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Esta obra
está bajo una licencia Reconocimiento-No comercial-Sin obras
derivadas 3.0 Unported de Creative Commons. Para ver una copia de esta
licencia, visite http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/ o envie una carta a Creative Commons, 171 Second Street, Suite 300, San Francisco, California 94105, USA.
La noche no era mala hasta que llegó el amanecer
Parte 1: Pasta de ficción asesina.
Capítulo 1: El halcón
Capítulo 2: La huida
Parte 2: Torcidos
Capítulo 3: Cruel mundo cruel
Capítulo 4: El guardaespaldas y la historia de la pelirroja.
Capítulo 5: La tienda de exportaciones
Capítulo 6: El accidente
Capítulo 7: Deducciones
Capítulo 8: La trampa.
Capítulo 9: Desaparecidos.
Capítulo 10: El laberinto de la mujer torcida
Capítulo 11: Tres
Capítulo 12: Ascensión a la luz
Capítulo 13: El abismo de las arañas
Capítulo 14: La última prueba
Capítulo 15: El almacén
Capítulo 16: Planes
Parte 3: Héroes amputados
Capítulo 17: Útero de súcubo
Capítulo 18: Jelena
Capítulo 19: Héroes (1/2)
Capítulo 19: Héroes (2/2)
Anubis cerró los puños fuertemente. ¿Kehen? ¿Traidor? Y Kehen reía sin parar.
-Oh, si, es cierto todo. Y en tantos años nunca me había sentido tan bien al oír que he sido descubierto, siento que mi locura es cierta y que todo lo que siento tiene razón de ser.
-¿Tú mataste a mi hermana?
-Claro, Anubis. La maté y viole su cadáver, y ya no me siento mal de haberlo hecho, es tan maravilloso el sentir que ahora todo esto no importa. ¿Verdad? Porque ahora todos no tenemos ese planeta.
-Fue por tu culpa, por tu culpa ellos murieron e Isaías enloqueció. Por tu culpa nunca sabíamos la verdad, por tu culpa Jelena está muerta y todo un planeta fue destruido.
-¡Y no es maravilloso! Isaías y yo lo hablamos muchas veces y siempre terminamos diciendo los dos juntos ¡Y no es maravilloso! Ahora somos los asesinos, somos la destrucción. Ayer la tierra del cuarto sol, hoy la tierra del quinto sol, y mañana… Y mañana acuchillaremos el cielo sigilosamente. Es maravilloso como la destrucción sigue desplazándose, desde que nació en estás manos ensangrentadas, estás manos que ahora para Isaías y para mí son manos de culto. Son las manos que causaron la caída de la primera ficha de domino.
-Hijo de puta. Mi madre, mi padre, mis amigos, mis primos, el resto de mis hermanos, Isaías, Jelena, Miranda, Ergol,… Tú, eres un hijo de puta, Kehen, ¿Y no es maravilloso?, exclamas sin parar como un idiota que no sabe decir otra cosa para excusarse. Con un “lo siento”, habría sido suficiente para perdonarte. ¿Perdonarte?, pero que cosas digo. No tienes perdón Kehen. No dejaré que mates a nadie más, recuerdalo Kehen, vayas donde vayas estaré yo.
-Y donde esté yo estará seguramente mi hermano Isaías para ayudarme.
-Otro que tampoco tiene perdón, ¿Verdad Kehen? Porque sabes… Ambos sois unos asesinos. Ahora lo entiendo todo, sé porque estamos aquí, porque el destino nos ha querido colocar otra vez en este lugar, y no es para que destruyamos una civilización, es para que te castiguemos a ti y a Isaías, para que os demos una lección.
-¿Lección? ¿Sabes realmente lo que estás diciendo Anubis? Porque sabes… Jamás podrás derrotar a Isaías.
-Pues sabes… Me da igual lo que digas, para mí es estar con vosotros o contra vosotros, y vosotros sois escoria. Perdoname, Eriaka si no te he ayudado antes, está claro el porqué estás aquí y el porqué portáis el arma de un ser que estuvo apunto de derrotar a un dios si no fuera porque una idiota se entrometió. Portas el arma de un gran hombre, y está bien claro el porqué el destino quiere que seas tú, el ser más poderoso de este planeta, la portadora del poder para destruir al ser, injustamente, proclamado el más fuerte de la tierra del cuarto sol. Si, te ayudaré. Perdona mis pecados, perdona el que hubiese estado a punto de matarte en mi corta vida humana, perdona el gran pecado de servir a Isaías, perdoname porque no sabía lo que hacía, pero ya nunca más. ¿Me oyes Miranda?
Anubis adoptó la forma de una especie de figura humana acuosa, de la que salían anguilas. Flotaba en el aire, de su cuerpo salían anguilas, serpientes, y burbujas de agua.
-Ja, tantas idioteces en unas pocas frases. Permiteme enseñarte el poder de la destrucción.
En ese instante Kehen adoptó la forma del típico diablo de las profundidades del mal: piel roja, alas gigantes de murciélago, cola demoníaca gigante, cuernos, … Y de su mano salía una bola de fuego, que lanzó hacía Anubis, y que una de las águilas chocó contra ella, derritiéndose y apagando la bola de fuego.
-¿Anguilas de agua? – preguntó recíprocamente Eriaka, la cual se traslado corriendo al lado de Carlos.
-¿Se puede saber que está pasando? – preguntó Carlos a Eriaka.
-Un delincuente luchando contra un justiciero. Aunque para ser exactos, esto sería más bien una batalla entre el bien y el mal. Agua contra fuego.
-Estoy harto de los cuatro elementos primarios.
-Pues demasiado pronto te has hartado. Al menos no has tenido que luchar contra un dios del viento como Jelena.
Kehen esquivaba en el aire a las anguilas de agua y lanzaba bolas de fuego a Anubis cuando tenía tiempo. Se estaba dando cuenta que todas las anguilas y serpientes de agua le estaba acorralando. Debía de hacer algo.
-Ya te tengo. – dijo Anubis, cuando tres serpientes le rodearon el cuerpo de Kehen. – Ahora siente el poder de la derrota, traidor.
Montones de anguilas se dirigieron al cuerpo de Kehen y lo rodearon, atacándolo con su carga eléctrica . Kehen gritaba y entonces fue cuando se concentró y su cuerpo comenzó a arder, y las serpientes a disolverse, dejándolo libre.
-Me lo esperaba. – dijo Anubis.
-No te será tan fácil.
Y un montón de anguilas y serpientes, procedentes del cuerpo de Anubis, abrieron la puerta de la habitación empujándola.
-Eriaka, escapa con Carlos.
-Anubis, tú solo no podrás con él.
-Ya, pero haz el favor de poner a Carlos en un lugar seguro, yo entretendré a Anubis de mientras.
-¿Y ése es tu plan para hacer justicia?
-¿Acaso me queda otra alternativa?
-De acuerdo, tú ganas.
Eriaka subió a Carlos en su hombro, y sujetaba su espada con el otro brazo que no estaba en el hombro en el que Carlos estaba subido. Y huyó del lugar, transformándose en la bestia.
“Lugar seguro. Lugar seguro. Eanos seguía en la estancia… Supongo que nos tocará luego. ¿Luego? Ojala que nunca, he de escapar con Carlos. Lugar seguro.”
Eriaka llegó a la puerta del portal de la casa de Adrián, y Eanos se encontraba allí, delante de la puerta. Eriaka volvió a su apariencia humana y dejó a Carlos, de pie, en el suelo.
-Dejame pasar, Eanos. – dijo Eriaka.
-El jefe ha ordenado mataros, Eriaka.
-¿Cómo has llegado hasta aquí tan rápido? – preguntó Carlos.
-El jefe ha ordenado mataros, Eriaka y Carlos. Él ha vuelto a mí y me ha traído hasta aquí, quiere veros muertos.
-Eanos, no me llegas ni a la suela de mis zapatos. – dijo Eriaka. – Te mataré. Te mataré porque eres malo, te mataré por amar a Isaías antes que a una amiga. Que una amiga… ¿Sabes lo que es un amigo Eanos? Aquel que no te falla, y que te ayuda en todo momento. Ñac, falso. Un amigo es más que todo esa mierda, un amigo se interesa por ti y quiere que tú estés donde debes de estar, y quiere que tú estés donde debes de estar. Es decir, que se interesa por saber si estás bien o mal y que, además de todo eso de no fallar y ayudar, es capaz de saber cuando te necesita y cuando no. Y cuando necesitas a tú amigo, ahí está, para hacerte compañía o para lo que haga falta, no sólo para las cosas buenas como la diversión o el salir, sino también para lo malo. Y cuenta contigo para todo, porque sabe cuando querrías estar ahí y cuando no. ¿Tú que tienes que decir al respecto? No me avisaste aún a sabiendas de que volví, y sabes donde quiero que estés. Y tú no estás ahí, estás con otra gente, con gente que odio y con la que quiero que no estés porque te hace mal.
-Pero eso es imposible. Yo quiero a Isaías.
-Entonces ya no eres mi amigo.
-Exacto.
-Son duras tus palabras, ojala te dieras cuenta de lo que dices.
-Pero tú te fuiste y no me diste señales de contacto.
-Y eso que tiene que ver. ¿Cuándo te necesitaba? En todo momento y no fuiste capaz ni de enviarme una señal ni siquiera ánimos.
-¿Pero cómo quieres que supiera que lo estabas pasando mal?
-Tú lo sabías, eras mi amigo y sabías que podía pasar mal ese cambio de vida. Tenías mi móvil y nunca recibí ni una sola llamada o mensaje. Eras un mal amigo. Después de todo lo que pasamos, después de todo lo que nos ayudamos, después de años de risas y cariños, después de una vida, para luego enseñarme la muerte. Para ahora venir diciéndome que me piensas matar, porque te lo ha dicho alguien con el que has pasado menos tiempo que conmigo. Alguien que no daría nada por ti, que te acaba de enviar a tú fin y lo sabes bien. Adiós, Eanos amigo mío. Amigo. Amigo… Recuerdas amigo, lo que te quise, ya no… Ya no eres mi amigo, he de salvar la tierra y si no estás con Anubis, Carlos y yo, entonces te mataremos. Y yo seré quien acabe contigo después de este sermón, después de escupirte lo que siento, porque sentí que mi mundo se caía a pedazos ahora quiero construirlo desde otra base y darle otro color. Un color de mezclas, sin tu mezcla Eanos, sin tus abrazos ni tus besos. Porque has de morir, porque tu jefe quiere que mueras si no estás con nosotros. Qué si un dios existe te perdone tus pecados y en la gloria de los cielos te acoja y te aleje de tu malvado Hades, a quien tanto quisimos, ¿Recuerdas? A esa mentira a la que nos acogimos para vivir, y que resultó tan bien. Que ese ser al que tanto nos negábamos te ayude a ser feliz en otra vida, pero no a ti en particular, el nuevo Eanos, sino a su forma pasada, a esa forma que me cuido durante tanto tiempo. Qué alguien acoja a esa persona, si ese alguien existe, y que a la nueva la envíe al contenedor de cadáveres del abismo de las arañas. Amen.
-Amen. – dijo Eanos disparando una ráfaga de balas.
Eriaka, paró todas las balas que disparó Eanos, con su espada, desviándolas alrededor de Eanos, excepto una bala que chocó en el brazo de Eanos en el que tenía la pistola. Y rápidamente, Eriaka le partió horizontalmente por la mitad. El cadáver cayó al suelo, y Eriaka se arrodilló delante de él, soltando la espada y quitándose el guante, lanzándolo delante del cadáver de Eanos.
-Erika… – dijo Carlos, acercándose a ella y poniendo una mano en su hombro. Erika le miró, estaba llorando, Carlos se agachó y ella le abrazó.
-¿Por qué Carlos? ¿Por qué ha tenido que morir? Él siempre ha sido como un padre para mí, más que como un amante, fue alguien muy especial. Maté a mi padre, y ahora mató a Eanos a quien terminé queriendo como una hija ama a un padre. Mi padre no sabía que iba a morir, pero Eanos si, y ha dado su vida por Isaías ¿Sabes lo que es eso para mí? No puedo más. Es como…
-Como si se hubiera suicidado.
-Exacto.
-Sé lo que es eso. – ahora era Carlos quien de sus ojos salían lágrimas. – Mi última novia se suicidó con su vestido de novia, desde lo alto de su habitación cayó al suelo. Ella me dijo una vez que si se mataba era por mi culpa, por haber cancelado aquella boda. Y sentí… Sentí como si eso fuera verdad.
-Tú no la mataste, Carlos.
-Si, la maté. Como tú has matado a Eanos, pero de forma diferente. Maté su corazón y ella se tiró desde la ventana para defender la idea de que yo estaba equivocado. Para que durante toda mi vida me arrepintiese de ello, y te diré una cosa: llevo diez años culpándome por su muerte. La lección de esto es que yo no tenía la culpa, era ella que estaba dominada por esa idea y su muerte hizo que esa idea se transmitiera a mí. Y no dejes que la idea de Eanos ayude a que Isaías destruya el mundo. Él es está vez La Idea, no dejes que la idea te domine Erika. No nos queda nada, pero menos nos quedará si no está el mundo.
Se separaron, Carlos cogió el guante y se lo dio a Erika.
-Ten cuidado y salva el mundo.
-Te acompañaré hasta la casa de Adrián, antes. No me fió de lo que pueda pasar.
Adrián estaba en casa junto a su mujer, y efectivamente el lugar era seguro. Eriaka se despidió de Carlos y rápidamente tuvo una visión: Anubis estaba en peligro.
Se puso el guante, sintió toda esa fuerza y esa ira, pero la podía controlar en un objetivo, y ese objetivo era Kehen.
Kehen se alzaba en el cielo como el ángel de la destrucción. Si, haría el trabajo de Isaías esa noche pero antes destruiría a Anubis, no le importaba lo que pasase, Anubis era distinto ahora, ahora Anubis era como Eriaka: un peligro que podría detener esa cadena de destrucción que le unía a Isaías. Anubis ya no les servía.
Anubis se alzaba también en el cielo de la noche, Kehen había destruido el techo del edificio con una bola de fuego y ahora lanzaba bolas y rayos de fuego a la ciudad. La gente gritaba sin parar, entonces fue cuando Anubis reaccionó defendiendose con sus poderes de agua, apagando el fuego y rodeando a Kehen. Tenía que llevarlo al puerto, sólo de esa forma, solamente si estaban en el agua podría… Si, el agua del mar apagaría los poderes de Kehen. ¿Pero cómo?
Anubis rodeaba con sus poderes en burbujas de agua a Kehen, pero Kehen las disolvía, y en vez de atacarle se iba hacía la gente. Entonces supo que no había otra opción que usar todo su poder, alzó sus manos al cielo y lanzó el agua a mucha altura del mismo, ésta se fue distribuyendo en el cielo de forma que la bóveda celeste terminó siendo un techo de agua cada vez más grueso.
-¡Anubis! ¡Es que te has vuelto loco! ¡Destruirás la ciudad!
Era toda su fuerza mágica, sólo quedaba usarlo, pero Kehen se lo impediría. Kehen se fue directo hacía a Anubis y comenzó a golpearle y atacarle con bolas de fuego, Anubis intentaba esquivar los ataques de Kehen pero recibió bastantes golpes. Tenía que usar su poder, pero ¿Cómo? Necesitaba concentración, necesitaba cinco minutos. Si Eriaka apareciera, si hubiera alguna forma de detener a Kehen durante cinco minutos.
Y entonces fue cuando una espada se cruzo en el camino de Kehen y se le clavó en un brazo.
-¡Tú!
-Hola próximo cadáver destripado.
Kehen concentró todos sus poderes en Eriaka, mientras Anubis se concentraba en su poder. Eriaka adquirió su aspecto de bestia del sol con alas y cuatro brazos.
-Ya verás insolente. Te enseñaré todo mi poder.
El suelo temblaba, se abría y de las fisuras salía lava. Kehen abrió sus manos, y de ellas emergió una gran bola de lava ardiendo, que sostenía con ambas manos, y que luego lanzó hacía la bestia del sol. Eriaka lanzó la espada como un bumeran y la bola se cortó en dos pedazos, y gracias al poder del viento, la bestia del sol, apagó todas las llamas atravesando la fisura de la bola de fuego.
