraría de verte si no hubieras escapado, si hubieses esperado a que te destripase en vez de huir de aquel almacén en México. Si no fuese porque huiste de nuestra boda y me dejaste en ridículo seguramente ahora estaríamos casados y no serías un asqueroso policía.
-Y tú ya no serías una fanática de una secta.
-Es la forma de protegerme de la gente como tú.
-No somos malas personas, sólo damos a cada uno lo que se merece.
-Y yo digo que no me lo merezco. No me merezco perder, y sé que no dispararas esa pistola ni hincarás tu talón tan fuerte como para romperme el cuello. Lo sé porque eres tan débil que seguro que me sigues queriendo. ¿No es cierto ratoncito?
-¡Deja de jugar conmigo!
-Pero no lo ves. Si en verdad te gusta. Te encanta y quisieras que fuese por siempre. Estoy segura que darías todo por que ésto no estuviese pasando. ¿Te lo imaginas? Juntos otra vez, en la oscuridad de la noche.
-Supiste jugar bien tus piezas y ahora que estás perdiendo recurres a ésto.
-¿Qué pasa? ¿No puedo cariño? ¿No puedo rememorar nada ahora que mi vida está en tus manos? Ahora que mi suerte está echada, que dependo de los recuerdos. Recuerdos frágiles como el cristal, tan frágiles que rompieron nuestros sentimientos.
-No tienes ni idea de lo que es ésto para mí.
-Pues rompelo. Si estás a punto de ganar. Bueno más bien estuviste a punto de ganar. Mira mis manos, y procura decidirte si me dejas o no ganar de una vez.

Las manos de Eriaka estaban cambiando a la forma de las de la bestia del sol, y Manuel rápidamente se alejo y disparó al cráneo de Eriaka de forma instintiva, casi sin mirar. Entonces volvió su vista hacía las manos de ella y percibió que habían vuelto a su forma humana. “Adiós ratoncito”creyó oír decir a Eriaka a baja voz cuando él disparó.

Ella había muerto por su culpa. Nunca antes había matado a alguien, y se sintió culpable por ello. Sin embargo se apresuró y huyó del lugar. Consiguió pillar un taxi quince minutos más tarde y volvió a su casa.

En cuanto llegó a su casa llamó a Carlos para decirle que todo estaba ya solucionado. Pero Carlos tenía algo que contarle.

-Diga.
-Hola Carlos.
-¡Hombre Manuel! ¡Lo lograste! ¿La enviaste a comisaría?
-No, ha escapado. - mintió.
-Ajam. Mirá Manuel, Adrián y yo tenemos un pequeño problema que nos trae de los pelos. ¿Recuerdas el caso anterior? Ya sabes, él de la pelirroja muerta.
-Si. Como no lo iba a recordar.
-Pues agárrate, que la cosa tiene su gracia. Según una nota anónima que he recibido en mi correo Aiko, Denis, y Taro han resucitado. También dice que si no nos lo creemos que nos dirijamos sobre las cinco de la noche al almacén donde tuvo lugar el asesinato, que lo más seguro que se repita lo mismo que aquella noche.
-Vale, seguramente nos están engañando y quieren que caigamos en la trampa para que luego nos obliguen a liberar a Calypso. Y que te hayan mandado una nota en el correo también es algo razonable. ¡Pero que hayas mirado tu buzón justo cuando llegas a tu casa después de una aventura como ésta!
-De acuerdo, lo admito. Soy un tipo raro que controla demasiado las cartas que le echan debajo de la puerta en vez de pisarlas.
-Ah, que tu buzón es el hueco de debajo de tu puerta.
-Claro, no hay buzones en mi piso.
-Bueno, yo nunca he estado en tu piso. Entonces está noche…
-No iremos porque será una trampa.
-Exacto.
-Bien, trabajo terminado. Ya sólo queda encontrar a la delincuente que quería matarte.
-No creo que la volvamos a ver, cuando estaba a punto de derrotarla escapó y me dijo que jamás volveríamos a vernos más.
-¡Qué pena! Así que no podrán condecorarnos con una medalla. He estado investigando sobre ella. Cuando llegué a casa, volví a comisaría y descubrí que esa mujer estaba siendo buscada en bastantes países y muchos ellos la condenaban con pena de muerte. Es una criminal de las grandes.
-Eso ya lo sabía. No sé aún porque no conseguí detenerla a tiempo.
-En fin, nos vemos mañana en comisaria.
-Si. Hasta mañana.

Colgó Manuel primero.

“Ella. Pero ¿Por qué? Recuerdo que investigó sobre como resucitar a los muertos, pero ¿Cómo y por qué justo ahora? ¿Y por qué con ellos tres?”

Y pensando eso Manuel recordó aquella frase que le dijo Eriaka.

“…No creo que ésto dure eternamente Manuel. De hecho sé que para que dure eternamente tengo que matarte a ti y otros cuantos más…”

“Eso quiere decir que ellos tres tal vez también tengan algo que ver.”

Puso el despertador a las doce de la noche. Tenía catorce horas para dormir hasta la hora en la que debía partir hacía el almacén. Así que se tumbo en la cama y se dejó abandonarse por sus pensamientos hasta que el cansancio le hiciera apartarse de éstos.

“Hace años que lo llevaba intentando, y sé que unos criminales como los de Calypso jamás pondrían una escusa tan tonta como esa para atraparnos. Será ella, estoy seguro que Eanos escribió esa nota. Y ella resucitó a los tres para divertirse matándolos a balazos está noche. Y ahora que ella no está, Eanos nos deja a los tres en nuestras manos. Me pregunto que pasará con Eanos. Seguramente huirá a otro país más seguro. No lo sé.”

Y tras ese “no lo sé” no hubo nada excepto un apagón de consciencia que duró catorce horas.

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