Cosas tendiendo a cero

“She was a mink handjob in sarcophagus heels”

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La noche no era mala hasta que llegó el amanecer (Epílogo de la segunda parte)

Publicado por Griseo Mitran en Abril 19, 2008

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Epílogo de la segunda parte.

-Ya he terminado. - dijo Isaías alzando al cielo azul su espada en forma de clavo, llena de sangre y vísceras.

Después de varias horas de sufrimiento para Denis y Taro, Isaías parecía que se cansó de torturarlos. Pero la realidad es que Isaías jamás se cansaba de torturar, lo que pasa es que tenía otros planes y debía anteponerlos a su entretenimiento favorito.

Los cuerpos de Denis y Taro sangraban por todas partes y sus heridas eran bastante graves. De repente ardieron y se curaron completamente.

-Sabes… Puede que mi plan sea un poco descabellado pero no me importa lo que pueda pasarle a este malnacido planeta. Y quiero divertirme lo máximo. Sé que Taro es el cabecilla de una gran mafia. Y también me he enterado que tú, Denis, sois el segundo en la banda de Calypso. Y eso significa que ahora que Calypso está en la cárcel, tú eres el number one.
-¿Calypso está en la cárcel? - preguntó Denis.
-Si, Denis. Y por si no lo sabíais los dos habéis estado muertos durante tres días pero alguien os resucito. Lo que pasa es que no recordáis nada de éso porque los mismos que os resucitaron os borraron parte de vuestra memoria. Porque sabes… creían que no pasaríais de esta noche. Eriaka se ha olvidado de vosotros, y yo he de recogeros y reutilizaros para comenzar con mi plan de inmensa diversión.
-¿Y en que consiste ese plan? ¿Qué piensas hacer en estos próximos siete años? - preguntó Denis con curiosidad.
-Así que nos estuviste escuchando… ¿No es cierto detective de pacotilla? ¡A ti te lo voy a decir! Porque sabes… No quiero que alguien pueda chafar mi grandioso plan. Sólo os diré lo que quiero que hagáis antes de las próximas veinticuatro horas. Quiero que me traigáis a éste mismo lugar, antes de las susodichas veinticuatro horas, a todos los miembros, colaboradores, y demás de vuestras mafias. Elegiré a los mejores y luego comenzaré con el plan.
-Eso no ser justo. Ellos ser nuestros. Ellos sólo obedecer nosotros. - dijo Taro.
-Por eso, Taro, deberéis traérmelos vosotros. Yo les convenceré…
-¿Y por qué buscas gente? ¿No vas sobrado con tus poderes y tu fuerza?
-Sabes… Cuando uno se divierte solo, no es lo mismo que cuando lo hace en compañía. Si hay más gente podremos divertirnos más. La fiesta será más emocionante y mi plan se cumplirá a la perfección. Ja, ja, ja,…

Diciendo ésto, Isaías recogió del suelo el cadáver de Aiko. Y le acarició suavemente el pelo susurrándole al oído:

-Jelena…

De repente los ojos del cadáver se volvieron de color violeta. Pero ella seguía muerta. Y ambos desaparecieron de repente, dejando solos a Denis y Taro en las ruinas de aquel lugar.

[Fin de la segunda parte. Continuará...]

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La noche no era mala hasta que llegó el amanecer (Capítulo 20)

Publicado por Griseo Mitran en Abril 18, 2008

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Capítulo 20: El almacén II.

Había conseguido la dirección de un viejo almacén en el muelle gracias a la ayuda de un viejo amigo en la policía, que además me obsequió con un detallado informe del mafioso Taro. Al parecer era uno de los hombres más poderosos de la ciudad y casi del país, porque sus negocios recorrían casi todo el mundo.

Me trasladé allí, y después de abrir con las ganzúas la puerta trasera, me introduje sigilosamente. Allí se podían ver amontonadas todo tipo de cajas, de diferentes colores y tamaños, con curiosas etiquetas de envió. “¿Por qué no abrir alguna?” - pensé.

El almacén era una nave industrial cualquiera. Sólo había cajas, todo estaba lleno de cajas. Y en el fondo de la sala había una puerta. Supongo que tras esa puerta se encontraba una sala de reuniones, u otra cosa importante.

Pero mejor pájaro en mano que ciento volando. Así que abrí una de las cajas y… ¡No podía ser! ¡Una Treamcast! Una autentica y genuina Treamcast. Creía que nunca vería una. Esto no podía ser cierto… Así que… No, no podía ser esa la relación entre el mafioso y la pelirroja.