Kehen estaba quieto, helado de miedo, la espada volaba hacía él a gran velocidad, y Eriaka volaba detrás de la espada, rápidamente reaccionó y huyó todo lo rápido que pudo. Pero ya le quedaba poco, Anubis estaba ya listo para usar todo su poder contra Kehen. Alzó sus manos al cielo, otra vez, y de ellas salió una carpa que voló hasta el techo de agua, deformándolo como una pelota de plástico, hasta que entró en ella y el techo estalló, y todo el agua cayó sobre la ciudad, inundando en mayor parte la zona en la que se encontraban Eriaka y Kehen. Y el poder de Kehen se apagaba, la velocidad ya no era la misma y en poco tiempo estaba en su forma humana en un mar de agua, la espada atravesó el cuerpo de Kehen, partiéndolo en dos, pero a la bestia no le bastó con eso. La comida seguía viva, el corazón seguía latiendo, aunque la sangre estuviera saliendo del cuerpo a borbotones. La comida estaba sólo detenida y lista para servir. Así que con sus afilados dientes y con ayuda de sus manos devoró el cuerpo de Kehen mientras subía buceando hacía la superficie. Tardó poco en llegar a la misma y volar hacía la azotea de un edificio. Anubis notó que el cuerpo de Kehen ya no estaba presente, la fuerza de uno de los cuatro dioses se había disipado totalmente, así que extendió los brazos hacía el mar que había creado, y de éste salieron montones de burbujas llenas de agua que entraban en las palmas de las manos de Anubis, como si esas manos tuvieran una compuerta. En pocos segundos el mar creado por él había desaparecido, y Eriaka volvió a su forma humana. Eriaka aún tenía la espada en sus manos, aunque sus alas habían desaparecido, y su ropa se encontraba ya seca. Anubis, ya también en forma humana, se acercó a Eriaka:
-Imaginó que tendrás ganas de matarme…
-No voy a por ti, voy a por Isaías.
-Lo sé, pero digo que tendrás ganas de matarme porque sabes quien soy y lo que he sido antes de enterarme de la dura realidad. He sido cruel y la única forma de lavar mi persona es ayudando, en lo posible, a que tu lucha sirva para salvar este planeta, él cual antes quería destruir.
-Si, tu comportamiento es un poco extraño, antes no atendías a razones sino a ordenes, supongo que el recordar las cosas te ha cambiado. No estoy aquí para juzgarte – Eriaka lanzó la espada al cielo y se quitó el guante, guardándolo luego en un bolsillo de su pantalón. – estoy aquí para salvar el mundo no, para encontrar razones para matar a gente.
>>Yo era, era otra persona, una persona que ahora podría juzgar negativamente pues, aunque lo negué muchas veces, seguía las ordenes de Eanos. Es más solamente tuve ojos para mi jefe, yo, al igual que todos sus seguidores, también quede eclipsada ante su persona y sus cuentos de hadas.
>>Es cierto que nunca llegué a creer en su secta, ni a seguir sus historias como verdaderas, pero si puede ser que me quedará con lo esencial de las enseñanzas porque muchas de esas lecciones eran razones por las cuales defendíamos lo que hacíamos. Matábamos, secuestrábamos, extorsionamos, robábamos, espiábamos,…
>>Si, yo tampoco tengo razón para perdonarme. Sé que mucha gente comete errores en la vida, saben que lo que hacen está mal y cuando ve a otra persona haciendo eso que ellos mismos hacen, son los primeros que dicen “Eso está mal, merece pagar por ello.”, pero luego apagan la televisión salen y comenten esos mismos errores que han visto y han juzgado. Y no me da miedo decir que he sido de esas personas porque yo juzgaba a mis compañeros que cometían crímenes por cometerlos de una forma distinta, pero, en el fondo, eran los mismos crímenes en sí. Los llamaba aficionados por dejar manchas o pruebas, o por matar porque les gustaban y no por la comunidad o para salvar a la comunidad. Pero en síntesis era lo mismo, todo era muerte y la muerte no tiene una razón, la muerte es el fin y nada más.
>>Pero aunque yo ahora me juzgué me perdonó, y no me arrepiento de haberme hecho daño, es decir si me arrepiento de que todo lo que hice causo daño a los demás, pero no me arrepiento de haberme dado cuenta de lo que hice. Me perdonó porque sé que no quiero volver a hacerlo e intentaré no hacerlo nunca más.
>>Y entonces me pregunto, ¿Por qué he matado a toda esa gente? Y luego a Jelena, Eanos, Taro, Kehen, y montones de contrincantes más que estaban dispuestos a morir por Isaías. No lo sé, tal vez no me dejaban la opción de querer salvarse o tal vez yo quise matarlos, y por tanto volví a recaer. Lo que sé es que he de detener todo este caos, sé que mis maneras no son justas pero cuando siento el poder de la espada, siento esa ira, esa fuerza que me invade y me llena de deseos sangrientos, pero ahora sé concentrarlos en la idea de luchar contra Isaías y salvarnos. Si, sigo teniendo la culpa pero he aprendido a centrarla en luchar contra lo que juzgué que ahora, es decir en este presente, es malo.
>>Pero eso no quiere decir que deba de juzgar que por tus acciones pasadas, no estés dispuesto a cooperar. Puede que un futuro aprendas realmente la magnitud del daño que hiciste, pero lo cierto es que hasta que ese futuro llegué, no has de hacer mal, y soy consciente de que tú no quieres seguir con esa falsa de rezar a la destrucción, de ponerte de rodillas ante el oscuro trono del señor Isaías y besarle cada dedo de su repugnante pie.
>>Y además yo también seguí a alguien y sé que cuando te separas de él es duro, tan duro… Tanto que llegas a llorar noches enteras preguntándote el porqué elegiste alejarte de su mano y el porqué no viene a ayudarte.
>>No me juzgo más por lo que hice, ya el tiempo me ha castigado bastante y sé que no he de hacerme más daño que él que el tiempo tenga preparado para mí. Y por ello no te juzgaré, y dejaré que el tiempo te juzgué. Si quieres ayudar a Carlos y a mí en esta lucha, hazlo pero quiero que sepas que cuando todo terminé…
-Cuando todo terminé yo no estaré aquí. Estoy aquí mientras esté Isaías, al igual que el poder de tu bestia del sol está ligado al mio, al de Kehen, y Jelena. Cuando Isaías muera, mi poder y mi cuerpo desaparecerán. Al igual que Miranda y tus poderes.
-¿Esa es la razón de por qué Miranda hace que la bestia del sol se coma los cuerpos?
-Posiblemente será por eso, porque Kehen y Jelena siguen viviendo si Isaías sigue vivo.
-Pero eso significa que siguen vivos pero en mi cuerpo o en el de la bestia del sol. Pero eso no tiene sentido, no siento sus mentes, ni sus brazos, ni nada de ellos.
-Ya, puede que ellos hayan sido erradicados perfectamente, pero sus poderes están ahí.
-Cierto.
-Bien, entonces ¿Continuamos con el plan para destruir a Isaías?
-Haz lo que quieras.
-Vale, en el muelle, en el mismo escenario en que mataste a mi forma humana, él estará listo a partir de las diez de la noche.
-¿Cómo sabes eso?
-Porque su plan era atraparte en esta noche y condenarte la noche del día siguiente.
Anubis desapareció, era una forma sutil de hacerse el interesante y el gran guerrero. Eriaka miró sus manos, estaba cansada, muy cansada. Debía volver a casa de Carlos, “sería fácil cortarlo todo en ese punto y luego continuar”, se decía pero en su interior quería terminar con Isaías ya, matar a la amenaza de una vez por todas. Quería volver a sentirse viva.
Sus ojos cruzaron el infinito, Miranda estaba avisándola, ahí venía ella otra vez.
>>-No hay colores en la habitación.
>>-Otra vez tú, Isaías. ¿Qué deseas saber esta vez?
>>-El destino, siempre ese maldito espejo que nos hace débiles, que nos provoca las dudas, y que destruye toda seguridad del pasado. Tú lo tienes todo, Miranda. Tienes mi protección, mi dinero, y tienes la seguridad en tú destino. Sabes lo que va a ocurrir y no estás deseando saberlo como yo, porque sabes… Conoces el futuro escrito, yo sólo conozco parte. Necesito de ese poder, Miranda. Quiero ese poder, has de comprender que… Sabes… ja, ja, ja,… Tú no eres la única.
>>-¡Se puede saber que demonios te ocurre Isaías!
>>-He de matarle, Miranda.
>>-¿A quién has de matar?
>>-Tú lo sabes, porque sabes adivinar.
>>-¿Pero por qué he de saberlo ahora mismo y porque sí?
>>-Pero sabes… conoces el futuro del pasado, ¿Verdad? Tú lo sabes todo. Tú la has matado.
>>-¿A quién he matado?
>>-A nadie has matado, pero yo digo que tú la has matado. Tú la mataste Miranda, tú la mataste.
>>-Yo no he matado a nadie Isaías.
>>-Pero si no fuiste tú, fue él, pero yo no quiero que sea él, así que debes de ser tú.
>>-Y esa es tu forma de solucionar tus problemas con tu hermano, Isaías. Si él ha sido el culpable, él ha de morir.
>>-¡No! ¡Es mi hermano! ¡Es Kehen! ¡El mismo con el que jugaba a la pelota de pequeño! ¡El mismo al que defendía de otros niños! ¡El Kehen al que vi crecer! ¡Es que no lo entiendes! ¡Es parte de mí! ¡Una parte mía no ha de morir! ¡Yo no quiero morir! No quiero que mi vida se desvanezca por culpa de ello, porque él no es así, te juro que él no es así, y por ello tú la mataste, porque así él y yo seremos felices otra vez y lo olvidaremos todos. Los cuatro dioses han de seguir vivos.
>>-Pero si me matas, Dios será testigo de vuestro crimen. Y eso significa que caerás al abismo, junto con tu hermano.
>>-No, porque yo mataré a Dios y así podré decidir a dónde ir.
>>-No podrás.
>>-Si, los cuatro dioses siempre han podido, los cuatro dioses conquistamos este planeta y los cuatro dioses seguiremos juntos. Pase lo que pase, ¿Lo entiendes? ¿Sabes por qué?
>>-Lo que sé es que eres un idiota.
>>Isaías abrió la palma de su mano y en ese instante Miranda desapareció de repente.
>>-¿Miranda? ¿Dónde estás? ¿Estás muerta? ¿Estás viva? ¡Responde! ¡Te lo ordena uno de tus cuatro dioses!
>>-En tu planeta todo dios muere algún día. Y por ello vosotros sólo estáis de paso.
>>-¿Miranda? ¿Dónde narices estás?
>>Miranda no estaba en la sala, ni tampoco contestó. Isaías salió frustrado de la habitación.
>>-¿Qué te ha dicho Miranda?
>>-Ella era la culpable.
-Ahora sabes la verdad. ¿No es cierto?
-¡Isaías!
-Sé que ahora mismo deseas morir.
-Hijo de puta. Eanos ha muerto por tu culpa.
“Cuando la noche se pose sobre tu cara
dejame que te acune Eriaka”
-Así que es cierto que le amabas.
“que te bese
que te mime”
-Ya no tiene sentido nada de esto. Eanos ha muerto, ya absolutamente nada es importante. Tú eres ahora la única razón por la que sigo con vida. – “deja que te dé ese oscuro placer que conocemos” – Tú y tu puñetero infierno. Tenemos una deuda pendiente. Concedeme el placer de morir de una forma digna.
“Tus ojos se cruzan con los míos”
-Pero tú le mataste.
-Si, porque sólo yo puedo hacerlo. Pero tú, le obligaste a morir. Tú eres la esencia de este momento. Morirás, aunque matarte sea lo último que haga.
“la lava sólo existe en nuestros labios”
-Interesante. – dijo Isaías desenvainando su espada. Eriaka se colocó el guante y ya tenía entre sus manos la suya.
“Sabes quienes somos”
-¡Muere! – chocan las espadas. Ambos están muy igualados. Eriaka le escupe a la cara.
“Solo tú y yo”
Los golpes de las espadas retumbaban en la tierra y abrían grietas en los edificios.
“nos conocemos”
-Sabes… Ningún humano puede matarme.
“nadie más podría entenderlo”
-Agh… – La espada de Isaías se clavó en el estomago de Eriaka.
“ni el más listo”
Pero ella no se dio por rendida, y le clavó la suya en el hombro.
“ni el más fuerte”
Isaías gritó de dolor y le sacó la espada a Eriaka.
“ni el más rápido”
Seguidamente la lanzó al cielo estrellado, y saltó con su espada agarrada con sus dos manos.
“ni siquiera el más místico”
La espada de Isaías recorrió la figura de Eriaka de pies a cabeza.
“nosotros somos uno que murió partido en dos”
Y con una gran herida vertical cayó al suelo. Su corazón no latía. Ella ya no respiraba.
-Oh, parece ser que alguien ha perdido. Ja, ja, ja,…
De repente un disparó cruzó el estomago de Isaías, la bala estalló e Isaías cayó al suelo con una gran herida en el estomago.
-¿Te habías olvidado de mí?
Isaías giró la cabeza y vió a ***. El cual corrió hacia la espada de Eriaka y la recogió.
-Sabes… ¿Sabes qué sólo yo puedo usar esta espada con todo su poder?
-¿No me digas?
-Si.
-Sabes que puedes morir. – dijo apuntando con su mano a ***, y mostrando el tercer ojo cerrado.
-Adelante. Sabes perfectamente que ya nada me importa. Lacar está muerta.
-¿Y piensas jugarte el todo por el todo?
-Si. De todas formas, si muero todavía quedará una pieza más, a parte de mí.
*** Agarró la espada con todas sus fuerzas y corrió hacia Isaías levantando la espada. El ojo de la mano de Isaías estaba abriéndose poco a poco.
-¡Esto es por Lacar! ¡Muere! – gritó ***.
*** clavó la espada en el ojo de la palma de Isaías y luego levantó la espada y al bajarla el cuerpo de Isaías quedó partido por la mitad, y éste se derritió poco a poco en un liquido de color negruzco, que a su vez, se iba desintegrando por segundos.
*** cayó al suelo medio desintegrado. Le aguardaba una muerte rápida, pero fuera como fuese vio la silueta de Lacar, tras una luz, esperándole.
Carlos despertó. El amanecer había llegado y el sofá era incomodo, pero era un buen sitio para estar tranquilo. ¿Qué habría pasado aquella noche?
Llamaron a la puerta, Adrián se levantó y miró a Carlos, Carlos le hizo un gesto para que abriera él la puerta y así lo hizo.
-Carlos, una chica pregunta por ti.
Carlos se acercó, como sospechaba en un inicio se trataba de Eriaka.
-Carlos, no sé cuanto tiempo tenemos para hablar.
Adrián se alejó y volvió adentro de la casa.
-¿Qué ha ocurrido?
-Nada malo. Nos hemos salvado. Isaías ha muerto. Lo ha matado un gran guerrero, pero él también murió en la batalla.
>> Creí que estaba muerta y de hecho lo estaba. Isaías vino en poco tiempo, creí que la Tierra había sido destruida por mi muerte. Sin embargo observé que él estaba muy herido y pude vencerle con cierta facilidad. Fue un juego de niños.
>> En un inicio no quiso que el autobús le dejase en su destino: el abismo de las arañas. Pero yo ayudé a obligarle a tomar su destino, y el conductor me ha premiado por mi ayuda, y por eso estoy aquí. Me dijo que me ha dado una nueva oportunidad. Ya no seré más la bestia del sol. No sé lo que haré, pero pase lo que pase, estaremos informados. Por cierto, toma – dijo dando su espada a Carlos – ya no la necesito. A ti seguramente te hará más falta que a mí. Ya me informaron de tu situación. Enhorabuena. Espero que aprendas a manejar tu regalo.
-¿Mi situación?
-Pronto alguien te lo comunicará. Es un nuevo trabajo y es muy importante. Seguro que te gustará tanto como a mí me gustará mi nueva vida. – Eriaka le dio su número de móvil en un papel. – Toma, este es mi número de móvil.
-Adrián, ¿me puedes dar un papel y un bolígrafo?, por favor. – Adrián se lo dio corriendo. – Gracias. Aquí tienes el mío Eriaka. Tú me perdonaste mi vida, y he comprendido los porqués de la tuya. Ahora espero que disfrutes de una nueva vida lejos de todo mal.
-Gracias Carlos. – le besó la mejilla. – Nos veremos, héroe.
-Adiós.
Fin.
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La noche no era mala hasta que llegó el amanecer
Parte 1: Pasta de ficción asesina.
Capítulo 1: El halcón
Capítulo 2: La huida
Parte 2: Torcidos
Capítulo 3: Cruel mundo cruel
Capítulo 4: El guardaespaldas y la historia de la pelirroja.
Capítulo 5: La tienda de exportaciones
Capítulo 6: El accidente
Capítulo 7: Deducciones
Capítulo 8: La trampa.
Capítulo 9: Desaparecidos.
