Cosas tendiendo a cero

“She was a mink handjob in sarcophagus heels”

Archivos para Abril 18th, 2008

La noche no era mala hasta que llegó el amanecer (Capítulo 20)

Publicado por Griseo Mitran en Abril 18, 2008

Aviso: para capítulos anteriores ver este link: http://cosas7tendiendo7a7cero.wordpress.com/la-noche-no-era-mala-hasta-que-llego-el-amanecer/

Capítulo 20: El almacén II.

Había conseguido la dirección de un viejo almacén en el muelle gracias a la ayuda de un viejo amigo en la policía, que además me obsequió con un detallado informe del mafioso Taro. Al parecer era uno de los hombres más poderosos de la ciudad y casi del país, porque sus negocios recorrían casi todo el mundo.

Me trasladé allí, y después de abrir con las ganzúas la puerta trasera, me introduje sigilosamente. Allí se podían ver amontonadas todo tipo de cajas, de diferentes colores y tamaños, con curiosas etiquetas de envió. “¿Por qué no abrir alguna?” - pensé.

El almacén era una nave industrial cualquiera. Sólo había cajas, todo estaba lleno de cajas. Y en el fondo de la sala había una puerta. Supongo que tras esa puerta se encontraba una sala de reuniones, u otra cosa importante.

Pero mejor pájaro en mano que ciento volando. Así que abrí una de las cajas y… ¡No podía ser! ¡Una Treamcast! Una autentica y genuina Treamcast. Creía que nunca vería una. Esto no podía ser cierto… Así que… No, no podía ser esa la relación entre el mafioso y la pelirroja.

“Mierda, la puerta del fondo se está abriendo, será mejor que me esconda.” - pensé.

Así que me escondí entre el montón de cajas lo más rápido que pude. Pude ver a Aiko y el que según el informe era Taro. ¿Pero que relación pueden tener Aiko y Taro? ¿No será su amante? Como le toque un solo pelo, juro que…

-¿Dónde están las 16 Treamcast que te pedí la semana pasada? Nunca traes todo lo que te pido.

Acto seguido Taro le pegó un tortazo a Aiko.

-Harto estar yo, de ti.

Disparé a la pierna de Taro. Taro cayó al suelo. Algo en mi cuerpo me provocó una ira tremenda, era como si de repente tuviera el apocalipsis dentro de mi cuerpo.

-¡Te mataré! Y tú Aiko, ¿Qué es eso de las Treamcast? ¿Qué negocio os traéis entre manos?
-Denis, calma por favor. ¿Qué demonios te ocurre? ¿Qué haces aquí? ¿Por qué has disparado a ese hombre? - preguntaba Aiko con gran preocupación.
-Te diré lo que pasa: ese hombre es un jodido imbécil que ha mandado a un gilipollas a matarme, y eso no me gusta nada. Y ese gilipollas dijo antes de morir que este tío al que he tumbado de un balazo no quiere que me acerque a ti. No me importa que me den un caso sin sentido, pero de ahí a que intenten asesinarme y me digas que me calme lo veo absurdo…
-Taro saber que detective ser sospechoso de robo y… - dijo Taro.
-Taro no te inventes cosas por favor. - dije pegandole un balazo en su otra pierna. Me acerco a los dos y le quito la pistola a Taro. Taro está tumbado en el suelo, cojo uno de sus brazos y me dedico a darle patatas y reírme mientras le veo gritar de dolor. - Antes de nada, Aiko, querida, tápate los oídos y mira para otro lado ¿Quieres?… Ésto puede ser demasiado para ti.