“Mierda, la puerta del fondo se está abriendo, será mejor que me esconda.” - pensé.

Así que me escondí entre el montón de cajas lo más rápido que pude. Pude ver a Aiko y el que según el informe era Taro. ¿Pero que relación pueden tener Aiko y Taro? ¿No será su amante? Como le toque un solo pelo, juro que…

-¿Dónde están las 16 Treamcast que te pedí la semana pasada? Nunca traes todo lo que te pido.

Acto seguido Taro le pegó un tortazo a Aiko.

-Harto estar yo, de ti.

Disparé a la pierna de Taro. Taro cayó al suelo. Algo en mi cuerpo me provocó una ira tremenda, era como si de repente tuviera el apocalipsis dentro de mi cuerpo.

-¡Te mataré! Y tú Aiko, ¿Qué es eso de las Treamcast? ¿Qué negocio os traéis entre manos?
-Denis, calma por favor. ¿Qué demonios te ocurre? ¿Qué haces aquí? ¿Por qué has disparado a ese hombre? - preguntaba Aiko con gran preocupación.
-Te diré lo que pasa: ese hombre es un jodido imbécil que ha mandado a un gilipollas a matarme, y eso no me gusta nada. Y ese gilipollas dijo antes de morir que este tío al que he tumbado de un balazo no quiere que me acerque a ti. No me importa que me den un caso sin sentido, pero de ahí a que intenten asesinarme y me digas que me calme lo veo absurdo…
-Taro saber que detective ser sospechoso de robo y… - dijo Taro.
-Taro no te inventes cosas por favor. - dije pegandole un balazo en su otra pierna. Me acerco a los dos y le quito la pistola a Taro. Taro está tumbado en el suelo, cojo uno de sus brazos y me dedico a darle patatas y reírme mientras le veo gritar de dolor. - Antes de nada, Aiko, querida, tápate los oídos y mira para otro lado ¿Quieres?… Ésto puede ser demasiado para ti.

Le meto a Taro mi navaja por debajo de la uña del dedo gordo de su mano derecha.
-No por favor, no seguir tú… Noooooo…
-Vamos, dime, no soporto las mentiras.
-¿Pero que querer que yo decir?
-Se me ha olvidado. Pero sea lo que sea dímelo.
-¡Ya está bien Denis! ¡Taro no sabe nada! - Grita Aiko.
-Te digo yo que este tío sabe algo.
-¿Pero de que? Si no le preguntas que quieres ¿Cómo te va a responder?
-¿No me dirás que estas enamorada de un sucio mafioso?
-No, cielos. ¡Por qué tienes que relacionarlo todo con el sexo!
-Taro no haberse acostado con mujer nunca. - interrumpió Taro.
-Para sacarte más información, mujer. Y ahora Taro me dirá… Ostias, ya me acuerdo. Taro me dirá donde está la estatuilla o le sacaré la uña, lo más dolorosamente posible.
-¿Y por qué no sospechar también de ti? Se ve que necesitabas un nuevo caso, algo con lo que entretenerte. Y sabes todos los trucos del oficio. Es fácil pensar que fuiste tú quien la robaste para tener un nuevo caso y… Y hacerme esto a mí. Condenarme a las tinieblas para siempre, a la sombra de mi padre. Ese hombre, Taro, ha sido mi salvación durante mucho tiempo. Poca gente encuentra las cosas que él me trae para mi tienda de exportaciones y el halcón fue una de ellas. ¿Y de ti que tengo que decir? Sospecho de ti desde el principio, por eso te contrate. Para que Taro y yo viéramos si eras o no el ladrón.
-¡Qué! ¡Zorra de mierda! ¡Cómo lo sabes! - dije mirándola con gran agresividad. - Te mataré al igual que a él. Y os juro que sufriréis más que cuando a un animal se lo comen vivo.

De repente se abrió la puerta y un hombre entró con un arma. Y una bala fue a parar sobre mis manos. Y otra sobre mis piernas. Caí al suelo y grité de dolor.

-Denis, ¡Quedás detenido!
-¿Cómo sabes mi nombre? ¿Nos has estado escuchando? ¿Quién eres?

El hombre se acercaba lentamente.