Capítulo 10: El laberinto de la mujer torcida
Capítulo 11: Tres
Capítulo 12: Ascensión a la luz
Capítulo 13: El abismo de las arañas
Capítulo 14: La última prueba
Capítulo 15: El almacén
Capítulo 16: Planes
Parte 3: Héroes amputados
Capítulo 17: Útero de súcubo
Capítulo 18: Jelena
Capítulo 19: Héroes (1/2)
-Pequeña, ven aquí. Tengo un regalo para ti.
-Mi mama dice que no acepte cosas de extraños.
-Pero yo no soy ningún extraño. Salgo en la televisión. Soy ese señor que suele dar discursos. Sabes… Soy el presidente.
-Si… Me tengo que ir a casa. Mi mama no me quiere que me quede más tiempo fuera de casa.
Una niña pequeña hablaba con Isaías, las calles estaban desiertas, nadie sospecharía nada, nadie vería nada.
-Comprendo pequeña. Sabes… Podemos hacer un trato, yo te doy caramelos y tú me presentas a tus padres.
-¿Qué?
-Llevame a tu casa, pequeña, y te regalaré estos caramelos.
-Vale.
La niña caminó hacía su casa e Isaías la seguía. Había poca gente en las calles, parecía un desierto aquel barrio de la ciudad. Por las aceras se observaban bastantes coches aparcados, y se escuchaban discusiones y disparos desde el exterior de las casas. Aquel lugar… Algo había cambiado desde que apareció Isaías, todos se sentían con mal humor, no era cuestión de magia sino de defensa. Nadie se fiaba del nuevo presidente, había algunos rumores desde hacía unos días. El país seguía más o menos bien su curso, pero las desapariciones, la delincuencia, los asesinatos, las violaciones… Se incrementaron desde la aparición del nuevo presidente. Y lo más inexplicable es que rara era la vez en la que los delincuentes iban a la cárcel.
-Aquí es.
Se encontraban delante de una puerta marrón dentro de un bloque de pisos.
-Yo voy a estar aquí al lado, en la escalera.
-¿Los caramelos?
-Luego, cuando me presentes a tus padres.
-Vale.
La niña llamó a la puerta, y la madre abrió. Nada más abrir Isaías colocó el filo de su espada en el cuello de la niña. El miedo heló a la madre, un frío rodeó su nuca y su boca se abrió, pero no podía chillar. Isaías sonreía.
-Déjeme pasar o ya sabes lo que le pasará.
La madre no se apartaba del lugar, era como si ahora fuese una estatua de piedra. No sabía que hacer. Isaías la empujó y entró en la casa, cerrando la puerta rápidamente. En ese momento, justo cuando oyó cerrarse la puerta, la madre, en el suelo, gritó con todas sus fuerzas.
-¿Qué pasa cariño? – se oyó decir al padre desde el salón. El padre se levantó y caminó hacía el salón y le vio, vio a Isaías alzando a la niña con la espada en el cuello de ésta y con su pie presionando la garganta de la mujer para que dejase de chillar.
-¡Suéltela! – dijo el padre.
-No, esto es tan divertido. Sabes… Es tremendamente divertido.
-¿Qué quiere? ¿Qué hace aquí?
-Divertirme. Acaso no puedo entrar en la casa de mis queridos ciudadanos para divertirnos un rato.
-Váyase, déjenos en paz con nuestras vidas y busque a otra gente.
-Ja, ja, ja,… ¿Prefiere que se lo haga a otros en vez de a vosotros? Qué hipócritas. Qué diversión. Ja, ja, ja,… Dime Juan, ¿Qué pasaría si le rajo a su hija el cuello y le corto las piernas a su mujer?
-No lo haga.
-Tranquilo no lo haré. Tengo pensado algo mejor, llamaré a unos amigos y juntos nos divertiremos con su hija y su mujer mientras usted mira.
-¡Váyase!
-No.
Isaías lanzó la niña encima del padre, cayendo ambos al suelo. Rápidamente, con su espada, hizo arañazos en la ropa y en la piel de la mujer, dejándola casi desnuda. La recogió del suelo, agarrándola por el cuello, y la levantó en el aire.
-¿Qué? ¿Mejor así?
-¡Juan corré y salva a nuestra hija! ¡No te preocupes por mí! – gritó la mujer de una forma casi muda.
-Ja, ja, ja,… Mira esto, Juan. Una mujer que quiere más a su hija y a su esposo que su misma vida.
-No te dejaré. – dijo sacando lanzándose contra Isaías para atacarle.
Isaías lanzó a la mujer contra la pared y atacó al estomago del hombre con su espada.
-¿Qué se siente Juan? Sabes… Hacerse el héroe está mal… Ja, ja, ja,…
El hombre gritaba e intentaba atacar a Isaías con sus brazos, la niña lloraba en el suelo y la madre… La madre se levantó del suelo y se lanzó encima de Isaías para ahorcarle con sus brazos. Pero Isaías ni se inmutó.
-Ja, ja, ja,… Esto es tan divertido. ¡Qué juguetes más divertidos! Sólo quedas tú niña. Vamos, ¿Seguirás queriendo tus caramelos no? ¿O prefieres ver como papa y mama lloran heridos graves mientras el tito Taro se ocupará de ti?
-¡Escapa! – gritó la madre.
-¡Toma! ¡Toma caramelos! – exclamaba Isaías mientras lanzaba caramelos de su bolsillo a la niña.
La niña no se agachó para recogerlos, cerró sus puños y salió huyendo hacía su habitación. ¿Qué otra cosa podía hacer si Isaías estaba delante de la puerta que daba a la calle? Isaías se reía, lanzó a sus contrincantes al suelo y les rajó las rodillas para que no pudieran levantarse y luego siguió hablando, mientras ellos se arrastraban por el suelo..
-¿Qué por qué le he lanzado caramelos a la niña?, os preguntareis. Sabes… Ella os ha vendido por un montón de caramelos. Como en la tradición cristiana cuando Judas vendió a Jesús por un montón de monedas. Es curioso, hasta para los niños todo tiene un precio. Y es que sabes… todos los humanos tenéis un precio, y vosotros dos valéis para vuestra hija un montón de caramelos. Ja, ja, ja,… ¿De verdad creíais que le enseñaríais valores honestos? Ja, ja, ja,…
Isaías sacó de su bolsillo un teléfono móvil, pulsó unas teclas y se puso el auricular en la oreja y dijo:
-Calle Pérez Pérez, número 6, planta 6, puerta 36. Que vengan rápido Denis, Taro, Eanos, Kehen y Anubis. Porque sabes… Tenemos diversión asegurada. Ja, ja, ja,…
Apagó el móvil, se lo volvió a guardar en el bolsillo, y prosiguió hablando al chico de la pareja:
-Sabes… No es bueno divertirse uno sólo. Ja, ja, ja,…
En ese mismo instante, la niña colgó el auricular del teléfono de su habitación. Por suerte se sabía el número de la policía y la dirección de su casa. Le habían dicho que pronto llegarían, lo más rápido posible.
Carlos intentaba recomponerse de la noticia. Por fin habían encontrado a Isaías, se encontraba en Calle Pérez Pérez, número 6, planta 6, puerta 36.
-Rápido Adrián, Paco y Javier. Debemos detener a Isaías.
Corrieron hacía el aparcamiento junto con un montón de refuerzos, todos en coches de policía.
Iasías… Carlos sospechaba de él desde hace años, y de hecho ya tenían algunas pruebas de sus delitos pero nunca encontraban ocasión para atraparle. Siempre estaba rodeado de gente a las que les tenía lavada el cerebro, es más, casi todos los policías creían en la palabra de Isaías más que en la suya. Pero en esta ocasión Carlos atraparía a Isaías y conseguiría meterle entre rejas.
Estaban Adrián, Paco, Javier y Carlos en el coche a toda velocidad, detrás de ese coche venían a toda velocidad policías para servir de refuerzo.
-¿Qué se siente al tan estar cerca de detener al, según tú, el mayor criminal de esta década? – le preguntó Javier.
-¿Tú no lo sientes? Como se nota que sigues siendo un novato después de siete años. Ja, ja, ja,… Siento que todo es como aquella noche, cuando atrapamos a Calypso.
A la madre le quedaban fuerzas y el padre casi ni se podía mover.
-Qué pena. ¿Ya tan pronto te cansas Juan? Pues… Adiós juguete.
-¡No! – gritó la mujer de Juan pegándole patadas a Isaías en las piernas, sin embargo era como si Isaías estuviera hecho de piedra, ni uno de los golpes le hizo ni el menor rasguño.
Llamaron a la puerta, Isaías miró por la mirilla y vio a Denis, Taro, Eanos, Kehen y Anubis. Abrió la puerta y les dijo:
-Adelante, pasad,… Pasad y sentaos en el sofá, yo traeré a nuestras victimas.
Así hicieron, e Isaías arrastró a los padres al salón y se fue al cuarto de la niña para traerla también allí. Una vez que dejó a los tres en el suelo, dijo:
-Hoy os enseñaré una bonita lección, a la que titularé: “La moral.”. ¿Qué es la moral? Según vuestro lenguaje humano coloquial, la moral es “Lo correcto, aceptable, éticamente bueno.”, esa es la definición de moral. – Isaías sacó de uno de sus bolsillos una pistola, se agachó y se la puso a la niña entre las manos. – Angelito ahora quiero que hagas una cosa, quiero que dispares a papa. Si disparas a tu papa, tú y tu madre seréis libres, si no lo haces te mataré sólo a ti y dejaré a papa y mama libres. Y ahora una pregunta a mis aprendices, ¿Qué será lo moral en este caso? ¿Qué la niña disparé y se salve la vida junto con la de su madre o que ella muera y deje vivir a sus padres? – En ese mismo instante los ojos de los padres y de la niña cambiaron, estaban paralizados, se limitaron a mirarse los unos a los otros. – Vamos, piensen y respondan antes de que la niña tome su decisión. – Todos los delincuentes levantarón la mano al mismo tiempo. – Vaya, empezaremos por orden de humano a no humano y en defecto de ser la misma especie usaré el orden alfabético. Denis.
-¿Lo moralmente correcto no sería que diese su vida por la de sus padres? En todas las películas el héroe es el que da la vida por los demás así que…
-Ja, ja, ja,… ¿Y tú que harías? ¿Morirías y dejarías que tus padres estuviesen libres con toda una vida por delante?
-No.
-Ja, ja, ja,… Entonces tu concepto de la moral es ir en contra de tus propios principios, ¿No? Vamos a ver que opina Eanos.
-Dejaría mi vida en las manos de Hades, y moriría por los míos.
-¿Pero y si no son los tuyos? ¿Y si tus padres te tratan mal? Porque tu padre te trataba mal, ¿verdad?
-Pero sus padres no son mis padres.
-Pero sabes… No conoces su vida, no puedes saberlo.
-¡Y que hay de la impresión! ¡La niña todavía no les ha disparado! ¡Ni siquiera les está apuntando con la pistola! Así que sus padres son de los suyos.
-Interesante… Muy interesante… Me gusta más tu razonamiento, más que el no razonamiento de Denis. Vamos a ver lo que piensa Taro.
-Oh, yo no tener ya nada de que hablar. Todo lo que yo querer decir, decir Denis.
-Bien, bien. ¿Qué opináis Anubis y Kehen? Anubis tienes tú primero la palabra.
-Mataría a mis padres. Es el destino, sería el principio de una nueva vida.
-Ja, ja, ja,… Una vida con las manos manchadas, una vida llena de culpabilidad, una vida que todos vosotros escogisteis por no cumplir la moral humana. Propio de nosotros, ¿Verdad Kehen?
-Si, cierto.
-Porque sabes… Angelito, tú has de comenzar esa nueva vida. Es tu destino, vamos, dispara.
La madre y el padre pusieron sus manos en la cabeza. No querían que su hija terminará siendo así, no uno de ellos. Pero sin embargo tampoco querían que su hija muriese. ¿Qué era lo mejor? Que hayan engendrado a una futura delincuente o que muera como una heroína.
Había un algo oculto en todo aquello, algo que le gustaba a Isaías. La madre lloraba, sabía que por el razonamiento terminaría viva pero o perdería a una hija o perdería a un esposo y ganaría a una delincuente. Pero era tan horrible, ¿Cómo sería el paso de los días? Se dibujaban dos vías, y las dos las odiaba.
-Hija, dispárame. No pierdas más el tiempo, vive con tu madre, yo no podría vivir con el vacío de estar sin ti.
-Papa. – dijo la niña apuntándole. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce,… Sudores fríos corrían por su frente. Isaías contemplaba la escena con interés, devoraba cuidadosamente cada segundo de sufrimiento, y lo sentía, y le encantaba. Le encantaba ver como la madre no paraba de llorar, el padre aceptaba un mal destino y la niña era incapaz de disparar.
-Vamos, hija, ¡Dispará!
-No puedo, papa. No puedo.
-No quiero que mueras, hija. Piensa en algo que odies. Dispará. Tú tienes toda una vida por delante, sólo tienes once años. Yo tengo cuarenta, ya he vivido mucho más que tú. Dispárame es una orden.
La niña cerró los ojos fuertemente, tanto que se le saltaron las lagrimas, y apretó el gatillo. Y disparó. Crack.
-¡No había bala! – exclamaron los cuatro delincuentes al mismo tiempo.
-Exactamente… Ja, ja, ja,… – dijo Isaías. – Así que considerar que esta niña morirá con la culpabilidad en su alma de haber intentado matar a su papa. Ja, ja, ja,… ¡Todos al infierno! ¡Todos al abismo de las arañas! ¡Todos en mis manos! ¡Para siempre!
Iasías con su espada cortó la cabeza de la niña, y luego rebanó al padre por la mitad. La madre gritaba y lloraba al mismo tiempo, Isaías se acercaba lentamente hacía ella.
-¿Y tú? Tú marido ha muerto con la culpabilidad de haber dado una mala lección a su hija, tú hija con la de haber intentado matar a su padre. Y tú, ¿Te mereces ser la única que muera con moral intacta? ¿Qué pensáis chicos? Porque sabes… Odio la moral, odio todo lo humano y os odio a todos vosotros. Os mataré uno a uno y os enviaré al foso de las arañas, para poder divertirme eternamente con vosotros. Y sabes… Tú eres humana, a ti también te odio. Además deberías de sentirte culpable por no haber dicho nada ni a favor de tu marido ni a favor de tu hija, y eso no es moralmente bueno. Taro acaba con ella y procura que sea de una forma que dejé destrozada del todo su moral. Por ejemplo podrías violarla delante del cadáver de su marido y el de su hija, luego le preguntas si le gusto o no, le obligas a decir que si y después la matas. Ja, ja, ja,… Eanos, vigila a Taro y si él no hace su trabajo, lo haces tú. Anubis, Denis, y Kehen. Venid conmigo, volvemos a casa.
Anubis agarró a Denis por el hombro y los cuatro desaparecieron. En ese mismo momento se oyó el timbre de la puerta. Eanos miró a la mujer y dijo:
-Como se te ocurra gritar que sepas que Isaías volvería en dos segundos y mataría a los testigos de inmediato. No sé si lo ve todo, pero siempre sabe si estamos en peligro o no.
-Tú callar, yo disfrutar. – dijo Taro.
La mujer se resistía a ser tocada con todas sus fuerzas, y en ese momento pasó algo extraño se oyó a alguien gritar desde fuera de la puerta: “A la mierda la puerta”, e inmediatamente se escuchó como la puerta era derribada. Entraron los policías: Carlos, Adrián, Paco y Javier.
-¡No me lo puedo creer! – exclamó Adrián. – ¡Taro! ¡Pero no estabas muerto!
-¿Morir yo? Ja, ja, ja,…
-Es una buena pregunta la vuestra, policías. – dijo Eanos. – Me presento, mi nombre es Eanos, y si queréis atraparnos no quiero que esos refuerzos de atrás vuestra os ayuden. Os voy a hacer un trato, policías de mierda, nosotros liberamos a la última que ha quedado viva de esta masacre si y sólo si nos derrotáis. Bueno, ellos dos – dijo señalando con el dedo indice y con el anular a Paco y a Javier, respectivamente – lucharán contra mí, y vosotros dos contra Taro. No quiero ver al resto de policías. Si no.. – dijo sacando su pistola y apuntando a la mujer. – Os aseguro que mataré a la rehén.
-¿Y cómo es que no pides ser libre? – preguntó Carlos.
-Porque yo siempre gano. – Y en ese mismo instante disparó a Paco y a Javier en el corazón, matándolos en el acto. – Taro tú turno. – Eanos volvió a apuntar a la mujer con el arma. – Y tú ponte a meditar sobre la moral o yo que sé que mierda. Pero dejá de llorar, me pones nervioso.
