Diamond Head - Am I Evil? (Live 1982)
Publicado por Griseo Mitran en Julio 20, 2008
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Publicado por Griseo Mitran en Julio 20, 2008
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Publicado por Griseo Mitran en Julio 19, 2008
Fragmento de la película El club de la lucha
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Publicado por Griseo Mitran en Julio 18, 2008
En informática nos encontramos casi siempre alguna asignatura con el siguiente ejercicio: “Realiza un programa que dado un número de como resultado la raíz cuadrada de un número entero.”
Aparentemente no hay problema, ya que el algoritmo sería empezar con hacer el cuadrado del cero comparar con el número que te da el usuario, y si no es igual o mayor sigues con el uno en vez del cero, y si éste no es igual o mayor sigues con el dos en vez del uno, y así sucesivamente hasta que sea igual o mayor. Es decir haces un bucle while (o uno for, todo depende del carácter del programador) con esa condición, para que cuando salga del bucle reste uno al parámetro comparado del bucle (no al número dado por el usuario) y haces que el programa devuelva dicho valor como resultado. Y voila, ya tienes un programa hecho por ti que realiza la raíz cuadrada. Ejercicio finalizado.
Total se lo enseñas al profesor, y éste te dice: “Fatal, te daría un cero si lo hubieses hecho en un examen.” ¿Cómo puede ser posible? Pues porque hablamos de números enteros, es decir los números negativos están incluidos y no hemos pensado en que hacer con ellos, de hecho si el número fuese negativo nuestro programa devolvería siempre el valor -1. Es decir, para nuestro programa la raíz cuadrada de -12355789 es -1, para -50000 también es -1, y para todo número negativo el valor resultado será -1. En fin, que para solucionar este caos nos vemos la necesidad de mirar un libro de matemáticas (o la wikipedia) que nos dice: “La raíz cuadrada de un número negativo no existe.” ¡Toma ya! ¡He ahí una buena estrategia! Entonces decidimos poner que si el número es negativo, el programa devolverá un mensaje por pantalla que diga “La raíz cuadrada de un número negativo no existe.”
Con nuestro programa ya modificado se lo enseñamos al profesor y nos dice: “Peor. Imaginate que el usuario está haciendo una modificación con el photoshop de una foto y de repente le salta una ventana que poné “La raíz cuadrada de un número negativo no existe.”. Imaginate la cara del usuario, el pobre no entenderá ni porque ha salido éso. O peor aún imaginate que un cohete vaya de camino a Marte y necesite realizar la raíz cuadrada para trazar su trayectoria ¿Sabes lo que podría pasar por culpa de ese mensaje?”
Ésto ya es demasiado, así que le preguntamos al profesor cual es la solución a la hecatombe del número negativo. Y dependiendo de la asignatura que él dé nos responderá de una forma u otra:
Si es profesor de base de datos nos dirá: “Sea como sea, debe de devolver el valor null, ya que este valor indicará que no existe dicha raíz cuadrada o bien se desconoce. Ya que null es el “no lo sé” de la lógica trivaluada.”
Un profesor de teoría de autómatas y lenguajes formales nos dirá: “Qué devuelva cero. Pues el resultado ha de ser un número natural ya que los números enteros no los contemplamos en la informática teórica. Porque recuerda que el número de números naturales es igual al de los enteros. Es decir hay una cantidad de aleph sub cero números en los naturales, en los enteros y en los racionales (ya que se pueden establecer biyecciones entre todos ellos). El problema sería que fueran números reales, ya que el número de números reales es aleph sub uno. Pero el ejercicio habla de números enteros así que el programa ha de devolver cero en caso de que el número sea negativo, pues el resultado será un número natural al no especificar nosotros nada sobre el resultado, y cero es el número natural más adecuado.”
En cambio si el profesor es uno de programación en sistemas de tiempo real dirá: “Coloca una excepción que dé un resultado que el programa vuelva a un estado estable, es decir pon, por ejemplo, en esa excepción que el programa devuelva -1 en caso de que el número de entrada sea negativo y un comentario diciendo que ese campo de excepción puede ser modificable por otro programador dependiendo del uso futuro del programa (un abs, un brazo mecánico de un robot,…).”