Le meto a Taro mi navaja por debajo de la uña del dedo gordo de su mano derecha.
-No por favor, no seguir tú… Noooooo…
-Vamos, dime, no soporto las mentiras.
-¿Pero que querer que yo decir?
-Se me ha olvidado. Pero sea lo que sea dímelo.
-¡Ya está bien Denis! ¡Taro no sabe nada! - Grita Aiko.
-Te digo yo que este tío sabe algo.
-¿Pero de que? Si no le preguntas que quieres ¿Cómo te va a responder?
-¿No me dirás que estas enamorada de un sucio mafioso?
-No, cielos. ¡Por qué tienes que relacionarlo todo con el sexo!
-Taro no haberse acostado con mujer nunca. - interrumpió Taro.
-Para sacarte más información, mujer. Y ahora Taro me dirá… Ostias, ya me acuerdo. Taro me dirá donde está la estatuilla o le sacaré la uña, lo más dolorosamente posible.
-¿Y por qué no sospechar también de ti? Se ve que necesitabas un nuevo caso, algo con lo que entretenerte. Y sabes todos los trucos del oficio. Es fácil pensar que fuiste tú quien la robaste para tener un nuevo caso y… Y hacerme esto a mí. Condenarme a las tinieblas para siempre, a la sombra de mi padre. Ese hombre, Taro, ha sido mi salvación durante mucho tiempo. Poca gente encuentra las cosas que él me trae para mi tienda de exportaciones y el halcón fue una de ellas. ¿Y de ti que tengo que decir? Sospecho de ti desde el principio, por eso te contrate. Para que Taro y yo viéramos si eras o no el ladrón.
-¡Qué! ¡Zorra de mierda! ¡Cómo lo sabes! - dije mirándola con gran agresividad. - Te mataré al igual que a él. Y os juro que sufriréis más que cuando a un animal se lo comen vivo.

De repente se abrió la puerta y un hombre entró con un arma. Y una bala fue a parar sobre mis manos. Y otra sobre mis piernas. Caí al suelo y grité de dolor.

-Denis, ¡Quedás detenido!
-¿Cómo sabes mi nombre? ¿Nos has estado escuchando? ¿Quién eres?

El hombre se acercaba lentamente.

-Soy…
-Tú peor pesadilla. - interrumpió una mujer detrás del hombre, la cual le disparo al hombro derecho. El hombre cayó al suelo.
-¡Eriaka! ¡Cómo demonios!
-Nunca mejor dicho, Manuel. Adiós ratoncito. - Y diciendo ésto la tal Eriaka disparó a la frente de Manuel, muriendo éste al instante.

Al morir Manuel, el cuerpo de la tal Eriaka se ilumino intensamente. Una iluminación tal que me dejo medio ciego durante un instante de tiempo. Así que inmediatamente me tapé los ojos con mis manos. Al rato ese destello desapareció y Eriaka se dirigió hacia nosotros tres.

-¿Qué tal tus sueños Aiko? ¿Qué se siente al resucitar chicos? ¿Tenéis ganas de volver a morir?

Eriaka apunto a Aiko con su pistola y disparó a la frente de ésta dos veces.

Aiko cayó al suelo y Eriaka volvió a iluminarse intensamente. Pero esta vez la luz iba acompañada de terremotos. Sentí que el edificio se agrietaba con el intenso movimiento de tierra. Cerré fuertemente los ojos y me los tape con mis manos para no quedarme ciego, aún así veía parte de la luz. Esa luz no era normal, tenía un algo venido de otro mundo.

De repente la luz se apagó y el edificio estaba casi en ruinas. Las cajas ya no estaban, era como si la luz hubiese sido una especie de bomba atómica que no matase la vida ni destruyese los cuerpos de seres vivos o muertos pero si los objetos.

En aquel instante, montones de moscas vinieron de vete a saber tu donde, formando una figura delante de Eriaka. Y sentí salir de mi nariz una especie de liquido, él cual flotó en el aire y se mezclo con dicha figura. Acto seguido sentí tanto asco que vomité, pero no fue un vomito normal. De mi boca salieron cientos de cucarachas. Y todas ellas se unieron a la mezcla de moscas y aquel liquido.

Al rato la mezcla pasó a ser un ser humano. Piel humana, ojos humanos, boca humana,… Si, debía ser un ser humano. Era rubio, vestía trajeado,… Lo más extraño eran sus ojos. Igual que los de Eriaka, eran de color violeta. Nunca había visto unos ojos más extraños. Creí por un instante que había visto a ese hombre antes, pero supuse que sería mi imaginación.

-Hola Eriaka.
-¿Quién eres?
-Soy… Bueno creo que no necesito de presentaciones. Porque sabes… Tú has sido la causante de mi libertad. La que me ha dado el camino para salir de mi prisión.
-No sé de que me hablas.
-Mi nombre es Isaías. Soy un desecho. Fui de los primeros prototipos de humanos tirados a la basura, por llegar a ser la gran perfección de la naturaleza. Mi mundo fue destruido para construir el vuestro. Más plagado de idiotez y de marionetas.