Carlos y Adrián esquivaron las ráfagas de disparos de Taro como pudieron. Ya detrás de un sofá y una mesa, colocados a modo de trinchera.
-¿Tienes alguna idea Carlos? – preguntó Adrián, cuando Carlos estaba lo suficientemente cerca para que le escuchase.
-No se me ocurre nada, dispararé a las piernas y a los brazos. Pero no lo mates, lo quiero vivo.
No les daba tiempo a respirar, Taro disparaba muy rápido y ellos debían de separarse si querían disfrutar de la ventaja de ser dos contra uno y poder atacar en los momentos muertos.
Carlos corrió por las paredes y aterrizó de un salto en el suelo a las espaldas de Taro, y en ese instante, justo cuando Taro se giró, Carlos se agachó y le disparó en la entrepierna. Taro cayó al suelo de dolor.
-Mierda. – dijo Eanos.
Carlos se levantó y le dio una patada a Taro en el estomago, inmediatamente le arrebató la pistola dándole otra patada en la mano derecha, que la sostenía, y luego dando una patada a ésta salió despedida a los pies de Adrián.
-Quedas detenido Taro. – dijo Carlos sacando las esposas y colocándoselas en las muñecas. – Adrián conducelo hacía la puerta y que se lo lleven los refuerzos.
-¿Crees que debería de dejarte libre con estos policías mujer?
Ella no contestó.
-Vamos, di que si. Dilo, lo estás deseando. Di que si y te dispararé.
-No.
-Perfecto, ahora morirás por haberme hecho caso y no haber dicho lo que debías. Si, es un poco extraño, pero se adecua a la situación de la moralidad. No conseguiré mis diez puntos en este examen pero me conformaré con un cinco. Ja, ja, ja,…
-Suelta el arma, Eanos. – dijo Adrián.
-No.
Y Eanos disparó a la mujer dos veces en la barriga, justo en donde el creía que estaba el útero materno, y se tiró a la ventana, ante la estupefacción de Carlos y Adrián.
-¡Maldita sea! – exclamó Adrián.
Carlos se asomó por la ventana y observó que Eanos estaba bajando agarrándose a los poyetes de las ventanas, soltándose de uno para agarrarse con las manos del que está más abajo.
-¡Hijo de puta! – gritó Carlos a Adrián y a los refuerzos que Adrián había llamado para que se acercasen a llevarse a Taro – Lo arrinconaré en el callejón entre este piso y el de al lado, procurad estar en las casas de los vecinos de este bloque a tiempo. – dijo dirigiendo sus palabras a los refuerzos que estaban ya casi a fuera de la casa, y luego bajó las escaleras corriendo.
Salió del portal y allí vio al delincuente, él cual había terminado de bajar el último poyete. Estaban en un callejón, entre el pisó anterior y otro de al lado.
Carlos no pudo detener la emoción, ahora tenía a Eanos acorralado. Ahora por fin lo detendría. Por fin. Sabía quien era Eanos realmente, sabía que Eanos era aquel hombre de la secta. Lo recordaba, aunque nunca le había visto en persona, lo recordaba de fotos. Había estado investigando durante casi siete años, eran tan extrañas las circunstancias en las que desaparecieron los cuerpos de Manuel y Raúl. Y las victimas de la bestia del sol, no había pruebas exactas de los delitos pero si quedaban las leyendas. Había leído cada caso, y había investigado a fondo en su tiempo libre.
Era tan difícil dar con Eanos… Y ahora lo tenía en sus redes, Eanos estaba acorralado, pero lo que Carlos no sabía es que Eanos no se sentía acorralado ni en peligro.
-¡Eanos queda detenido por delitos de asesinato, extorsión, crímenes innumerables de su secta y muchas cosas más cosas que repasaremos en comisaría!¡Así que suelte el arma!
-Antes de soltarla, quisiera saber… Ja, ja, ja,… ¿Ya ves que cosas? Me entero que acabo de ser detenido y quiero saber su nombre. – dijo tranquilamente y seguro de si mismo.
-Carlos, detective Carlos de la policía. ¡Ahora suelte el arma!
Carlos le apuntaba con su arma justamente a la cabeza.
-¿Y qué pasa si no la suelto y le mató con ella?
-¿Cree que en este callejón solamente yo le estoy apuntando? Por favor, tengo a mis mejores hombres en este mismo instante apuntándoles.
-Y yo voy y me lo creo. ¿Por qué debería de creer a un sucio policía como usted? Vamos, conteste Carlos.
-No, hasta que suelte el arma.
-Muy bien, miré como suelto el arma.
Eanos lanzó la pistola por los aires, introduciéndose el cañón de ésta justamente en el bolsillo de Carlos. Carlos estaba impresionado, verdaderamente Eanos era el maestro de Eriaka.
-Bien, muy bien Eanos. Ahora entréguese pacíficamente y hablemos en comisaría.
-¿Y si no quiero?
-Por favor, ¿No ve que le estoy apuntando con mi arma?
-¿Y eso que tiene que ver? Aún puedo matarle.
Eanos corrió tan rápido que casi sin que Carlos se diese cuenta, cayó el suelo y Eanos se encontraba con uno de sus pies encima de la cabeza de Carlos y su pistola apuntándole.
-¿Lo ve? – decía Eanos. – Ve como podía ganar.
Carlos alzó el brazo apuntando al cielo y una bala alcanzó al brazo derecho de Eanos, y otra a su brazo izquierdo. Eanos cayó al suelo, del impacto de los disparos y Carlos se levantó de forma inmediata. El arma de Eanos cayó cerca de sus rodillas.
-Ja, ja, ja,… Tramposo. Carlos eres todo un policía. Un tramposo en toda regla.
-Eanos no quiero pelear ni matarle. Sólo quiero comprensión, quiero hablar con usted y luego que pague por sus crímenes.
-Encerrarme unos años para dedicarme a pensar y hablar con compañeros no creo que sea un castigo muy gordo para mí que digamos. Admítelo, no serás nunca capaz de matar a un hombre ni aunque éste sea culpable del mayor de los horrores. No eres un hombre, eres un policía, una marioneta de los presidentes y los alcaldes.
-¡No tiene derecho a hablar así de mi trabajo!
-¿Trabajo? ¿De verdad lo llamáis trabajo? Por favor Carlos.
En ese instante, Eanos se quitó los zapatos y con sus pies disparó a los policías que le estaban apuntando desde varias ventanas de los pisos que rodeaban en callejón, matándolos en un tiempo record. ¿Cómo lo hacía? Era un misterio. Había matado a cada uno de los policías que le apuntaban y ahora estaba apuntando a Carlos.
-Carlos, ¿Algunas ultimas palabras?
-No voy a morir.
-Eso ya lo veremos.
Pero de repente alguien que era tan rápido como el viento apareció de la nada.
-Que la gracia del creador acoja al pobre de Carlos. – dijo ese alguien. Llevaba una espada en forma de clavo en su mano derecha.
-¿Isaías? – preguntó Carlos, intrigado, girando la cabeza. – ¡Queda detenido!
-De acuerdo. Eanos, váyase. Este hombre y yo tenemos que hablar.
Isaías levantó su mano al cielo y una llamarada de fuego sanó las heridas de Eanos producidas por los disparos. Eanos se levantó, se arrodilló y dijo “Si, señor.”, para luego correr y escapar de las manos de los policías hasta llegar al refugio.
-¿Sabías quien soy? A parte del presidente, esta claro.
-El mismísimo demonio.
-¿Y eso quién te lo ha dicho?
-La gente lo dice, todo el mundo lo sabe.
-Pues siento desilusionarte, Carlos. No soy el hombre que busca. Soy un humilde presidente y acaba de agredir a un sencillo ciudadano.
-No le creo. Tenemos pruebas de todos sus delitos, Isaías.
-¿Y?
-Que está detenido y ha de pagar por sus crímenes.
-¿Y quién dirá cuanto tengo que pagar? Es que no lo ve, tengo a todos los jueces y abogados conmigo. Soy el presidente, soy tu jefe, Carlos. Y con un sólo movimiento de dedo puedo mandarte al paro.
-¡No se atreverá! ¡No será capaz de despedir al mejor de los policías del cuerpo!
-El orgullo es tu pecado, querido Carlos. Recuérdalo.
Carlos le apuntó con la pistola.
-No le creo, Isaías. No le creo. Y dispararé para que todo terminé. Para que toda esas injusticias que ha creado durante todos estos años cesen de una vez.
-Así que ahora a aprendido algo de Eanos, ¿Verdad?
-No es eso. No he aprendido nada de él. ¿Es que no lo ve? Usted es un delincuente y la delincuencia ha de ser erradicada, y eso desde siempre. Desde el principio de los tiempos.
-¿Y? Es mi forma de vida. Vosotros mismos os margináis desde pequeños, y al final tenéis que decidir donde debéis estar. Quedándoos muchas veces donde no queda nadie: en los añicos de los sueños. Me gusta destruir los sueños, hacerlos añicos antes de tiempo, antes de que se pueda decidir si se han de realizar o no. Y quiero ver a todo el mundo hecho añicos. Quiero ver como todos lloran cuando vean a sus padres destripados, o a su pareja, o a sus amigos,… Quiero sentir que todo el mundo tenga miedo y necesité estar solo y amargado, que nadie se sienta bien, que todos y cada uno de vosotros sienta que es culpable de existir y ansié la hora en la que les degollé con mi espada. Porque este mundo no se merece vivir, quiero meteros a todos una espada que os destripe para que sintáis una sensación lo más parecida a como es hacer añicos un sueño. ¿Y tú que quieres Carlos?
-Quiero disparar una bala que haga añicos cada una de las entrañas de esta pesadilla. Quiero, ¡Justicia!
Carlos disparó justo cuando gritó “¡Justicia!”. Isaías no se lo esperaba, estaba en blanco y la bala cruzó por su mente.
¿Antes de tiempo? ¿Asesinado por un simple humano? Isaías cayó al suelo. Y Carlos se mantuvo quieto mirándolo atentamente para ver si se movía. Isaías se movía, intentaba levantarse pero no podía. Sus ojos miraban rabiosos, y abrió su mano derecha apuntando a Carlos.
En ese momento Carlos vio algo que le llamó la atención en aquella mano, se trataba de un ojo cerrado. Un ojo que poco a poco se estaba abriendo su parpado, y rápidamente sin que Isaías pudiera hacer nada para evitarlo, apareció la bestia del sol llevándose a Carlos de allí en volandas. El ojo se abrió y todo lo que miraba se desintegraba, en un rayo de luz que emitía su mirada. Suerte que Carlos y la bestia del sol ya estaban lejos del alcance del poder de Isaías.
La bestia sujetaba a Carlos en sus hombros. Carlos extrañado preguntó:
-¿Sigue vivo?
No recibió respuesta alguna, pues la bestia no habló. Sólo hablaba la humana en su forma humana, jamás en su forma de bestia pues las formas de sus cuerdas bocales y la cavidad bucal se lo impedía.
Corría tan rápido que parecía volar, y llegaron a un local, una especie de laberinto. No había nadie. En cuanto llegaron, la bestia dejó a Carlos tumbado en el suelo, soltándolo bruscamente, y se volvió a transformar en humana. Carlos no se podía creer lo que estaba viendo, ¡Era ella! ¡La que siempre había estado persiguiendo para vengarse de los asesinatos de sus antiguos compañeros!
-¡Alejate! – fue lo único que pudo decirle a Eriaka, estaba muy nervioso.
-¿Qué pasa? ¿Teme que juegue al estúpido truco del poli bueno y el poli malo? Por favor Carlos, ¿No ve que le he salvado la vida?
-Pero tú… ¡Por qué! ¡Cómo! ¡No lo entiendo!
-¿Qué es lo que no entiende Carlos?
-Eanos… Tú…
-Ah,… Eanos… Ese viejo cascarrabias. ¿Se ha encontrado con él por casualidad?
-…
-Carlos empieza a ponerme nerviosa. Cálmese, prometo no hacerle daño.
-¿Y entonces por qué se lo hiciste a ellos?
-¿A ellos?
-Manuel y Raúl. Raúl y Manuel. Las victimas. Maria, Sandra, Laura, Horacio,… Todos ellos murieron aquí. En este laberinto, excepto Manuel y Raúl, de los cuales nunca se volvieron a ver sus cuerpos. Al igual que el cuerpo de Aiko, el de Denis y el de Taro.
-Carlos, cálmese por favor.
-¡Es que no ve que no puedo! ¡Voy a morir! ¡Cómo todos ellos!
-Demonios, pues eso no es lo que parecía que pensase cuando se enfrentaba a Isaías. Piense una cosa, y téngala en mente: Si le he salvado la vida es por una razón y esa razón es que necesito su ayuda.
-Oh, no. Ofrecer auxilio a una delincuente…
-Miré, le he salvado la vida así que digamos que ahora me debe una vida. Así por lo menos era en mi tierra, no sé en la suya como será pero pienso que eso es una verdad universal. ¿Usted ve películas de cine de ficción?
-Si.
-Pues piense que ahora mismo está en una de ellas. Piense que es un Bruce Willis, o mejor un Keanu Reeves en Matrix. Imagine que ahora mismo le ofreciese una pastilla a elegir entre dos. Una roja y otra azul. La azul le hará volver a su antiguo mundo donde no habrá nada más interesante que encender y apagar la televisión. La roja en cambio parece más atractiva para el espectador… Rojo como la sangre que salia de la mente de Isaías tras aquella bala que le disparaste. Isaías es ahora su enemigo, si toma la pastilla roja erigirá luchar contra él en vez de resguardarse debajo de su colchón y taparse sus oídos con la almohada. ¿Qué pastilla elegiría? ¿Sabe la verdadera consecuencia de que elija una u otra? La misma, si toma la pastilla azul morirá junto con todo este planeta. Si toma la roja tendrá una posibilidad de sobrevivir, haciendo justicia a las terribles injusticias de Isaías. Dígame Carlos, ¿Qué pastilla elije?
Carlos pensó en las películas. Todo poder conlleva una gran responsabilidad. El no tenía superpoderes. De niño jugaba a que los tenía, era supercarlos y debía patear a los malos que eran algunos de sus muñecos de peluches, y salvar la ciudad. Años más tarde esa obsesión por querer ser el bueno se transformó en un trabajo de policía. Ahora se daba cuenta de la verdad, ahora sabía porque había gritado “¡Justicia!” en la cara estupefacta de Isaías, sin temblar de miedo, sabía el porqué de su obsesión contra Taro y contra el padre de Aiko,… Cuadraban tantas cosas. Todo por culpa de las películas, ¿Cuál fue el primer escritor por el que pasó la idea de un héroe? No lo sabía, pero no importaba. No sería nunca un superhéroe, pero había una cosa en el razonamiento que le dijo Eriaka que era cierta. Y esa cosa era que siempre, durante toda su vida había elegido la pastilla roja. ¿Qué pasaría si ahora eligiese la azul? Si lo hiciese lo más seguro es que su vida perdería todo el sentido que él le dio desde su niñez. Entonces supo la verdad, siempre había elegido la roja, y ahora elegiría la roja, porque siempre elige la roja. No valía la pena la pregunta, es más era su trabajo elegir la roja. Isaías le había ofertado la azul y él la había rechazado de un disparo, ¿Por qué? Porque siempre elegía la roja, no la bazofia y basura de la pastilla azul.
-La roja, porque siempre elijo la roja.
-Exactamente, lo ha entendido.
-¿Pero qué es lo que quiere?
-Destruir a Isaías para salvarme a mí y salvar al mundo.
-¿Pero no ha muerto?
-Verás, he tenido hace unos días una experiencia un poco desagradable con cierta mujer pelirroja que ha resucitado de los muertos con una fuerza sobrehumana. No me extrañaría que tus viejos amigos, Manuel y Raúl también hubiesen resucitado. De hecho sé que han resucitado por mis nuevos poderes que incluyen la adivinación del pasado y del futuro.
-Pero si puedes ver el futuro, entonces puedes saber si el mundo se acabará y eso significa que…
-Se acabará. Todo perecerá como cada rosa perece enterrada en nieve en un frió invierno invierno. Ya has tenido una pequeña muestra de los poderes de Isaías, ha sido un verdadero milagro el haberte encontrado de casualidad. Sus poderes no tienen limites, lo cierto es que hasta yo misma le temo. Por eso necesito su ayuda Carlos.
-No entiendo.
-Veamos, usted siempre ha sido el más inteligente de su grupo de policías y ahora me viene con ésas.
-¿Cómo lo sabe? ¿Cómo puede estar tan segura de ello?
-Poderes de adivinación e intuición femenina. Pero vamos no es por su inteligencia por lo que le he elegido.