Si es uno de tipos abstractos de datos te dirá: “Haz que el resultado de dicha operación se mande para el kind, es decir para el supertipo. Y luego en función de si el número es positivo o negativo la función raíz cuadrada se resolverá o no. En caso de que no se resuelva se quedará en el kind, en caso de que si se resuelva el resultado quedará en el conjunto de los naturales. Es entonces cuando te das cuenta de que también has de hacer una reasociación de tipos comparando cuales están dentro de los naturales y cuales no.”
Y en caso de ser un profesor de laboratorio de tecnología de objetos dirá: “Haz que el programa lance una excepción que devuelva como mensaje que “La raíz cuadrada de un número negativo no existe.”, ya el uso de esa excepción será modificada por otro programador en caso de fallo o no, eso a ti no te importa. Lo que importa es que el manejo de excepciones es esencial para resolver el problema.”
Por eso estudiar informática es, a veces, tan coñazo, porque ni un profesor se pone de acuerdo en cosas esenciales lo que lleva a quebraderos de cabeza como “Según la filosofía de esta asignatura, ¿Qué debo hacer para resolver este problema?”.
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Publicado por Griseo Mitran en Julio 17, 2008
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Publicado por Griseo Mitran en Julio 16, 2008
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Publicado por Griseo Mitran en Julio 15, 2008
Autor: Charles Bukowski
Nombre del relato: Amor por 17,50 $
La principal obsesión de Robert —desde que empezó a pensar en esas cosas— era poder colarse una noche en el Museo de Cera, y entonces, ponerse a hacer el amor a las señoras de cera. Sin embargo, le parecía que podía ser demasiado peligroso, así que se limitaba a hacer el amor a estatuas y maniquíes en sus fantasías sexuales, viviendo en su mundo de fantasmas.
Un día, al pararse en un disco en rojo miró por la puerta de una tienda. Era una de esas tiendas que venden de todo —discos, sofás, libros, chatarra… Y la vio allí, de pie, con un largo vestido rojo. Llevaba unas gafas puntiagudas, estaba muy bien formada; con ese aire digno y sexy que solían tener. Irradiaba verdadera clase. Entonces el disco cambió y se vio obligado a seguir la marcha.
Robert aparcó el coche en la manzana siguiente y volvió andando hasta la tienda. Se paró en la puerta, entre los montones de periódicos, y la miró. Incluso sus ojos parecían reales, y la boca era muy atrayente, haciendo como un pucherito.
Entró al interior y se puso a mirar los discos. Ahora estaba más cerca de ella, le lanzaba miradas furtivas de vez en cuando. No, ahora ya no las hacían así. Tenía incluso tacones altos.
La chica de la tienda se acercó.
—¿Puedo ayudarle, señor?
—No, gracias, sólo estoy mirando.
—Si hay algo que desee, hágamelo saber.
—Sí, claro.
Robert se acercó con disimulo al maniquí. No había ninguna etiqueta con el precio. Se preguntó si estaría a la venta. Volvió al estante de los discos, cogió un álbum barato y se lo compró a la chica.
En su segunda visita a la tienda, el maniquí seguía todavía allí. Robert la miró, dio unas vueltas, compró un cenicero que imitaba a una serpiente enrollada, y luego se fue.
La tercera vez que fue allí le preguntó a la chica:
—¿Está el maniquí en venta?
—¿El maniquí?
—Sí, el maniquí.
—¿Quiere comprarlo?
—Sí. ¿Ustedes venden cosas, no? ¿Está el maniquí a la venta?
—Espere un momento, señor.
La chica se fue a la trastienda. Se abrió una cortina y salió un viejo judío. Le faltaban los dos últimos botones de la camisa y se le podía ver el ombligo peludo. Parecía lo suficientemente amistoso.
—¿Quiere usted el maniquí, señor?
—Sí. ¿Está a la venta?
