Sangre bajo el sol.
Publicado por Griseo Mitran en Mayo 21, 2008
Aviso: Este relato siguiente que vas a leer no lo he escrito yo. Bueno, en realidad si lo escribí yo, pero en otro tiempo y mucho más joven (para ser exactos cuando yo estaba en cuarto de ESO, es decir hace un poco más de siete años). No hay ninguna influencia de películas ni nada parecido. Sé que refleja algo de infantilismo y mucho de… Como llamarlo… Egoísmo tal vez, pero creo que lo que más refleja es incomprensión. Yo era una persona que no comprendía a la misma gente de mi clase en aquellos años y eso me costo tan caro que termine siento uno de esos niños marginados por los de su clase (es decir el que yo no los comprendiese hizo que ellos a su vez no me comprendiesen a mí y cerrándose un circulo de incomprensión). En fin que aviso que vais a navegar por la mente de un ser atormentado que no comprendía las razones de los demás y que por ello apenas se relacionaba con ellos. Y éso desembocó en varios relatos como éste, lo que pasa es que éste es uno de los que más… normales. Ja, ja, ja,… Lo pongo aquí porque me pareció de los ideales para colgar, a lo mejor subo más de uno de esos relatos en estos días. Y por último disculpad las posibles faltas de ortografía, pero es que hice un copy & paste sin rectificar nada para evitar modificar la historia. Por último decir que en esa temporada sólo escribía relatos de miedo y gore, por eso digo que éste es de los relatos más normales que escribí en dicho periodo.
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Adrián estaba esperando a que el momento llegara. Él lo había estado esperando desde hace mucho tiempo. No había parado de pensar en ello durante todos los meses de verano. El olor a tiza, la incomodidad de las sillas, los profesores,… sin embargo había algo que no le gustaba de aquello. Ese algo formaba parte de una realidad que día a día se repetía en él. “Malditos sean, ojala ellos sintieran lo mismo que yo. Ojala ellos sufrieran lo mismo que yo sufro” pensaba todos los días que ellos venían a por él. A ellos no les importaba lo que él sentía, ellos solo querían burlarse de él. Se comportaban fatal con él, y por eso el comportamiento de Adrián cambio. Ahora él ya no se entretenía solamente en los estudios, él había descubierto una ventana que al principio le parecía inalcanzable. Una ventana que le permitiría saciar esa oscura sed de su alma de hacerles todo el daño que él quisiera. No había nada más que pudiera ocupar su mente en ese momento. Ellos debían de sentir su dolor hasta en lo más profundo de su alma.
Seis personas eran: cinco chicos y una chica que le dio calabazas en más de una ocasión y que desde hace poco tiempo acompañaba a los otros, tan solo para reírse de Adrián. Bromas pesadas, insultos, golpes,… todo eso a ellos les parecía un juego. Dejaron los peluches y los muñecos a un lado y buscaron un juguete de carne y hueso con el que jugar a ser los típicos personajes de las series de televisión. Ellos no sabían que en realidad estaban jugando a eso, pero ¿Acaso existe otra manera de ser el mejor en el instituto? Para que pensar cuando se puede actuar, esa era su mentalidad. Adrián lo sabía muy bien, pues él mismo había estudiado y observado el comportamiento de ellos.
“Siempre creyéndose los mejores, siempre chuleando de lo buenos actores que son. Tan solo dentro de ellos existe su verdadero ser, pero lo tienen tan oculto por que si no lo ocultan dejaran de ser los mejores. Son unos verdaderos hipócritas.”
Otra vez a volver al instituto, otra vez los mismos insultos, golpes, amenazas,… Adrián estaba en el límite de sus fuerzas, quería gritar pero no tenía valor para hacerlo. Pero hoy las cosas cambiaran, porque se ha abierto una ventana que acabara con su infelicidad. “Divertirse a costa de otros suele costar muy caro.”
La clase estaba abierta. La nueva tutora no había llegado. Era cuarto de E.S.O. ellos todavía no habían llegado. Adrián se sentó en el sitio enfrente del de profesor. Él ya no estaba asustado, solo había que esperar el momento. La tutora llegó, ellos llegaron con quince minutos de retraso. Bronca de principio de curso por llegar tarde. Lectura de las normas del estudiante. Copiar el nuevo horario del curso en un papel. Siguiente profesor. El profesor entra inmediatamente en la clase, sin dejar a sus alumnos tiempo de descanso. Les dice su nombre y escribe en la pizarra el titulo y los nombres de los autores del libro que hay que comprar para su asignatura. Reparte un test de una hora de duración. El siguiente profesor hace lo mismo. Recreo.
El momento había llegado y Adrián se había preparado para recibirlo. Uno de ellos se le acerco par propinarle una fuerte colleja. Adrián levanto la mano en posición horizontal hacía su adversario y entonces su adversario traspaso la pared. Adrián no le había tocado, era el poder de mover cosas con la mente. Las mesas se movieron y se quedaron pegadas al techo. Todos los alumnos se largaron de la clase, excepto aquellos seis enemigos de Adrián. Las puertas se cerraron de golpe, ellos creían que podían vencerle. Pero Adrián era más fuerte que ellos. Uno de ellos quedo partido por la mitad, a dos los trituraron las mesas, y a otros dos fueron descuartizados mientras vivían. Solo quedaba la chica. Ella se puso a rezar, y rogarle a Adrián de que no le hiciera daño. Pero Adrián ya no sentía nada por ella, ella le había hecho tanto daño que a él ya no importaba lo que le ocurriera a ella. Ella dejo caer miles de lagrimas rogándole perdón, pero el perdón ya no existía ni en el corazón de Adrián ni en aquella habitación sangrienta. Ella fue lanzada hacía el espacio exterior con los poderes de Adrián y ella no volvió a la tierra jamás.
Nadie creería a quien lo contara. Adrián salio del aula sin ninguna mancha de sangre y se largo al patio del recreo de un instituto en el que jamás sería molestado.
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