-¿Entonces? No pensará que yo…
-Manuel y Raúl. Raúl y Manuel. Si Isaías ha sido el que los ha resucitado, como yo pienso, seguramente tendrán poderes sobrehumanos, propios de su anterior vida. Sin embargo algo ha de quedar de su nueva vida, y ese algo puede ser despertado por ti Carlos.
-¿Su anterior vida?
-Es una historia muy larga, tal vez se la cuente si nos volvemos a ver cuanto todo esto acabe. Lo que debe de saber en seguida es que: Aiko, Manuel, Raúl e Isaías no son de este mundo. De hecho pertenecían a otro planeta antiguo que cuando explotó en mil pedazos el mismo universo creó éste en el que estamos hoy en día.
-¡Y quieren pagarla con nosotros!
-Quieren que nosotros estemos todos donde estaban ellos antes de resucitar… Vale, si. Tienes razón, quieren pagarla con nosotros, pero no sólo destruyendo este planeta van a jodernos sólo a nosotros. Veras, piensan que destruyéndolo tendrán la oportunidad de joder a un creador del universo del que ni ellos saben si existe o no. De hecho al parecer sólo Isaías y Aiko son quienes no dudan absolutamente de su existencia. Lo que quieren es enseñarles que ellos también tienen poder suficiente para ganarle, es como cuando un niño quiere mostrar a sus padres que él es tan adulto como ellos. Aiko está ya muerta y bien muerta. Quedan Manuel, Raúl e Isaías.
-Bien, perfecto. ¿Pero qué pasa con Eanos?
-Eso también quiero saber yo ¿Qué pasa con Eanos?
-Si tienes poderes de adivina se supone que lo sabrás, ¿No?
-No. Sólo sé las cosas que me transmite el espíritu que me los cedió, no puedo ver las cosas que quiero sino las necesarias.
-Ajam. Pues Eanos…
-Si, dime.
-Eanos… Eanos es… Isaías.
-Vamos joder, no me dejes con la puta intriga y suéltalo. No te pongas nervioso, sea como sea no la voy a pagar contigo.
-Lo prometes.
-Te he salvado la vida. No te he salvado para destruirte sino para que me ayudes. De nada me serviría matarte.
-Vale. Ahí va. Eanos es el vicepresidente del gobierno de delincuentes de Isaías.
-¡Qué!
Los ojos de Eriaka cambiaban. Se estaban volviendo de violeta a rojos.
-Eriaka…
-Carlos, querido. Coge la escopeta y huye en el coche que dejé aparcado, si te fijas bien las llaves están sujetas con una anilla a la escopeta. No sé cuanto tiempo podré retener a la bestia. Cuando mata, mata sin razón y sin saber a quienes mata. Tranquilo, nos volveremos a ver. Te protegeré para que no te pase nada, te lo prometo. Ahora, ¡Huye!
Carlos seguía quieto, paralizado, mirándola. Sabía que cumpliría con su palabra.
-¡No me estás oyendo maldito imbécil! ¡Ahora mismo tú vida corre peligro aquí! ¡Huye!
Carlos está vez reaccionó, como si la voz de Eriaka fuese un hierro hirviendo que se hubiera posado en su piel. Salió corriendo como alma que lleva el diablo. Oyó rugidos y el ruido de paredes romperse. La bestia del sol había despertado y esta vez más furiosa que nunca.
“Eriaka, Eriaka, Eriaka, Eriaka… El pájaro vuela, la bestia lo mata, a Eriaka le gustaban los filetes de ternera. A Eanos le gustaba… Eanos, sangre, amigo, muerte. Pero era mi amigo. Era mi amigo. Era con quien reía y quien me ayudaba. Era quien me miraba y me comprendía. Era… Era Eanos… Eanos. Como un puñal violento, como una mirada sangrienta. Luego despertabas y lo veías todo lleno de sangre, pero no había problema llamabas a Eanos y reías hablando con él. Reías. Eanos. Risa. Amigos. Isaías. Enemigos. Hijo de puta. Cabrón. Asesino. Eanos e Isaías. Isaías y Eanos. No, joder. Isaías y Eanos, no. No puede ser, en sus ojos siempre vi ilusión y amor. Comprensión, como un amigo haría. Pero, ¿Por qué? Oh mi señor, ¿por qué? ¿Por qué él? ¡Por qué Eanos! Amor, olvido, comprensión, indiferencia, construcción, destrucción, vida, muerte,… ¿Pero existe la resurrección? No, porque fue con la ayuda de Eanos. Y Eanos ya es malo. Eanos cabrón. Eanos desgraciado. Eanos… ¡Eanos!”
La bestia salió de Eriaka como una explosión, destruía cada pared del laberinto, cada resto de victima. Todos los recuerdos seguían en la bestia. Eriaka comprendió que la pena había vuelto y ésta no se iría ya ni con la bestia del sol, pero al menos podría destruir lo que ellos construyeron. Si, el laberinto. Aquel juguete preferido de Eanos, la bestia lo sabía y Eriaka la miraba. Estaba allí enfrente suya, y sentía cada golpe de cada pared dado por su piel. Eriaka… Eriaka jamás se iría de allí, Eriaka había vuelto para quedarse. La bestia se iría algún día, pero sólo si derrotaba a Isaías. Sólo si derrotaba a Isaías, pero no habría vida si no derrotaba a Isaías, así que la bestia se iría si había vida y Eriaka se quedaría. Eriaka lloraba sintiendo marcadas venas en su frente, Eriaka, la bestia del sol, rompía cada pared que un día Eanos y ella construyeron. Esas paredes en las que siempre mataban parejas de gente hermosa, porque Eanos jamás podría ser hermoso. Porque Eanos era feo y jamás podría estar con una chica a la que él amase. Y porque ella amaba a Eanos. Y en el fondo ella sabía que ésa era la verdad. Le amaba porque era el único que la había tenido cerca sin temores y la había comprendido. Y porque se lo había dicho, le había dicho que la necesitaba. Sabía que más de una vez le había admirado.
Pero ahora eran enemigos, y ahora todo lo que quedaba era la carne muerta de aquella destrucción del ser pasado de Eriaka.
Eriaka volvió a su forma humana pasadas unas horas, eran las una de la noche. Se había dado cuenta que ahora sus poderes no se desvanecían con la noche, si no que duraban lo que tuviese que durar, y esto seguiría siendo así hasta que Isaías estuviese muerto.
El paisaje era desolador, todo el laberinto y el local había sido destruido, no quedaba ni una sola pared en pie, todo era ahora ladrillos y pequeños trozos de paredes. Vio una pequeña pintada en uno de los trozos de paredes, que quedaban en el suelo, en la que había dibujado un pequeño graffiti de un corazón rojo y en medio con letras negras ponía “Lucía y Horacio”, justamente dos de sus últimas victimas muertas en el laberinto hace seis años y pico. Intentó romper el trozo de pared de un puñetazo, al no poder hacerlo con su forma humana decidió lanzarlo lo más lejos que pudo con todas sus fuerzas. Y así lo hizo.
Eriaka pasó la noche allí, en aquel cementerio en ruinas. No pudo dormir, sólo podía pensar en como debía de ser la muerte de Eanos, en si debía de arrancarle las tripas y dárselas de comer o matalo de un sólo disparo.
Carlos no sabía si quedarse en casa o llegarse al trabajo. Lo más probable es que ya hubiera sido despedido, la mano oscura del presidente seguramente había movido los hilos para que hoy se enterase de su despido y luego le matasen. Si, seguramente Eriaka tenía razón en lo de que Isaías seguía vivo.
Fuera como fuese no podía evitar recordar la imagen de aquella mujer pidiéndole que se fuera. ¿Cómo estaría ella ahora?
Llaman a la puerta. ¿Sería ella? Carlos se acerca y mira por la mirilla. Es un hombre, tiene aspecto de repartidor de Seur. Pero era tan extraño, Carlos no había pedido ningún paquete. Llevaba su pistola sujeta en el cinturón de su pantalón, la desenfundo y dijo:
-Váyase, yo no he pedido ningún paquete.
-Ah, ¿No? – dijo el repartidor quitándose la gorra.
Carlos en ese momento pudo ver quien era ese repartidor. Recordó aquella cara, era… ¡No podía ser!
-¡Denis!
-Ese soy yo. – dijo Denis desenfundando una metralleta y disparando a la puerta.
Carlos se apartó, colocándose al lado de la puerta, y preparó su arma apuntando a la puerta, para que cuando Denis la echase abajo dispararle.
Denis seguía disparando, y cuando se hartó se dedico a pegarle patadas a la puerta hasta derribarla. Carlos permanecía quieto, esperando hasta que su espera valió la pena y disparó a Denis en el estomago.
Denis cayó al suelo, pero se levantó al segundo. Quitándose su camiseta, mostrando su chaleco antibalas. Pero había cometido un error, Denis había soltado el arma al caer y Carlos la recogió y le apuntaba ahora a la cabeza.
-Conteste Denis, ¿Qué hay dentro de esa caja?
-No me dispararás.
-¿No? ¿No ves que ya lo he hecho antes?
-Pero no me matarás, por eso no me disparaste a la cabeza y lo hiciste en el estomago.
Carlos no sabía que decirle, tenía ganas de romperle la cabeza desde hace tiempo, pero antes quería saber qué tenía la caja. Era extraño que Denis llevase una caja tan grande para un asesinato. Carlos no tuvo otra opción que hacerlo, disparó a un brazo de Denis y le dijo:
-Contesta, Denis. Ya no soy policía, no me importaría matarte. ¿Qué pasa? ¿Querías asegurarte llevando una bomba?
Denis estaba en estado de shock. No podía ser que otra vez le hubieran vencido, siendo esta vez su victoria casi segura para él.
-Sólo quería destruir pruebas después de un asesinato, siempre lo hago así.
-¿Y de que sirve si tu jefe es Isaías? No tiene sentido. Estoy seguro que querías asegurarte… ¿Asegurarte por si estaba Eriaka verdad?
-Si. Exactamente. Isaías sabe que está protegiéndote, y me ha mandado para mataros a los dos.
-Pues largate, y dile a Isaías que le derrotaremos cuando sea necesario, que no necesita mandar a sus perros para intentar vencernos.
-Sabía que no dispararías.
-Y llevate esa bomba.
-Como mandes. – dijo Denis llevándose la bomba y bajando las escaleras.
Carlos cogió varias cosas: un colgante de cadena con una cruz de plata, su billetera con gran parte de sus ahorros, las llaves del coche de Eriaka y su metralleta, también recogió su pistola y una mochila con balas y recargas.
Salió del portal, y se metió en el coche de Eriaka. ¿La encontraría en el mismo lugar? No lo sabía, pero tenía una intuición. Puso en el asiento de al lado suya su mochila y las armas. De repente sintió una pistola apuntándole en la cabeza:
-Bien amiguito. ¿Ahora vas a llevar al tito Denis a dónde se encuentra Eriaka?
-¿Cómo has entrado aquí?
-Un viejo truco de detective. Vamos Carlos, no será tan tonto para arriesgar su vida.
-Te he perdonado la vida.
-Ja, ja, ja,… ¿Y eso me importa? He visto lo que me espera, se lo que pasará. Y ahora estoy muerto, soy carne de Isaías y como parte suya hago lo que me dice.
-Eso significa que como Isaías has de morir por la destrucción el mundo ¿verdad?
-¿El mundo? ¿Crees que nos importa lo que le pase a este trozo de tierra? Cuando todo terminé tendré todo lo que quiera, Isaías me ha prometido un paraíso pero sólo si soy parte suya. Es como compartir una parte. Podré matar y torturar a mis enemigos, acostarme con las mujeres que quiera y violarlas cuando quiera. Y reiré, me reiré corriéndome en donde quiera.
-Asqueroso. Eres…
-¿Repugnante? Puede, ¿y quién no lo es? Pero la diferencia es que yo soy lo que soy. Tú no. Tú tendrás el castigo eterno. Lo tengo decidido, tú serás torturado por mí siempre. Si.
-Estás loco. Además de depravado estás loco. Como esos fanáticos religiosos que se suicidan te lanzas al suicidio.
-No. Me lanzó a mi paraíso, no a un suicidio. Yo morí el día que tuve aquel accidente con aquel camión. Ese día mi ser fue destruido, dejando paso a mi ser como parte de Isaías. ¿No lo entiendes? El día que aquella espada cilíndrica se alzó atravesándome fue una comunión con él. Nos unimos cuando él me quemó con aquel fuego abrasador que cura las heridas, y me volví un creyente, una parte del rayo.
-¿El rayo?
-La luz de su tercer ojo, ese es el rayo que castiga a los herejes. Y yo soy parte ahora de ese rayo.
-Estás loco.
-No, – continuaba Denis apretando más el arma a la sien de Carlos. – no vuelvas a decir que estoy loco, o no dudaré en disparar. Y una segunda cosa, llevame a donde te digo ya.
-Como quieras. – contestó Carlos arrancando el coche.
Denis le quitó la pistola de la sien pero siguió apuntándole desde cerca.
-Y recuerda, como hagas una tontería, no dudaré en disparar. Y vayamos rápido. Odio a los idiotas como tú que conducen tan lento como una tortuga.
Así que Carlos conducía hacía el laberinto de Eriaka. Tras un rato de conducción en silencio se paró en brusco, habían llegado.
-Aquí es. – dijo Carlos.
-Muy bien, perro. Ahora vamos a jugar un poco. Voy a salir del coche y seguiré apuntándote con la pistola. Llevaré conmigo la bomba, y tú saldrás llamando a Eriaka. Yo lanzaré la bomba, la mataré, y luego ya veré lo que hago contigo.
-Querrás decir que me matarás.
-No sé, tal vez puedas ayudarme… Ja, ja, ja,…
Denis salió primero y Carlos después.
-Vamos, Carlos… Llamala… No, espera. Mejor no digas nada. Yo la llamaré. ¡Eriaka! ¡Vamos nena ven! ¿Sabes a quién tengo aquí? ¡A tu querido Carlos! Vamos Carlos, dile algo. Lo que quieras.
-No salgas, es una trampa.
-No le hagas caso… El pobre, cree que está apunto de morir. Sabe tan bien como yo que ya no tiene trabajo de policía, y ha de ir a entregar su placa y la pistola. Y claro, no ha ido porque no quería llevarse esa desilusión… Oh, pobre policía, ¿verdad?
Seguía sin salir Eriaka. El aire era árido, estaban en una zona desierta. No había nadie a los alrededores. Lo único varios carroñeros alrededor de las ruinas.
Eriaka se estaba transformando hasta su segunda transformación detrás de parte de un muro. De forma que ni Carlos ni Denis podían verle.
-Vamos Eriaka. No querrás cabrearme, ¿Verdad?
Acto seguido, disparó al aire, y la bestia del sol azul salió de las ruinas corriendo hacia Denis.
Denis lanzó la bomba a la bestia del sol, ésta explotó, dejando una gran cortina de humo y arena. La arena se metía entre los ojos, pero Denis se los tapó con las manos. En ese instante Denis sintió algo. Algo que se lanzaba contra él y que lo tiró al suelo. Disparó varias veces pero no parecía que le hubiera dado a lo que se le había abalanzado. Disparó y la pistola se le explotó en las manos. Ese algo había doblado el cañón del arma. De repente sintió babas cayendo sobre su cara. Pudo abrir los ojos y vio a la bestia del sol azul intacta. La bomba no le había hecho ni un sólo rasguño. Denis estaba estupefacto, no podía gritar, sentía tanto miedo que no podía gritar, sentía ese sonido dentro de su garganta atascado por alguna extraña razón. La bestia seguía quieta delante de él. El estaba en el suelo y ella sobre él con una mano sujetándole la garganta. Soltaba babas sobre él, y él sentía un gran asco a esas babas transparentes. Sus grandes colmillos rozaron la mejilla de Denis, al rato se alejaron unos milímetros y la bestia hacía un sonido parecido a la risa humana. No era igual sino parecido. Eso desencadeno un grito de Denis, y el grito era “¡Auxilioooooo!”.
Carlos, el cual estaba de pie observando la escena dijo:
-Nadie te escuchará Denis. No hay nadie en este sitió a parte de nosotros tres. Tuviste una oportunidad de salvar tu vida, y ahora no la tienes. Pues yo no soy tan tonto como tú para enfrentarme contra la ley del más fuerte de la naturaleza. Quiero decir: Ahora eres su alimento, los animales sólo cazan para alimentarse no por diversión. Tú pensabas cazar por diversión, ahora tienes lo que te mereces.