—Bueno, no del todo, es una especie de instrumento de exhibición, de atracción…
—Quiero comprarla.
—Bueno, déjeme ver… —El viejo judío se acercó y empezó a tocar el maniquí, el vestido, los brazos—. Veamos… Creo que le puedo dejar esta… cosa… por 17,50 dólares.
—Me la quedo. —Robert sacó un billete de 20. El dueño le devolvió el cambio.
—La voy a echar de menos —dijo— algunas veces parece casi real. ¿Quiere que se la envuelva?
—No. Me la llevo tal como está.
Robert cogió el maniquí y la llevó hasta el coche. La tumbó en el asiento trasero. Luego montó delante y condujo hacia su casa. Cuando llegó, afortunadamente no parecía haber nadie por los alrededores, la metió en su apartamento sin ser visto. La puso de pie en el centro de la habitación y la contempló.
—Stella —dijo—. ¡Stella, perra!
Se acercó y le pegó una bofetada. Entonces agarró la cabeza y comenzó a besarla. Fue un buen beso. Su pené empezaba a ponerse duro cuando sonó el teléfono.
—Hola —contestó.
—¿Robert?
—Sí.
—Soy Harry.
—¿Qué tai, Harry?
—Bien. ¿Qué estás haciendo?
—Nada.
—Creo que me voy a pasar por allí. Llevaré algunas cervezas.
—De acuerdo.
Robert se levantó, cogió el maniquí y la llevó hasta el armario. La puso apoyada en una esquina y cerró la puerta.
Harry no tenía en realidad mucho que decir. Estaba allí sentado con su bote de cerveza.
—¿Cómo está Laura? —preguntó.
—Oh —dijo Robert— ya no hay nada entre Laura y yo.
—¿Qué pasó?
—El eterno toque de vampiresa, siempre en escena. Era inexorable. Buscando tíos donde fuese… En el supermercado, en la calle, en los cafés, en cualquier sitio y con cualquiera. Ninfomanía. No importaba lo que fuese con tal de que fuese un hombre. Hasta con un tío que marcó un número equivocado. No pude aguantarlo más.
—¿Y ahora estás solo?
—No, ahora estoy con otra. Brenda, ya la conoces.
—Ah, sí. Brenda. Está muy bien.
Harry estaba allí sentado bebiendo cerveza. Harry nunca había tenido una mujer, pero siempre estaba hablando de ellas. Había algo enfermizo en Harry. Robert no puso mucho interés en la conversación y Harry se fue pronto. Robert se dirigió hacia el armario y sacó a Stella.
—¡Tú, condenaba puta! —dijo—, me has estado engañando ¿eh?
Stella no contestó. Estaba allí, mirándole fría y tranquilamente. Le pegó una buena bofetada. Se podía caer el sol antes de que una mujer fuese por ahí engañando a Bob Wilkenson. Le pegó otra buena bofetada.
—¡Eres un maldito coño! Te follarías a un niño de cuatro años si le pudieses poner la pililla dura ¿eh?
La abofeteó de nuevo, entonces la agarró y la besó. La besó una y otra vez. Entonces le metió las manos por debajo del vestido. Estaba bien formada, muy bien formada. Stella le recordaba a una profesora de álgebra que había tenido en bachillerato. Stella no llevaba bragas.
—Grandísima puta —le dijo—. ¿Quién se llevó tus bragas?
Su pené estaba en erección, apretado fuertemente contra el vientre de ella. Le subió el vestido por encima de los muslos. No había ninguna abertura. Pero Robert estaba terriblemente excitado. Metió el pené entre los muslos de Stella. Eran suaves y duros. Entonces eyaculó. Por un momento se sintió extremadamente ridículo, su excitación había desaparecido, pero empezó a besarla por el cuello y entonces le mordió un pecho sonriendo.
La lavó con la toalla de los platos, la llevó hasta el armario y la puso detrás de un abrigo, cerró la puerta y todavía tuvo tiempo de ver en la televisión el cuarto tiempo del encuentro entre los Detroit Lions y los L. A. Rams.
