Si no hubiese nacido un viernes trece tal vez sería una persona diferente, con una mente más cerrada, unas emociones más típicas, una forma de ser más predecible, un cariño normal,… Si, tal vez el que se alinearan los astros y que fuese viernes trece tenga algo que ver en mi forma de ser.
Voy caminando por la calle. Hoy es viernes trece y día de mi cumpleaños, también se han alineado los astros. ¿Casualidad? No lo sé, tal vez este día esté marcado. O puede que sólo sea la casualidad. Aunque casualidad es sólo un observar al dedo que señala la luna, en este mundo repleto de estadísticas y mediciones que intentan atraparla entre rejas y predecir su comportamiento. Tal vez nada en este mundo sea casualidad sino una sucesión de acontecimientos de los cuales si no observamos algunos llamaremos al resultado final casualidad. Si, tal vez esa sucesión de acontecimientos sea la luna tapada por ese dedo al que llamamos casualidad.
Aún así no me aseguro y sigo pensando en los astros y las casualidades. Es la única forma de tener una esperanza, para que este destino no esté marcado. Para que así asegurarme que no exista un libreto lleno de nombres y acontecimientos en las manos de algún ser demoníaco o celestial.
Llego al establecimiento: “La pitonisa: lectura de la mano, bolas de cristal y amuletos, tarot,…”. Entro dentro del local. Al abrir la puerta suena la típica campana colgada encima de ésta. Veo a la anciana propietaria de la estancia, sentada en el suelo, jugando al tarot. Observo como levanta la primera de las cartas y sale la de la muerte. Ella levanta la mirada observándome con detenimiento. “Es viernes trece” pienso, ¿Lo sabrá?.
-He venido a que me lea la mano. - digo levantando mi mano izquierda hacia ella, y enseñándole la palma. De la palma de mi mano se abre un ojo con un iris del color mismo color que las llamas y la mujer se paraliza de miedo.
Poco a poco se va convirtiendo en piedra. Es su mayor temor, vivir para siempre inmovilizada. Es viernes trece, es mi día, no es culpa de un Dios que se cumpla, pues no existe la casualidad, sino una sucesión de acontecimientos, de los cuales no vemos unos cuantos, a los que la gente llaman la casualidad.
Salgo de la tienda y sigo caminando. Gente enterrada viva, mafiosos que mueren al ser descubiertos por chivatos, otros que fallecen de tristeza al ver morir a sus seres queridos, bichos que devoran cuerpos,… No es mi culpa, es viernes trece, es mi día no él de ellos.
Y cuando el día termina, justo a las doce de la noche miró la palma de mi mano. El ojo se abre y explota todo mi cuerpo en pedazos. Se acabo el viernes trece, se desalinearon los astros, se acabo mi día, se acabo mi vida.