Diciendo esto la bestia siguió riéndose y comenzó a devorar los brazos de Denis, marcando sus colmillos en ellos. Carlos se alejó de la escena y se encerró en el coche de Eriaka. La bestía se alimentó de los brazos y las piernas de Denis. Denis miraba horrorizado como lo hacía y gritaba sin parar, gritos de miedo, asco y dolor. Ahora era un montón de carne que no se podía ni desplazar a menos que fuera arrastrándose, lo más parecido a una serpiente. La bestia se alejó, se puso de pie.
-¡Qué! ¡Matame! – gritaba lo que ahora sólo era una cabeza y un torso. – ¡Por favor, matame! ¡No ves que ya no le sirvo a Isaías! ¡Me dejará así y viviré así! ¡No me curará! ¡Por favor, te lo ruego! ¡Matame por lo que más quieras!
La bestia volvió a su forma humana. El traje elástico no se había roto, es más se adaptaba tanto a la forma humana como a la de bestia.
-No, no te mataré. Pero te daré una oportunidad para que mueras. ¿Ves esa carretera? Tienes que arrastrarte hasta ella y sólo morirás si un camión te arrastra o varios coches te pillan. Pero te advierto que por esa carretera poca gente pasa así que preparate para lo peor.
-¡No por favor! ¡Un disparo! ¡Sólo un disparo a la cabeza!
-No digas tonterías por favor. No mereces que te mate, ¿No lo entiendes? Eres escoria. Hasta para la bestia lo has sido, así que yo no me apiadaré de ti si ella no lo hizo.
-¡Por qué! ¡Te daré todo lo que quieras! ¡Serás una reina en el abismo de las arañas!
-Ja, ja, ja,… ¿Crees que voy a caer en religiones? Por favor no me compares con esa gente que va a la iglesia todos los domingos y se pasan la vida haciendo putadas. Adiós, Denis. Fue bonito tu desmembramiento mientras duró, ahora púdrete y reza esperando hasta la hora de tu muerte.
Y Eriaka se alejó. Entrando en su coche, en donde estaba Carlos en el asiento de al lado.
-Bien, ¿cómo sabias que quería ser yo quien condujera?
-Es tu coche, Eriaka.
-Por favor, llamame Erika.
-Vale.
-Y ahora vayámonos de este cementerio.
-¿Qué pasó anoche?
-Nada extraordinario. Sólo furia animal.
-Entiendo.
Eriaka arrancó el coche y se largaron por la carretera, mientras, Denis se arrastraba por la arena dejando un rastro de sangre hasta la carretera, y cuando llegó a ella, sintió como el sol le quemaba más. Sudaba y sangraba un montón, ahora era un amasijo de carne, sangre y sudor. Pasaron doce horas llenas de dolor, locura y de pedir a gritos que viniese alguien a matarle, hasta que un camionero despistado le arroyó y lo mató, otra vez.
El camionero no se bajó para ver si le había pasado algo, pensó que tal vez sería un animal del desierto, pues toda persona de la ciudad sabía que nadie vivía en aquel desierto. Además llegaba tarde a la entrega de la mercancía.
Eriaka conducía hacía alguna parte del desierto que creía segura, era un lugar apartado de donde antes estaba el laberinto, un lugar lejano a la ciudad y lejano al laberinto.
Estaba todo desierto, ni un sólo edificio, caravana, pueblo,… Nadie, ni siquiera animales. Estaban allí quietos dentro del coche.
Pasaron un buen rato sin hablar. Carlos no podía evitar preguntarse que se escondía tras todo este misterio. ¿Por qué? ¿Por qué este planeta y por qué Eriaka?
-¿Por qué? – se preguntó en voz alta.
-¿Por qué el qué? – preguntó Eriaka.
-Era una pregunta retorica.
-Así que ya estabas pensando en que mañana moriremos.
-¿Mañana?
-Si, mañana se acaba el plazo. Mañana a la misma hora que murieron Aiko, Denis y Taro, esa es la hora del comienzo del fin del mundo programada por Isaías. Y se suponía que a esa misma hora él y yo lucharíamos, pero veo que ha cambiado de opinión. Creo que lo que ahora quiere es destruir el mundo a toda costa, y por eso ahora tiene a tanta gente intentando eliminarme.
-Entiendo. Pero, ¿por qué tú?
-No lo sé. Nunca he sido una heroína, hasta hace poco cuando maté a aquella pelirroja. Cuando murió Jelena en mis manos sentí que por una vez había matado a alguien por algo justo. Era una sensación extraña, era como… Como si de repente hubiera solucionado un gran problema de muchísima gente, como si hubiera descubierto un antídoto y una vacuna contra el SIDA. Si, Jelena era como el SIDA.
-Pues si Jelena era como el SIDA, no quiero imaginar que será Isaías.
-El hambre del mundo, la gran cantidad de muertos por muertes estúpidas, un meteorito gigante apunto de estallar contra la tierra y que luego se estrellaría contra el sol,… No, no hay punto de comparación con Isaías. Y sigo sin explicarme el porque quisieron darme aquella oportunidad de concederme la vida humana completa, ni sé quien realmente estuvo detrás de aquella idea. Sigo sin creer en dios alguno que mi propia confianza y seguridad, no sé si eso es bueno o malo, pero no me hace mal y lo llevo bastante bien. ¿Pero por qué querían darle una segunda oportunidad a una delincuente de tal magnitud? ¿Por haber descubierto aquella vacuna contra el dolor en aquel sucio laboratorio? No lo sé, lo ignoro. Pero no puedo evitar preguntarme: ¿qué demonios está pasando? Me han dado siete años de descanso, siete años inútiles e idiotas, siete años en los que he descubierto que la vida de un ser humano normal es una putada. No te mentiría si te dijese que eché de menos mis poderes y mi rabia para poder disparar a una persona sin sentir pena. Si, eché de menos no tener sentimientos y matar a todo lo que me impidiera ser feliz a mi manera, eché de menos a Eanos,… eché de menos tantas cosas. Pero lo que tal vez más daño me hizo fue no tener a nadie que me ayudase, nadie que me dijese “Eh chica, no te deprimas nos pasa a todos, la vida es una putada, todos lloramos más de una vez al año sin quererlo, es algo normal, como el ir al servicio. Sigue así, sigue luchando por tú día a día y por ser una persona más como cualquier otra.”. Supongo que todo lo que se hace torcido no se puede enderezar.
-Eso es mentira. Tú naciste de tus padres, eso es cierto. También es cierto que ellos te dieron unas enseñanzas y las aprendiste, las captaste con tus cincos sentidos.
-Yo nunca tuve una buena familia. Mis padres se peleaban continuamente, y mis manos se mancharon cuando maté a mi propio padre después de presenciar como éste mató a mi madre a golpes.
-A sangre fría, tal y como dicen que sueles asesinar.
-Yo, realmente mi verdadero yo sólo ha matado a una persona, y esa persona fue mi padre. Y todos dijeron que él se lo merecía, supongo que habrás visto mi expediente policial. Todo aquel incidente del laboratorio.
-Una gran experta, una gran investigadora.
-Y una gran idiota que no se acordaba de lo que era la soledad. Que no se acordaba de lo que era sentir otra vez la pena. Ahora, en parte me siento en la gloría. Bueno no, mis poderes han cambiado desde su vuelta y no han alterado mi estado de animo, pero la bestia sigue teniendo la misma ira de siempre. Y en parte, la destrucción me tranquiliza.
-Eso me recuerda al increíble Hulk.
-¿De verdad te gustan esa mierda de películas?
-No, bueno… No me refería a la película, me refería al cómic. De todas formas el personaje en sí me recuerda a ti. Bruce Banner, la forma humana de Hulk, era un científico que también por culpa de uno de sus experimentos cayó presa de la bestia de Hulk. Y Hulk siempre se manifiesta cuando siente mucha ira, al igual que tú.
-Yo antes no era así, antes la ira se manifestaba de día. Sólo podía transformarme de día, y a veces no sentía ira, sino venía la sed de lucha de repente. Algunas veces era por ira, otras era como algo que te entra de repente… No sé como explicarlo.
-Si, que a veces te transformabas casi sin saberlo ni quererlo.
-Exactamente. A veces me sentía como poseída por la bestia.
-¿Y como Eanos…
-¿Qué como llegó el cabrón de Eanos a aprovecharse de mí?
-No quería decir eso.
-Si lo querías decir pero de otra forma más suave.
-Si, es cierto. Pero sólo era para que no te sintieras mal.
-Siento ser así, pero lo de Eanos me hace daño. En estos siete años siempre ha estado presente en mi cabeza, siempre he pensado que él fue quién me acogía por que yo era tal y como era, pero ahora no dejo de pensar que todo lo que hizo fue para aprovecharse de mí. Me enseño a disparar como él y todos sus trucos.
-Incluido su truco secreto.
-¿Qué?
-Todo maestro tiene un truco secreto y sólo se lo enseña al alumno que sepa que jamás le traicionará y el que quiere como sucesor. Suele ser su mejor truco, y el que le ayuda a eliminar a los enemigos que para él son invencibles.
-No sé. Si me lo enseñó, no me dijo que era su truco secreto. De todas formas, creo que has visto demasiadas películas.
-Créeme es cierto lo que te digo.
-Si, claro. Ja, ja, ja,…
-Un verdadero maestro siempre tiene algo que le oculta al alumno, suele ser un algo superior que él no ha de saber. Porque es algo que se deriva de sus enseñanzas y que le costó deducirlo en el pasado.
-Eanos no era un maestro, era un aprendiz. Un aprendiz como yo, dudo que se guardara algún truco para él, pero seguramente su maestro si se lo guardó.
-¿Y quién se supone que era su maestro?
-No lo sé exactamente, pero al parecer dice que fue alguien que vino de algún lugar lejano, o al menos eso me hizo deducir su lenguaje de “Oh el gran Hades, bla, bla, bla,…”.
-¿De otro planeta?
-Si, puede parecer un poco extraño pero lo cierto es que hay algo en Eanos que me hizo pensar la primera vez que le conocí en que no podía ser humano. Es cierto que es humano y tiene padres humanos pero al parecer desapareció durante diez años. Como sabrás, él era un investigador de la historia del mundo clásico, y su especialidad era el arte griego. Pues, un día, visitando el Partenón, desapareció misteriosamente. Y estuvo desaparecido durante diez años. Diez años después era el jefe de la secta del dios Hades. La secta existía antes de la llegada de Eanos, de hecho fueron los mismos miembros de la secta los que le atraparon, le convirtieron en miembro y, durante esos diez años de desaparición, le dieron sus premios por su obediencia.
>>Y cuando le iban a dar el titulo de jefe, tuvo que seguir las lecciones de un extraño maestro. Un hombre que desapareció en extrañas circunstancias. Ese hombre no se sabía si era humano, demonio o extraterrestre. Mi hipótesis es que era extraterrestre, pues no creo en los demonios y ése ser no podía ser tan invencible si fuera humano. Le enseñó todos sus trucos a Eanos, y luego, muchos años más tarde, Eanos me los enseñó a mí, pues su maestro desapareció años después de Eanos conseguir el titulo de jefe en la secta.
-Entonces el maestro de Eanos no fue un japones ni un chino, como se especula entre los policías, grupo de gente al que ya no pertenezco.
-Isaías también es un extraterrestre, es cierto que su planeta estuvo en el mismo sitio que el nuestro, pero son planetas distintos y eso hace que, para mí, sea un extraterrestre.
-¿Crees que el antiguo maestro de Eanos e Isaías están relacionados?
-No lo sé. Ya no me importa, ambos morirán.
Hubo otro largo periodo de silencio.
-Entonces, ¿Qué vamos a hacer? ¿Quedarnos aquí? ¿Huir? ¿Luchar contra Isaías y matarlo? ¿O con detenerlo será suficiente?
-Has de comprender, Carlos. He de matar a Isaías y a todo sicario que se ponga de por medio.
-Si, lo comprendo. Pero no comprendo porque ha de ser mañana y no hoy.
-Porque mañana será el penúltimo día antes de que se acabe el mundo. Sé que Isaías no atacará esta noche, mis poderes se vuelven más fuertes por cada segundo que pasa y casi puedo verle. Su plan es descansar y reunir fuerzas para mañana atacar a lo grande. Acuérdate de lo que te digo: has de descansar.
-Si, eso también lo comprendo. Pero has de entender que no puedo descansar con tantas cosas en la cabeza, nada más me acuerdo de ese loco extendiendo la palma de su mano hacía mí, y yo observando ese ojo, ese poder encerrado a punto de abrirse, esa fuerza infinita capaz de desintegrar cualquier cosa existente, la luz de la nada salida de una mirada. ¿Qué somos para él?
-Un montón de escoria, eso no lo dudes.
-¿Pero por qué?
-Hace muchos años, tantos que ni este planeta existía. Hace millones de millones de millones de millones de años, existía un planeta que giraba alrededor de un sol distinto. Era un planeta de seres maravillosos capaces de crear y de razonar sobre cualquier cosa que pareciese imposible.
>>Tenían cuatro jefes increíbles, a los que llamaban los cuatro dioses. Jelena (es decir Aiko), Kehen (es decir tu excompañero Raúl), Anubis (el que se llamaba Manuel), e Isaías (a este último ya le conoces bien). Los cuatro reinaban con una gran bondad absoluta en una gran parte de aquel planeta, tras años varios de guerra.
>>Hasta que un día Isaías tuvo una de esas experiencias cercanas a la muerte, durante el resto de ese día intentó buscar una explicación a todo lo ocurrido, una luz que iluminará la antesala de la muerte que él había vislumbrado durante unos instantes. Y ese día se encontró a gente que sabía sobre ese terreno tan desconocido para él, exactamente se encontró con siete guerreros capitaneados por una tal Miranda.
>>Los siete tenían poderes especiales, pero Isaías sólo se fijó en Miranda pues ella entre sus poderes poseía el de vivir entre los dos mundos: la vida y la muerte. Estoy acortando mucho, hay muchos sucesos que ocurrieron, demasiados, tantos que se podría hacer un libro de ellos. Todo esto lo sé porque he visto visiones de esa vida que llevó Miranda. Otro de sus poderes es ver el futuro y una fuerza característica de los de su especie, que sumada a la mía da una gran fuerza. Sin embargo no me ha cedido todos sus poderes, sólo unos pocos.
-¿Quieres decir que los poderes de Miranda son tus poderes?
-No, por lo menos no todos. El poder de transformarme en la bestia del sol, es mío. Sin embargo, la unión con sus poderes me ha dotado de más fuerza, y la bestia ha sufrido una transformación. Pero no me ha cedido toda la fuerza, porque se la guarda para el último combate: la batalla final para salvar la tierra.
>>Miranda murió en circunstancias sospechosas. Jelena estaba convencida de que Isaías fue quien la mató por una discusión que tuvieron, la discusión no sé por qué fue, sospecho que era porque Isaías estaba convencido de que existía un Dios y Miranda no. No sé con exactitud que ocurrió, no sé si Miranda murió a manos de Isaías o fue que Miranda decidió irse para siempre al otro mundo. Lo que sé es que Miranda fue la primera de los siete guerreros en morir y que luego Isaías luchó para atraparlos y matarlos por herejes a la religión de los cuatro dioses, la cual ahora tenía un nuevo añadido: existía un Dios que creó el universo y que eligió a los cuatro dioses para dominarlo. Miranda vio la muerte de sus compañeros desde el otro mundo y juró vengarse, algún día.
>>Isaías logró matar al último de los guerreros, justamente el único que podía llegar a derrotarlo, ya que era inmune a cualquiera de los poderes de Isaías y era tan fuerte como él, fue la batalla más grande de todos los tiempos. El ser se llamaba Ergol, y tenía justamente la espada que años después llevó el más grande de los guerreros de todos los tiempos del planeta Tierra, no me refiero al rey Arturo y Excalibur. Pues Excalibur no era la espada de Ergol, pero era otra más fuerte y era la única con el poder suficiente para partir en dos el ojo de la mano de Isaías si se le aplicaba todo su poder en un golpe.
-¿Todo su poder?
-Es una espada encantada, es como si tuviera vida propia. Se piensa que un demonio fue quien la creó para crear discordia en aquel maravilloso mundo. Básicamente el poder de la espada se limita a romper encantamientos en quien la sostenga y triplicar la fuerza del poseedor de ésta. .
>>Volviendo a la batalla más grande de todos los tiempos, Ergol murió por culpa de que Jelena se interpuso pillando a Ergol desprevenido en su lucha contra Isaías. Fue una final vomitivo, indigno de aquella lucha, ella lanzó una flecha que atravesó su cuerpo justo cuando él estuvo a punto de terminar, justo cuando Isaías iba a recibir un golpe que acabaría con su vida de dios. Lo que hace el amor.