A medida que pasaba el tiempo, a Robert le iba agradando más. Hizo unas cuantas mejoras. Le compró a Stella muchos pares de bragas, unas ligas, medias oscuras y camisones.
También le compró pendientes, y fue un choque terrible para el comprobar que su amor no tenía orejas. Le puso de todos modos los pendientes pegándolos con cinta adhesiva. No tenía orejas pero tenía muchas ventajas: no tenía que sacarla a cenar, llevarla a fiestas, a películas estúpidas; todas esas cosas que significan tanto para las mujeres de carne y hueso. Y tenían discusiones. Siempre había discusiones, incluso con un maniquí. Ella no podía hablar, pero él estaba seguro de que una vez le había dicho:
—Eres el mejor amante de todos. Ese viejo judío era un amante estúpido. Tú eres un amante inspirado, Robert.
Sí, tenía ventajas. No era como todas las otras mujeres que había conocido. Ella no tenía necesidad de hacer el amor en momentos inconvenientes. El podía elegir con tranquilidad el momento de hacerlo. Y no tenía períodos. Era una magnífica amante. Robert le cortó un poco de pelo de la cabeza y se lo pegó entre los muslos.
El asunto había comenzado siendo puramente sexual, pero gradualmente se estaba enamorando de ella, podía sentir cómo ocurría. Pensó en acudir a un psiquiatra, pero decidió no hacerlo. Después de todo ¿por qué era necesario amar a un ser humano? Nunca duraba mucho. Había demasiadas diferencias entre cada individuo, y lo que empezaba siendo amor acababa casi siempre en guerra despiadada.
Tampoco tenía que acostarse en la cama con Stella y escucharle hablar de todos sus antiguos amantes. De cómo Karl la tenía así de grande, pero no sabía hacerlo. Y lo bien que bailaba Louie, que podía convertir en ballet una venta de seguros. Y cómo Marty sí que sabía besar de verdad, su manera de mover la lengua. Una y otra vez, siempre así. Qué mierda. Claro que también Stella había mencionado al viejo judío, pero sólo una vez.
Robert llevaba con Stella cerca de dos semanas cuando llamó Brenda.
—¿Sí, Brenda? —contestó él.
—Robert, no me has llamado.
—He estado terriblemente ocupado, Brenda. He sido ascendido a jefe de distrito y he tenido que arreglar cosas en la oficina.
—¿Es por eso?
—Sí.
—Robert, algo anda mal…
—¿Qué quieres decir?
—Lo noto en tu voz. Pasa algo. ¿Qué demonios pasa, Robert? ¿Hay otra mujer?
—No exactamente.
—¿Qué quieres decir con «no exactamente»?
—¡Oh, Cristo!
—¿Qué pasa? ¿Qué pasa? Robert, algo anda mal. Voy a ir a verte.
—No pasa nada, Brenda.
—¡Tú, hijo de mala puta, cabronazo, me estás ocultando algo! Algo se está tramando. ¡Voy a ir a verte! ¡Ahora!
Brenda colgó y Robert se fue a por Stella, la cogió y la metió en el armario, bien apoyada en una esquina. Cogió el abrigo de la percha y cubrió a Stella con él. Entonces volvió a la sala y se sentó a esperar.
Brenda abrió la puerta e irrumpió dentro.
—Está bien. ¿Qué coño pasa? ¿Qué es lo que anda mal?
—Mira, chica -—dijo él—, todo va bien. Cálmate.
Brenda estaba bien formada. Las tetas un poco caídas, pero tenía piernas bonitas y un buen culo. En sus ojos había siempre un aire perdido y frenético. Algunas veces, después de hacer el amor, una calma temporal podía llenarlos, pero nunca duraba.
—¡Todavía no me has besado!
Robert se levantó de su silla y besó a Brenda.
—¿Cristo, qué clase de beso es ése? ¿Qué pasa? A ver, dime, ¿qué es lo que anda mal?
—No es nada, nada de…
—¡Si no me lo dices, voy a gritar!
—Te digo que no es nada.