<<¿Pero sabes que es lo mejor? Me he dado cuenta que esa idiotez se os está pasando y que poco a poco estáis tendiendo a ser lo que fuimos nosotros. Aquellos maravillosos días dorados en los que los cuatro guerreros eran los dioses del planeta. Mejores que Dios y por tanto competidores de éste. ¿Cuál fue la reacción de ese Dios? Destruir el planeta para comenzar otra vez. Pero sabes… ya paso. No siento ira por ese ser superior y orgulloso que quiere que nadie piense para que crean en él.

Pero vos os habéis acercado a nosotros y has matado a tres de nosotros sin apenas inmutarte. Has de comprender que no tuvieron la oportunidad, que no sabían quienes eran y que hacían. Ni siquiera sabían de su fuerza oculta, y estaban atrapados en esos cuerpos endebles e inútiles. Pero sabes… eso ya también pasó.

Lo que no pasó de mi mente es que ahora seas la merecedora del premio de ser lo que tú quieres y que en un futuro no se te condene por tanto a mi vida. Y de que ahora Miranda esté surcando por los cielos en ver de ser castigada por un crimen similar al nuestro. No. Yo no pensé en quitarte la libertad pero… Ja, ja, ja,… Pero sabes… En mi cuerpo habitan miles de seres que me estuvieron devorando y que ahora forman parte de este maltrecho cuerpo. He sido victima durante milenios de castigos que ni te puedes imaginar. Y tú te sales con la tuya, ellos tres son perdonados y van al cielo, Miranda es perdonada y va al cielo,… ¡Y yo no! ¡Por qué yo no! ¡Y todo por tú culpa!

Sé que ahora no tienes el poder ni la fuerza de antes y que por tanto no te daría el escarmiento que te mereces. Pues eres merecedora de ser derrotada en tu forma poderosa.>>

-Enternecedora historia pero he de irme. Tengo mucha prisa.
-Y yo tengo todo el tiempo del mundo. Ja, ja, ja,… Que bien es poco.
-¡Qué!
-Siete años. Te daré siete años de vida mortal, para que disfrutes de tu supuesto premio y yo respetaré durante ese tiempo la decisión de Dios. Después de ese periodo te devolveré tus poderes y tendrás que vencernos. Y yo subo la apuesta de ese ser poderoso. Si ganas volverás a ser mortal durante toda tu nueva existencia mortal y el planeta seguirá intacto. En cambio, si pierdes, que eso será seguro, el planeta explotará. Chan, chan, chan,… Todos estaréis en mis manos y entre las patas de miles de arañas. Y tú conservarás en el infierno únicamente tu forma de bestia, luchando eternamente contra mí y siempre perderás. Ja, ja, ja,…
-Hijo de puta.
-Ja, ja, ja,… Si, mi madre fue muy respetada en su tiempo. Al contrarío que la tuya.
-¡Retira eso! ¡Te mataré!
-No podrás.
-Lo juro por mis muertos, que en paz descansen. Te mataré. Y las lombrices se tragarán lo poco que quede de tu ser.
-¡Lombrices! Nos veremos dentro de siete años y tres semanas señorita Eriaka. A esta misma hora, y en este mismo lugar. Y ya veremos que lombrices quedan cuando este maldito trozo de tierra sea una nube de polvo.

Y diciendo ésto, aquel ser desapareció de repente, en el mismo tiempo que dura un leve pestañeo.

Eriaka miró a Manuel y se agachó. Puso sus manos en la cabeza del cadáver, le acarició el pelo, se puso a llorar sin explicación alguna y dijo:

-¿Por qué Manuel? ¿Por qué estoy condenada a matarte? ¿Por qué no pudo ser? ¿Y por qué se tuvo que pasar el efecto de aquella droga que hacía que yo no entristeciera? La única ventaja de la bestia es que podía matar y no sentir culpabilidad. Pero eso de matar a un ser querido ahora es tan doloroso.

Ella besó a Manuel en la frente, se levantó y se largó de allí. Al rato de ella irse volvió Isaías a aparecer. Apareció demasiado rápido, igual que desapareció antes. Ahora estaba enfrente de Taro y yo.

-Me apetece jugar un buen rato. – decía Isaías. - Y luego me serviréis. Porque sabes… Puedo haceros sufrir y luego curaros para que no queden pruebas de la masacre. Y así durante un buen rato. Después de éso acatareis mis ordenes y me ayudareis. Tengo un plan para divertirme más durante estos próximos siete años. Porque sabes… No es bueno no disfrutar o disfrutar demasiado poco durante este periodo tan largo.

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