>>Al terminar la lucha probaron una droga con la que habían estado experimentando en los cuerpos de algunos sirvientes. Era una droga que te mantenía durante una hora y diez minutos en el otro mundo, lo suficiente para matar al ser que creían que era el ser supremo que lo había creado todo. Su sospecha erradicaba en el ser que dice quien va al cielo y quien al abismo de las arañas. Pero este ser tardó muy poco tiempo en echarlos al abismo de las arañas, tan poco que ni ellos notaron su presencia. Ellos sufrieron durante millones de millones de millones de millones de años en aquel infierno, Miranda les castigó durante todo ese tiempo. Luego desapareció y ellos fueron los encargados de los castigos. Tras un tiempo todos desaparecieron menos Isaías, el cual tras varias sospechas dedujo que algo debía de estar pasando en aquel nuevo planeta.
-Una pregunta tonta. Has dicho que Jelena estaba enamorada de Isaías. ¿Ellos eran y son pareja o no?
-Eran pareja, ya no. Como te dije, Jelena está muerta. La bestia que habita en mí la mató con sus propias manos y devoró cada milímetro de su ser. También absorbí los poderes y la fuerza de Jelena, multiplicando más el poder de la bestia del sol. Sin embargo aún no era suficiente con dicho poder para poder optar a derrotar a Isaías, y entonces vinieron las visiones de la espada y la historia de ésta en aquel mundo pasado y en éste.
>>Fue entonces cuando una visión me reveló un lago cercano a donde yo estaba en ese momento. Vi como un hombre ordenaba a que lanzarán su espada en aquel lago, y vi como cuando la lanzaron y ésta iba a caer al lago, una mano la sujeto de su empuñadura y descendió en el agua junto con la espada.
>>Debía de nadar, debía de encontrarla. Así que me lancé al lago en busca y captura de la espada demoniaca, y fue cuando nadando vi una dama en el fondo del mar que la sujetaba. Cuando la dama me vio huyó por una cueva subterránea. Volví a la superficie, necesitaba el material de buceo adecuado para poder pasar por aquella cueva y conseguir hablar con la Dama del Lago, e intentar adueñarme de la espada.
>>Fui a una tienda cercana al río donde vendían materiales de buceo, pesca, acampada,… Cuando el tendero vio que iba a comprar tantas cosas no se sorprendió.
>> -Tres bombonas de oxigeno, mascarilla, traje de buceo, gafas de buceo,… Así que usted también la ha visto. Es extraño, hasta hoy sólo la habían visto hombres y todos ellos se enamoraron de ella perdidamente, con tan sólo observar su mirada. Se habla de un maleficio. ¿También usted se ha enamorado de ella?
>> -No diga chorradas, hay algo más interesante ahí abajo que ella.
>> -¿El qué?
>> -Usted lo sabrá seguramente mejor que yo.
>> -Chica lista. Así que busca un gran tesoro. Pues que sepa que quien se ha atrevido a entrar en aquellas aguas nunca ha salido con él en sus manos.
>> -Así que es cierto que la Dama del lago guarda un gran tesoro además de una espada que sostiene en su mano.
>> -Veo que de verdad la ha visto. Es peligrosa. Créame, todo aquel que se a atrevido a intentar alcanzar el tesoro al siguiente día amaneció muerto a las orillas del lago. Y siempre faltaba algún miembro de su cuerpo. La Dama del lago es un demonio, el párroco de nuestra localidad se dedica todos los domingos a bendecir el lago e intentar expulsar a los demonios. Al poco tiempo de empezar a lanzar sus oraciones montones de olas y maremotos ocurren en el agua, es algo espectacular, tanto que en el pueblo cercano al lago todos son creyentes en la religión católica.
>> -Hace dos días maté a un demonio con mis propias manos, no me importará matar otro y seguir sin creer en la iglesia.
>> -Créame. Esa mujer sólo trae problemas.
>> -¡Qué novedad! ¡Y cuál de nosotras no trae problemas a donde va!
>> -Pero pocas traen un problema tan grande como la muerte de millones de jóvenes. Ese lago está maldito, nada podrá destruirla, es el mismísimo diablo. Todos los domingos veo su poder contra el poder de Dios en la misa del párroco. Aquellas increíbles olas sin viento, aquel tornado que asciende al cielo,… y la espada, la misma espada que se llevó a mi hijo. Los vuelve locos, les promete la espada, les… – Me acerqué a él y posé mi mano en su frente. – ¿Se puede saber que hace?
>> -Silencio.
>> El hombre puso sus ojos en blanco y viajé a su mente. Allí la vi, la Dama del lago, la invencible señora del lugar. Y vi una historia, la misma que él hombre no quiso contarme.
>> El hombre era un gran pescador, tenía una familia feliz, y vivía pacíficamente en aquella tienda, la cual era un negocio de familia que había pasado de generación en generación.
>> Él estaba con su hijo en un barco pescando y contando historias de pescadores y chistes de pescadores. El hijo replicaba diciendo que esos ya los había oído antes, luego el padre le decía que se aguantaba que de algo tenían que hablar y en ese momento siempre llegaba a picar el pez. Pero ese día estaban muy nerviosos, no picaba ningún pez y se adentraron en una nueva zona desconocida para ellos, echaron las cañas y lo que picó no fue un pez. Un gran movimiento de aguas tuvo lugar cuando el hijo cogió la caña e intentó alzar a su presa. El padre le ayudaba, creían que era una pieza grande, un lujo que contrarrestaría aquel fatídico día. Entonces el ser se hartó y subió a las aguas a ver que pasaba.
>> Salió ella, la Dama del lago, del agua y ellos cayeron al suelo por reacción de la fuerza ejercida. La mujer tiró de la cuerda y se desenganchó las cañas. Miró a los pescadores y dijo con aire solemne:
>> -Largaros si no queréis probar el filo de la espada.
>> El chico se levantó y respondió, mientras el padre seguía tumbado quejándose del dolor de la caída y sorprendido por la imagen:
>> -No, nosotros sólo somos pescadores, no queremos otra cosa que pescar y como no pescamos nada hemos venido a esta zona y tenemos derecho a pescar aquí. Me da igual lo que seas, me han contado mucho sobre las criaturas del mar y…
>> -¡Cuentos de pescadores! Todos creéis en alguna mentira. Bien, bien,… Ya veo que eres joven e intrépido. ¿Doce años verdad? Doce años y aún crees en la fantasía de esos pescadores del pueblo.
>> -Señora, entienda que nosotros sólo queremos pescar. No queríamos molestarla.
>> -Pues lo habéis hecho, y como no os disculpéis y os vayáis me enfadaré mucho. La verdad, no sé a que viene este atrevimiento. Mira a tu padre y verás como el tiene miedo, no entiendo como un niño de doce años puede ser tan atrevido e idiota. Tal vez debería matarte, si matarte y darte de comer a los peces.
>> -Perdón señora, no queríamos hacerle daño – decía el padre. – ya nos vamos…
>> -Demasiado tarde.
>> La mujer rápidamente partió en dos diagonalmente al hijo, ante el escenario el padre sacó una escopeta que guardaba en su barco (siempre por si acaso venían ladrones a atacarles) y disparó a la Dama. La bala alcanzó el brazo de la mujer y ésta grito más fuerte, tanto que sintió como sus tímpanos les sangraban, y el movimiento del agua era fuerte, olas gigantes hicieron que el barco se volcará y el hombre cayera al mar.
>> Nadó, nadó buscando la orilla. Sabía que aquella mujer no tardaría en encontrarle si no llegaba pronto a la orilla. Las olas eran muy grandes, y sentía que, a veces, su cuerpo era desplazado y volcado al antojo del mar, pero en el fondo sabía que las olas llevan a una orilla. Aunque ella era diabólica y bien podría hacer que las olas no tendieran a una orilla sino a un centro.
>> Pero por suerte para él, al parecer ella le había perdido la pista, o eso o pensó que bastante condena le quedaría al hombre con pensar que ya no le quedaba el legado de su hijo de doce años durante su vida. Si, llegó a la orilla y caminó sin descanso hasta que consiguió llegar a su tienda, donde su mujer lloraba ante los restos del cuerpo muerto de su hijo, encontrado por la policía en la orilla.
>> -No pude hacer nada.
>> -No es tu culpa.
>> Y juró que nunca más volvería a pescar, no sin cazarla. Los mejores hombres del pueblo prepararon redes, pistolas, escopetas,… Y se metieron en varios barcos para luchar contra la amenaza. Su mujer no paraba de rogarle que no fuera, que por lo más sagrado del mundo se quedará, que había perdido a su único hijo y que él era lo único que le quedaba, que no soportaría aquella soledad,… Y así que él con las llaves en la mano, un montón de cajas con armas y comida se quedó en la puerta de la casa, quieto sin saber si salir o quedarse. De fondo el sonido de su mujer llorando. Soltó las cosas se fue hacia ella y le juró que jamás intentaría atacar a la Dama del lago, que se quedaría con ella y nunca volvería al lago ni para pescar.
>> El resto de hombres fueron. Pero aún así nada pudieron hacer, cada vez que ella se hundía en el agua se recuperaba de todas sus heridas, y cada vez que salía a la superficie mataba a alguien, partiéndolos en cachitos.
>>No sobrevivió nadie, todos aparecieron en la orilla muertos. Y entonces nació la leyenda de que existía un tesoro debajo de aquellas aguas, un tesoro que la Dama del lago protegía. Pero después de tantas muertes fue el párroco quien decidió atacar con una misa todos los domingos para purificar el lago, pero siempre era la maldad de la Dama del lago la que ganaba y eso todos lo sabían. Por muchas oraciones que rezará, su poder siempre salía a la superficie matando a cualquier buscador de tesoros o pescador que se acercase a su zona del lago. Aún así no hubo nunca incidente alguno en aquellas misas, es más ella nunca salió a la superficie cuando el párroco estaba delante gritando sus oraciones. Pero el agua se movía y no hacia nada de viento, y hasta torbellinos de agua tenían lugar. Para los que observaban era como si el mal y el bien lucharán por ver si ella se largaba o se quedaba. Pero siempre ganaba el mal y al siguiente día otro pescador o cazador de tesoros salía muerto, partido en trozos, a la superficie.
>> El tendero llegó a tener dos hijos más, una hija preciosa que se casó con un hombre de negocios y un hijo que terminó sus estudios con notas altísimas y ahora trabajaba en Estados Unidos. El negocio jamás tendría herederos, cuando el tendero y su mujer murieran, nadie llevaría adelante el negocio familiar. Sus hijos venderían la tienda y los objetos para repartirse las ganancias, y así terminaría el negocio que generación tras generación fue pasado de unos padres a unos descendientes.
>> A veces no dejaba de culparse por lo que ocurrió con su hijo muerto. Si él hubiera vivido, él habría sido el heredero del negocio, él y nadie más. Nunca lo hablaba con su mujer pues juro no hablar del aquel hijo perdido ni de la Dama del lago delante de ella, pero se culpaba y luchaba contra su culpabilidad cada vez que recordaba la cara de aquella mujer, aquel rostro de muñeca de porcelana con cabellos de oro y ojos negros como dos abismos por los que asomaban las tinieblas, ese traje blanco y aquellas cadenas plateadas que colgaban de él, para adornarla, y la espada, sobre todo la espada, no podía olvidar la espada llena de la sangre y vísceras de su hijo. ¡Con que facilidad ella se llevó doce años de aprendizaje y supervivencia! Sólo tuvo que mover su brazo de izquierda a derecha, ¡Una sola estocada! ¡Un sólo golpe! Y no le causó los sudores ni el sufrimiento que la madre tuvo al parirlo, ni tampoco lo que los padres lucharon para que su hijo sobreviviera de enfermedades y que aprendiera las cosas básicas de la vida: gatear, andar, correr, hablar,… ¡Nada! ¡Esa mujer no pasó ni por una sola de dichas sensaciones! Merecía sentir lo que era tener una descendencia destrozada, una rama cortada que nació de ti, y que estaba creciendo y haciendo su historia.
>> Sentí esa ira. Ya no quedaba nada más que ver de la mente del hombre y aparté mi mano de la frente del hombre. No había más clientes que yo allí. Los ojos del hombre volvieron a su forma original.
>> -¿Qué ha hecho?
>> -Ha recordado algo, ¿Cierto? Pues eso mismo yo lo he visto. No quería dramatismos ni historias inconclusas así que directamente lo he visto todo de su mente. Cazaré a la asesina y le traeré su cabeza, se lo prometo.
>> -¡Pero está loca! ¡Ni los mejores hombres del pueblo pudieron cazarla!
>> -No, no estoy loca. Matarla será seguramente nuestra última esperanza.
>> -Pero es que ya no hay esperanza. He cumplido con mi vida, todo ha terminado.
>> -No, usted sufrió, y ella ha de sufrir por todo lo que hizo. Porque ella jamás estará dispuesta a aprender el vivir, porque ella jamás querrá ser como los demás,… Porque ella ha de morir.
>> -Está loca, definitivamente.
>> -Volveré y le traeré la cabeza de aquella mujer, se lo prometo.
>> Apenas salir de la tienda un hombre se colocó justo delante mía. Llevaba un hacha.
>> -¿Qué quiere? – le pregunté.
>> -He oído todo. ¿Así que piensa matar al demonio sola?
>> -Si, porque no. Todo siempre lo tengo que hacer yo sola así que lo haré sola.
>> -Y ha pensado en que necesitará ayuda, al menos, para sacar todo el tesoro de debajo del mar.
>> -Ya veo a donde quiere llegar.
>> -Un cincuenta por ciento del tesoro y le ayudaré a sacar todo lo de allí con mis maquinas.
>> -Un cincuenta por ciento, que timo ¡Ni que fuera usted el que va a derrotar al demonio!
>> -Esta bien, esta bien. Qué le parece un sexto del tesoro.
>> -Y qué te parece un diez por ciento.
>> -Una cantidad muy interesante, teniendo en cuenta la gran cantidad de joyas y oro que la Dama del lago esconde. Seguramente seré un hombre muy rico cuando tenga ese diez por ciento.
>> -¿Acepta la cantidad?
>> -Si, me parece razonable, más que nada porque quería llegar a una oferta con usted.
>> -¿Y se puede saber cómo piensa sacar todo ese tesoro?
>> -Tengo una grúa y un gran barco que la contiene, eso le ayudará a sacar el tesoro en poco tiempo.
>> -Perfecto.
>> Llegamos al lado prohibido del lago en pocos minutos y casi sin pensarlo me acerqué a la orilla. Mi acompañante se alejó varios metros, y yo me puse a decir en voz baja en dirección al lago:
>> -Dama del lago, hemos venido con una sola intención: que pague por sus crímenes. El precio será: su vida, su espada y su tesoro.
>> La mujer salió de las aguas sosteniendo una espada brillante, fina, de grandes dimensiones, con una empuñadura cilindrica a la cual le rodeaba una piel de cuero marrón,… Era muy parecida a las espadas medievales, pero aquel brillo era espectacular. No, no podía estar hecha de algún material de este planeta, de eso no cabía duda, era la espada con la que Ergol estuvo a punto de matar a Isaías.
>> -Ja, ja, ja, ja,… – dijo ella. – Estúpidos humanos, yo nunca muero, yo siempre vuelvo.
>> -Oh, que bien. Y yo también. – dije, mientras esquivé un golpe vertical que iba a partirme por la mitad.
>> Su fuerza era monumental, cada golpe de esa espada provocaba olas y movimientos de agua, y si la tierra rozaba su hoja, podía ocasionar un pequeño temblor de tierra.
>> Rápidamente disparé cinco balas, yo nunca fallo, pero esas cinco balas chocaron contra la espada, y fueron devueltas hacía mí. Las esquivé pues sabía donde iban a caer, y ella se puso a reír.
>> -Tus balas no te servirán…
>> -Callate bruja del lago.
>> Solté el arma y dejé que la bestia que habita en mí alcanzara su máxima forma para derrotar a aquel ser… Entonces fue cuando descubrí que el haberme tragado el cuerpo de Jelena me había aportado toda su fuerza y alas. Eran dos alas blancas y más fuertes que las de ella, pues mi fuerza las mejoraban. Furiosa, la bruja del lago lanzó la espada hacía mí, y la esquivé, volé hacía la dama y de un puñetazo la lancé varios metros lejos de la orilla. Y noté por los movimientos del aire que la espada seguía moviéndose y como un búmeran volvió hacía mí, girando en círculos sobre su propio eje. Noté que la mano de la dama del lago se movía en la dirección a donde quería que la espada fuera.