Brenda gritó. Se fue hasta la ventana y se puso a gritar. Se la pudo oír en todo el vecindario. Entonces paró.
—¡Por Dios, Brenda, no vuelvas a hacer eso! ¡Por favor, por favor!
—¡Lo haré otra vez! ¡Lo haré otra vez! ¡Dime qué es lo que pasa, Robert, o lo haré otra vez!
—De acuerdo —dijo él—, espera.
Robert se fue hasta el armario, lo abrió, le quitó el abrigo a Stella y la sacó fuera.
—¿Qué es eso? —preguntó Brenda—. ¿Qué es eso?
—Un maniquí.
—¿Un maniquí? ¿Quieres decir…?
—Quiero decir que estoy enamorado de ella.
—¡Dios mío! ¿Quieres decir que? ¿Esa cosa?
—Sí.
—¿Amas a esa cosa más que a mí? ¿Esa pasta de celuloide o de la mierda que esté hecha? ¿Quieres decir que amas a esa cosa más que a mí?
—Sí.
—¿Y es de suponer que te la llevas a la cama? ¿He de suponer que haces cosas a… con esa cosa?
—Sí.
—¡Oh…!
Entonces Brenda gritó de verdad. Se paró allí y se puso a gritar. Robert pensó que ese grito nunca iba a cesar. Entonces ella saltó hacia el maniquí y empezó a arañarlo y golpearlo. El maniquí se rompió y cayó contra la pared. Brenda se fue enfurecida, bajó a la calle, subió a su coche y arrancó salvajemente. Chocó contra el lateral de un coche aparcado, dio marcha atrás y salió otra vez a toda velocidad.
Robert se acercó a Stella. La cabeza se había caído y había ido rodando hasta debajo de la silla. Había restos de material de relleno por el suelo. Un brazo colgaba perdido, roto, dos alambres sobresalían. Robert se sentó en una silla. Solamente pudo sentarse. Entonces se levantó y se fue al baño, se quedó allí de pie un minuto, atontado, salió otra vez. Se paró en medio de la sala y pudo ver la cabeza debajo de la silla. Empezó a sollozar. Era terrible, no sabía qué hacer. Recordaba cómo había enterrado a su padre y a su madre. Pero esto era diferente. Esto era diferente. Simplemente se quedó allí, de pie, en medio de la salita, sollozando y esperando. Los ojos de Stella estaban abiertos, bellos y fríos, desde debajo de la silla. Le miraban fijamente.
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Publicado por Griseo Mitran en Julio 14, 2008
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Publicado por Griseo Mitran en Julio 13, 2008
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Publicado por Griseo Mitran en Julio 12, 2008
«Mi vida es una espiral descendente. »
( http://www.frikipedia.es/friki/EMO )
Llegó el día. Como todos los días al despertarse se dijo “¿Qué importa? La vida es un sueño, una espiral descendente, una triste sombra larga que acabará en un suspiro, en una pequeña brisa. Nadie llorará el día de mi muerte, al menos nadie que me importe.” Diciéndose esto se pasó un objeto en su muñeca izquierda, era el filo de una hoja de papel higiénico. Miraba la hoja de papel, para él era un objeto frágil cualquier movimiento brusco lo podría romper, y para él, él era tan débil como una rosa.
Imaginó que todo era un ensayo, su vida después de todo no era más que un teatro, o al menos eso pensaba. Pensaba ahora que todo formaba parte de una función improvisada. “Pero no tenía sentido el que esto fuese un ensayo, entonces debía ser parte de la función. Si, eso es, todo formaba parte de la función.”
¿Y la muerte? Le obsesionaba. Veía todos los días el telediario y lloraba con cada noticia. Lo mismo era un atentado terrorista en Irak, una matanza y violación de una niña de ocho años, que el que España ganase la Eurocopa, o que perdiese la formula uno, o que estuvieran ensalzando a un gran cocinero. En ese caso último caso lloraba más que en todos los demás “¿Por qué le ridiculizaban al pobre alabándolo? No tenía sentido, si es tan grande no debía de ensalzarlo. ¿Acaso en su tiempo alababan a Picaso o a Van Goth? No. Pues entonces él estaba siendo un mal cocinero para el mundo por culpa de esos periodistas.”. Y veía así las noticias, tras ese flequillo que le servía, según él, de “Abismo EMOcional” para poder descifrar la vida tal y como era y no como la muestran lo demás.
Todos los días se le caía la tostada con mermelada encima de su camiseta de rayas negras y rosas, y estrellitas blancas, también perdía el autobús para ir al instituto, y llovía cuando él salía al recreo, y no importaba si nada de eso pasaba por qué para él había pasado (también era un mentiroso compulsivo, incluso se convencía a si mismo de sus propias mentiras). Sus compañeros de clase le pegaban, siempre le pegaban. Si estaban en clase y todos estaban quietos y sin hacer nada, él imaginaba que le pegaban para que así siempre le pegasen a todas las horas del día. Era masoquista, bisexual, zoofilico, peluchefilico,… ¡Incluso su sueño era tirarse a toda su familia junta! Pero nunca lo conseguiría porque su vida era una espiral descendente.
No sólo le golpeaban sus compañeros de clase, sino que le suspendían sus profesores con notas entre cero y uno (golpeándole, de esta forma, EMOcionalmente). Lo que no sabía es que en realidad a sus profesores le daba pena el chaval y hablaron con los padres y algunos compañeros de su clase, para arreglar las cosas. Entonces decidieron hacer de esa triste y corta vida un largo camino soleado para el pobre EMO. De esta forma, todos los días le saludaban e intentaban que participase en clase y en los juegos y conversaciones del recreo activamente. Esto provocó que se fuese al servicio montones de veces gritando “¡Lo haré! ¡Me las cortaré! ¡Aaaaa! ¡Auxilio! ¡Hay un charco de sangre amarilla en el suelo!”. Adriana, la chica más guapa, envidada y envidiable (leáse 90 - 60 - 90), le pidió una cita. Cuando se lo propuso, él se hecho a llorar (gritando que quien le gustaba era Leonardo Dicaprio) y se tiro por la ventana.
Llegaron la policía, y telecinco. Afortunadamente el chico no había muerto y telecinco pudo entrevistarle, pudiendo sacar su caso de abusos escolares de la semana. Telecinco también entrevistó a todos los implicados, denunciaron a los profesores por aconsejar, denunciaron a la chica por ofrecerse de aquella forma, denunciaron a los alumnos por saludarle, y a los padres porque si. Telecinco no sabía que ocurrió realmente, pero tampoco le importaba. Incluso había un video en youtube de la caída del EMO, que el mismo EMO había filmado con su móvil y colgado en internet mientras estaba en el hospital. Dicho video lo pusieron treinta veces durante esa semana, de las cuales el 90% de las veces lo habían puesto en el programa de Ana Rosa Quintana y en Está pasando.
Ahora sostenía aquella hoja de papel. Estaba solo en casa, nadie le quería, nadie le comprendía (aunque en realidad sus padres le querían pero para él no le querían). Tenía un cascaron de huevo en la cabeza, como el emo de Calimero, pero sabía que Calimero no era emo y como no lo era eso hacía descender más la pendiente de su espiral descendente. Y se dijo “Esto es sólo un ensayo.”, y se pasó el filo de una hoja de papel higiénico por la muñeca. En ese momento su mano se desprendió de su muñeca, las venas estaban saliendo de su brazo y todas las tripas también salían de éste. Él chillaba como una maricona y se tiró por la ventana.
Se despertó, las paredes eran blancas y una extraña luz venía de un techo blanco. ¿Y su flequillo? No estaba. “¡Mi abismo EMOcional! ¿Cómo veré ahora las cosas sin él?” Vestía de verde fosforito y con pantalones azules. Levanto su mirada, cosa que le costó hacer durante treinta minutos (era la primera vez que levantó su mirada desde que era EMO), y vio lo que se sospechaba ¡Estaba en el cielo! ¡Y todo el mundo era feliz y alegre! Se intentó arrancar las venas con sus dientes pero no podía. Seguía llorando y gritando “¡Dicaprio salvame!” mientras Dios y Jesus bailaban la conga sonrientes con tías 90-60-90, alrededor del EMO, a ritmo de salsa.