>> Creo que pensé en ese momento que sería más difícil de lo que había imaginado en un inicio, Esquivaba la espada, mientras ésta me seguía en el aire. Mientras la dama del lago estaba tumbada en la tierra y sólo movía su brazo, no sabía si estaba ella medio derrotada por el golpe o si no podía sobrevivir en medio terrestre por mucho tiempo, pero observé que su cabeza sangraba del golpe y ella parecía afectada, así que supuse que si ella se metía debajo del mar se curaría del todo, por tanto debía de planear algo para matarla de una vez por todas.
>> Así que me dirigí hacía ella, y la espada no paraba de seguirme. La bestia no sería dañada, debía de planear que parte del cuerpo debía de sufrir el golpe. Tal vez era la cabeza la que debía de ser dañada, un golpe rápido y esquivar la espada, lo suficientemente rápido para matarla y que la espada cayese al suelo.
>> La dama del lago seguía quieta, supongo que confiaría demasiado en que la espada sería más rápida que yo en dar el golpe. Pero yo tenía esa fuerza que la mataría, yo no había golpeado antes lo suficiente fuerte, y ahora sólo quedaba jugarme la vida en el golpe. Golpear y perder unos segundos en esquivar la hoja, para que tras el movimiento, ésta quede clavada en la tierra.
>> Y entonces vi la trampa, la espada podía volar más rápido de lo que yo creía, así que volví a subir al cielo para coger más velocidad. Para ello tuve que esquivar varios arboles, que la espada cortó luego por su paso, y alzarme al cielo poco a poco. Por suerte podía caber entre esos arboles con alas incluidas, y pude elevarme casi sin contratiempos. Me alcé lo más alto que pude y, velozmente hice un calculo de la trayectoria de donde estaba la cabeza de la dama y bajé lo más rápido que pude. La espada y yo estábamos igualadas de velocidad y a una distancia que me daba cierta ventaja de unos dos segundos para apartarme tras el golpe. Pues cuando la bruja muriera la espada seguramente seguiría girando en la misma dirección por inercia.
>> Sentí como causaba un gran movimiento de aire al caer, y cuando mi puño atravesó el cuello de la dama del lago cause un temblor de tierra. Y en un segundo y medio me aparté, por poco la hoja de la espada roza mi oreja, la cual cayó cerca del cadáver de la bruja, hundiéndose en la tierra completamente. No causó ningún pequeño terremoto, supongo que era porque el poder de su dueña ya no estaba presente, me acerqué a sacarla como si yo fuera un futuro rey Arturo pero no había manera. Lo intentaba una y otra vez y no pude ni con toda la fuerza de la bestia del sol. Entonces, porque caí al lado del cadáver en uno de mis intentos de sacar la espada, observé una cosa muy curiosa en el cadáver de la dama del lago, vi que ella tenía un guante del mismo cuero de la empuñadura de la espada. Volví a mi forma humana y le quité al cadáver el guante y me lo puse en mi mano.
>> Sentí como si el guante me poseyera. Noté esa fuerza abismal, noté como me dominaba y sentía ganas de matar, no sabía a quien ni como pero sentía inmensas ganas de matar a alguien siempre y cuando manchase la hoja de la espada de sangre y vísceras. Muchas tripas, necesitaba ver tripas humanas, o de demonio, o de animal sangrando. Extendí mi mano del guante en posición casi horizontal y moví mis dedos hacía la palma. Recuerdo como la espada vino a mí.
>> Lo siguiente que pasó no quiero contarlo. Sólo te contaré que el dueño de aquella tienda en donde compré todo aquel material de buceo ahora se encuentra viviendo en Estados Unidos, y es dueño de un chalet vecino al de su hijo. Vive ahora allí con su esposa. Ellos son ahora muy felices con el 90% del tesoro y la cabeza de aquella bruja.
>> Recuerdo que en aquella noche murió mucha gente mientras viajaba, no era mi culpa, era la espada, juro que era la espada. Hasta que no sentí el dolor no pude quitármela. ¡Controló a la bestia! ¡Nos controló! Ella es la asesina.
-¿Y como conseguiste liberarte de ella?
-No lo sé, no sé si quiera si la misma espada se hartó de matar a gente y se dijo “Ya está bien por hoy.”, pero lo que si sé es que cuando me pude quitar aquel guante lo guardé en uno de los dos bolsillos de este pantalón y no he querido ponérmelo desde entonces. No sé lo que pasará cuando me lo vuelva a poner, lo mismo mató a más gente que a menos, o lo mismo puedo llegar a controlar la ira. No sabes lo que fue aquella ira, era como si todos los momentos en los que enfureciste en tu vida estuvieran juntos en uno solo, y la espada fuera como una guía que vacía esa furia. Pero sientes más y más… Creo que la dama del lago era el guardián que protegía a la espada de gente como yo, que no sabía manejarla, o puede que la ira de morir se transmitiera a la espada encerrando aquel encantamiento. Si es lo primero, debo decir que la bruja tenía mucho aguante para soportar aquella ira, y si es lo segundo, menuda hija de puta si es lo segundo.
-Ja, ja, ja,…
-Tú te ríes, pero murió mucha gente aquella noche. Sentí como la ira de la bestia se multiplicó. – “Si me transformo no sería yo quien matase. Si cojo el guante y me lo vuelvo a poner y me transformo nadie notará el pecado, no habrá muertos por mi causa… Necesito ese licor… ¡Pero que cosas digo! Maldita espada.” – No sabes lo que podría pasar si volviese a tocar el puño de ese arma.
-¿Y donde se fue la espada?
-¡Yo que sé! Desapareció nada más quitarme el guante, pensé en volver a ponérmelo para comprobar si la espada había sido destruida o algo pero no quería que muriese más gente. Supongo que yo sólo he nacido con un poder y para controlar a una bestia, no para controlar a dos. ¡Pero quien sabe! Tal vez su poder ya se ha pasado… ¿Y si lo ha hecho?
De repente aparecieron entre rejas. ¿A donde había ido el coche? ¿Dónde estaban? Sin duda había sido Isaías, el cual no podía esperar más. Si, era él.
Estaban en un altar, el mismo donde años atrás Eriaka resucitó a tres personas. Eanos, Taro, Kehen , Anubis, e Isaías se encontraban alrededor de la jaula. Un publico de gente, los mismos que hace años atrás veneraban al dios Hades y más gente que se dedicaba al trabajo sucio de las mafias de Taro y Calypso, observaban atentos. Isaías tenía una parte de la cabeza rodeada de un metal, se notaba que le habían operado tras el disparo de Carlos. Isaías era quien hablaba ahora, todo el resto de personas permanecía callados y miraban.
-Ahora – decía Isaías. – aprenderemos algo valioso. Aprenderemos que es el valor del amor. L’ amer, y es que sabes… Aquí está la que antes amaba a Eanos, y Eanos le amaba a ella. Aquí está la que fue amiga de todos, y ahora… Ahora se junta con policías y hace el buen trabajo del orden. Ahora traiciona a su antiguo amigo y amante, ¿Qué le parece a Eanos?
-Eanos, puedes creerte lo que quieras – dijo Eriaka – y a quien quieras. Pero nadie me quita de la cabeza dos cosas: una, que tú jefe es un gilipollas y un mentiroso, y dos, si le sigues y le crees antes que a mí dejaré de ser tu amiga y pasarás a ser un policía para mí. Y ya sabes a donde van a parar los policías que caen en mis manos. Lo mismo digo a toda la gente que estáis allí. O estáis conmigo o sin mí.
-Pero Eriaka sabes…. Sabes que tienes a un policía al lado tuya y ¿Quién es?
-Es amigo mío, su nombre es Carlos y no es policía desde que te pegó un tiro en la cabeza.
-Si… Una lastima que ya no pueda ser policía y tener el sueldo de antes. ¿Verdad Carlos? En fin, matarlos.
-Pero señor – replicaba Eanos. – no ha dicho porqué hemos de matarlos.
-Creo que he sido muy claro, Eanos. He dicho que los matéis y punto. Si no lo hacéis ya sabéis cual es el castigo que os espera.
-Pero y el pecado contra Hades.
-Ja, ja, ja,… Bien, bien, yo ahora soy tu Hades… Uhhh soy Hades, el gran dios de Eanos y te ordeno que mates a los presos… Uhhh matalos Eanos, matadlos gente, matarlo entre todos. Quien me traiga la cabeza de Eriaka tendrá un gran premio en su vida infernal. ¿Te ha quedado claro?
-No. ¿Por qué he de matar a ella si es la bestia del sol y es la que puede matarnos fácilmente? ¿Acaso planeas enviarnos a la muerte a todos?
-No hay porqués ahora, Eanos. Haz lo que te digo y punto.
-Bien, – dijo Eriaka sacando un guante de su bolsillo. – yo os daré una razón para no matarme. Isaías, si alguien me toca un sólo pelo a mí o a Carlos me pondré este guante.
-No, no puede ser. Ése no será… No, no lo es. Si la dueña es…
-La dama del lago está muerta. Su cabeza se despegó de su cuerpo, sabes… Hago ahora bien tu número del “Sabes”, sabes… Parezco más peligrosa así, sabes…
-Hija de puta, morirás como una cerda. Yo seré quien te mate, con mi espada.
-Bien, pues yo seré quien te mate con la mía.
Eriaka se puso el guante y la espada apareció en sus manos. Sintió aquella ira otra vez, y sonreía de forma estúpida, como el que sabe que va a ganar y que está ante un montón de gente que se merece perder. Se lo merecen, por haber matado a tanta gente, se lo merecen por obedecer a Isaías, se lo merecen… Hasta Eanos se lo merece.
-Ahora no respondo de mí misma. ¡No tendré piedad ni con todo aquel que no me siga!
Con la espada rompió los barrotes y al salir Isaías la atacó con su espada y ella se defendió con la suya. Ella solamente la sostenía con una mano, Isaías sostenía la suya con las dos y sudaba sin parar. Él sufría, sentía que perdía sus fuerzas y lo peor de todo es que ella no se había transformado en bestia todavía. Los ojos de Erika habían cambiado tanto, ahora eran enteros de color violeta (hasta el globo ocular), Isaías intentaba sostenerse en pie pero la fuerza de Erika podía con él y terminó en el suelo con su espada incluida.
-Sabes… Todavía no has sentido todo mi poder bestia del sol, luego nos veremos, siempre y cuando seas capaz de acabar con todos ellos. Matadla muchachos.
Isaías desapareció y un montón de gentes se abalanzaron disparando, disparos que chocaron contra la espada y revotaron en las pieles de las mismas gentes que los habían disparado. Eriaka seguía sonriendo, ellos empezaban a tener miedo, pero aún así se armaron de valor y fueron a por ella con cuchillos, navajas, puños,… Y todo aquel que se acercaba a ella era partido en trozos. Ella seguía sonriendo, ellos estaban petrificados y algunos gritando al comprobar que la puerta de la sala era brindada y estaba cerrada con llave.
Se acercó dando pequeños pasos y matando a todos lo que estaban cerca, ellos retrocedían hasta la pared de la puerta, todos querían ser el que estuviera más cerca de la puerta, todos gritaban, todos sangraban, a todos se les salieron trozos de intestinos grueso y delgado, a muchos el estomago soltó liquido que no era sólo sangre, al ser éste atravesado por la hoja de la espada, a otros les partieron el corazón de verdad, demasiados sintieron que les faltaban esa parte que siempre habían tenido de su ser,… Qué no despertarían al día después y dirían que todo ha sido un mal sueño, qué tampoco llegarían a casa y dirían “que noche más mala, menos mal que ya todo acabo.”. No, porque todo no se acabo para todos ellos, para todos ellos empezaba una nueva vida en un abismo en que las arañas le devorarían lo poco que quedaba de ellos, y se sentirían peor que ahora. Si, todo será peor mañana, nada irá bien para todos ellos.
Quedaban en la sala Eanos, Taro, Kehen , Anubis, Carlos y Eriaka. Ya sólo quedaban: Eanos, Taro, Kehen y Anubis por matar. Sólo quedaban cuatro a los que hacer gritar de dolor, sólo quedaban cuatro a los que destripar, ¡Pero que cuatro! Eriaka se lo pasaría bien con esos cuatro,… Eriaka… Eriaka había vuelto, la asesina había vuelto, con la espada no había ya nada de pena en su ser. No, sólo había ira, y más ira, y más y más ira. Erika ya no quedaba en ella, y con aire solemne dijo:
-¿Quién quiere ser el próximo cadáver destripado? Ya avisé que no tendré piedad con nadie.
Eanos temblaba de miedo, al igual que Taro, y los otros dos intentaban mantenerse en calma, como diciéndose que todo pasará y que al día siguiente estarían tomando café en algún bar después de haber dormido durante toda la mañana. Eriaka sacó su pistola con la mano con la que no sujetaba la espada, y mató de un disparo en la frente a Taro.
-Vuelvo a preguntaros, ¿Quién quiere ser el próximo cadáver destripado?
-Yo ya no temo a nada. – dijo Kehen con el aspecto humano de Raúl.
“Eh de irme.”
-Como los antiguos tiempos, ¿Eh Raúl?
-Esta vez no te será tan fácil. – dijo sacando su pistola y tirándola al suelo. – Sé que no me servirá de nada, ahora verás mi nueva fuerza.
“El silencio, la estancia se estrechaba. ¿La hora de mi muerte? ¿Miranda muerta? No, Isaías no lo permitiría.”
-Eh Raúl – dijo Carlos desde la celda – ¿No me recuerdas? ¿Soy tu amigo?
-¿Amigo? ¿Tú? Por favor, ya acabaré contigo cuando terminé con ella.
“Y Miranda estaba ahí, de píe, calmada hablando tranquilamente con Isaías, hasta que saltó una voz de alarma. ¿Un traidor?”
-¿No recuerdas? La comisaría, el caso de la pelirroja,…
-Claro que lo recuerdo, Carlos. Y por eso te mataré. ¿No lo entiendes? Ahora soy uno de los otros y me encanta, me encanta ver como sufren cuando les mató, además Isaías me ha prometido un regalo que no puedo rechazar.
“Kehen lo decía, gritaba sin parar que era yo. Yo jamás fui el traidor. Si tú no lo eres al menos podrías usar tus poderes para adivinar quien fue, decían, pero no era tan sencillo. No podía usar mis poderes. La comida. Kehen gritando traidor justo dos horas después de la comida. Digestión. Si, eso pude ver.”
-¿Cuál? ¿No te referirás al fin de este planeta?
-No, eso me es indiferente. El regalo es muy sencillo, seguramente ya Denis te hablo de su regalo, el mío es similar sólo que contiene a dos “amigos” a los que torturar. Seré breve, tú y Adrián sufriréis todo lo que yo deseé.
“Era él. Él quiso que me matarán para que no viera el terrible delito. Era él el culpable, y a mí me tocaba cargar con su culpa. ¡A mí!”
-¿Y Manuel? ¿No sientes rencor de él?
-No, él ya no es Manuel, él es Anubis. Al igual que yo soy Kehen. Agua y fuego.
“Pero él murió, tarde, pero murió. Y yo desaparecí, tras ese rayo de destrucción de la mano de Isaías. Te lo mereces, me decía Isaías, él cual no podía evitar la tristeza, pues en el fondo sabía que Kehen tenía la culpa y que yo debía de cargar con el castigo de otro ser. Él debía de haber sido castigado, él era el traidor y ambos callaron, cargándonos la culpa a los guerreros como yo y ordenando exterminarnos como ratas.”
-Así que… – decía Eriaka. – El dios del fuego se decide a morir otra vez o por el contrario piensa ayudarnos.
-¿Ayudaros? Ja, ja, ja,… Por favor, yo no soy como vosotros. ¿No ves que os veo como animales? Tanto a ti como a Carlos, los dos sois mis bichos preferidos, sólo falta Adrián. Pero no me importa, ya me divertiré con él y con Carlos en el día del fin del mundo. Ja, ja, ja,…
-Estás loco.
-¿Lo has visto Eriaka? ¿Sabes algo verdad? Porque tienes los poderes de Miranda, ¿No es cierto?
-¿Y tú que sabes?
-¿Es cierto qué sabes la verdad?
-Y si lo supiera, ¿Qué pasaría si lo dijera aquí delante de Anubis?
-Nada, ya aquel mundo acabo, como acabará éste.
-No hables por mí, Kehen. – dijo Anubis. – Deja que Eriaka lo cuente. ¿Qué ocurrió?
-Recuerdas, Anubis, recuerdas la muerte misteriosa de Miranda. Aquel día se dijo que ella era el traidor, pero el traidor es tu amigo Kehen, el cual, con la ayuda de Isaías, la mató. Por eso comenzó a enloquecer Isaías, porque mató a una inocente y dejó vivo al culpable.