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Publicado por Griseo Mitran en Julio 11, 2008
La Hexakosioihexekontahexafobia (abreviado triplehexafobia) es un miedo irracional (o Fobia) al número “666″. Se caracteriza por rechazo a cualquier cosa que pueda estar relacionada directa o indirectamente con el número 666.
Esta fobia está originada en la creencia al verso bíblico Apocalipsis 13:18, donde se indica que el número 666 es el número de la bestia, y por lo tanto está ligado a Satanás o al Anticristo. La fobia se ha popularizado, incluso entre no creyentes de la fe cristiana, e incluso se popularizó más de o a su presencia en varias películas de horror. (Nota: el 666 sólo esta afirmado como número del “mal” 3 veces en la biblia y los expertos dicen que se refiere a un rey que vivió entre los siglos V y II antes de Cristo)
Los hexakosioihexekontahexafóbicos evitan las cosas relacionadas con el número 666, tales como un edificio en el cual el número se exhiba prominentemente. Sin embargo hay otras cosas que evitan, aunque menos frecuentemente, tratan de evitar el número como producto de relaciones entre otros números. Por ejemplo, la fracción dos tercios tiene un decimal de repetición de .666. (La nota que en la base 12, dos tercios es 0.8, y 0.666 es la fracción 6/11.) Un hexakosioihexekontahexafóbico severo puede evitar lo antes mencionado, así como 5/3, 8/3, 11/3, etc. La gente con esta fobia considera mala suerte obtener 3 seis en una mano de póker, aun cuando ésta es generalmente una muy buena mano.
Es muy importante observar que este miedo es en gran parte un artefacto del cristianismo popular. En cambio, la mayoría de intelectuales cristianos y los teólogos de la actualidad creen que el número era simplemente una referencia a un emperador romano que persiguió a cristianos. El César considerado generalmente como el más adecuado para el papel es Domiciano, aunque algunos prefieren al más conocido Nerón aunque sea menos probable. De cualquier manera, los intelectuales postulan que los cristianos utilizaron el número como código para referirse a su nombre o que Cesar mismo pudo haber favorecido ese número por razones numerológicas. En algunas numerologías, seises triples podrían simbolizar una trinidad del traición, amargura, y venganza, mientras que en otras podría como fácilmente simbolizar armonía, belleza, y encanto.
Entre los hexakosioihexekontahexafóbicos más conocidos se incluyen al desaparecido Ronald Reagan y su señora Nancy Reagan. En 1989, cuando se mudaron a su casa en el sector Bel Air de Los Ángeles, cambiaron su dirección de 666 St. Cloud Road a 668. El residente anterior, Johnny Carson, definitivamente no era hexakosioihexekontahexafóbico, pues nunca modificó la dirección, además el nombre Ronald Wilson Reagan cada uno tiene 6 letras.
El 6 de junio de 2006 (06/06/06 en el calendario gregoriano), los evangélicos Ambassadors Ministries de Países Bajos llevaron a cabo una vigilia de 24 horas para ahuyentar a los ‘malos espíritus’. El maratón del rezo comenzó en Jerusalén.
A finales de la década de 1990, la estatal teléfonica de Honduras decidió cambiar los números teléfonicos de seis a siete dígitos, el prefijo 666 correspondió a la ciudad de El Progreso, los ciudadanos de dicha ciudad, de mayoría católica, se movilizaron para cambiar el prefijo ya que lo consideraban como maligno, además de por las burlas que les hacían los vecinos de otras ciudades, como San Pedro Sula, hasta que lograron que la empresa de teléfonos cambiara el prefijo a 668, casualmente el mismo número al que cambió Reagan la dirección de su casa.
[vía wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Hexakosioihexekontahexafobia]
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