-Soy…
-Tú peor pesadilla. - interrumpió una mujer detrás del hombre, la cual le disparo al hombro derecho. El hombre cayó al suelo.
-¡Eriaka! ¡Cómo demonios!
-Nunca mejor dicho, Manuel. Adiós ratoncito. - Y diciendo ésto la tal Eriaka disparó a la frente de Manuel, muriendo éste al instante.

Al morir Manuel, el cuerpo de la tal Eriaka se ilumino intensamente. Una iluminación tal que me dejo medio ciego durante un instante de tiempo. Así que inmediatamente me tapé los ojos con mis manos. Al rato ese destello desapareció y Eriaka se dirigió hacia nosotros tres.

-¿Qué tal tus sueños Aiko? ¿Qué se siente al resucitar chicos? ¿Tenéis ganas de volver a morir?

Eriaka apunto a Aiko con su pistola y disparó a la frente de ésta dos veces.

Aiko cayó al suelo y Eriaka volvió a iluminarse intensamente. Pero esta vez la luz iba acompañada de terremotos. Sentí que el edificio se agrietaba con el intenso movimiento de tierra. Cerré fuertemente los ojos y me los tape con mis manos para no quedarme ciego, aún así veía parte de la luz. Esa luz no era normal, tenía un algo venido de otro mundo.

De repente la luz se apagó y el edificio estaba casi en ruinas. Las cajas ya no estaban, era como si la luz hubiese sido una especie de bomba atómica que no matase la vida ni destruyese los cuerpos de seres vivos o muertos pero si los objetos.

En aquel instante, montones de moscas vinieron de vete a saber tu donde, formando una figura delante de Eriaka. Y sentí salir de mi nariz una especie de liquido, él cual flotó en el aire y se mezclo con dicha figura. Acto seguido sentí tanto asco que vomité, pero no fue un vomito normal. De mi boca salieron cientos de cucarachas. Y todas ellas se unieron a la mezcla de moscas y aquel liquido.

Al rato la mezcla pasó a ser un ser humano. Piel humana, ojos humanos, boca humana,… Si, debía ser un ser humano. Era rubio, vestía trajeado,… Lo más extraño eran sus ojos. Igual que los de Eriaka, eran de color violeta. Nunca había visto unos ojos más extraños. Creí por un instante que había visto a ese hombre antes, pero supuse que sería mi imaginación.

-Hola Eriaka.
-¿Quién eres?
-Soy… Bueno creo que no necesito de presentaciones. Porque sabes… Tú has sido la causante de mi libertad. La que me ha dado el camino para salir de mi prisión.
-No sé de que me hablas.
-Mi nombre es Isaías. Soy un desecho. Fui de los primeros prototipos de humanos tirados a la basura, por llegar a ser la gran perfección de la naturaleza. Mi mundo fue destruido para construir el vuestro. Más plagado de idiotez y de marionetas.

<<¿Pero sabes que es lo mejor? Me he dado cuenta que esa idiotez se os está pasando y que poco a poco estáis tendiendo a ser lo que fuimos nosotros. Aquellos maravillosos días dorados en los que los cuatro guerreros eran los dioses del planeta. Mejores que Dios y por tanto competidores de éste. ¿Cuál fue la reacción de ese Dios? Destruir el planeta para comenzar otra vez. Pero sabes… ya paso. No siento ira por ese ser superior y orgulloso que quiere que nadie piense para que crean en él.

Pero vos os habéis acercado a nosotros y has matado a tres de nosotros sin apenas inmutarte. Has de comprender que no tuvieron la oportunidad, que no sabían quienes eran y que hacían. Ni siquiera sabían de su fuerza oculta, y estaban atrapados en esos cuerpos endebles e inútiles. Pero sabes… eso ya también pasó.

Lo que no pasó de mi mente es que ahora seas la merecedora del premio de ser lo que tú quieres y que en un futuro no se te condene por tanto a mi vida. Y de que ahora Miranda esté surcando por los cielos en ver de ser castigada por un crimen similar al nuestro. No. Yo no pensé en quitarte la libertad pero… Ja, ja, ja,… Pero sabes… En mi cuerpo habitan miles de seres que me estuvieron devorando y que ahora forman parte de este maltrecho cuerpo. He sido victima durante milenios de castigos que ni te puedes imaginar. Y tú te sales con la tuya, ellos tres son perdonados y van al cielo, Miranda es perdonada y va al cielo,… ¡Y yo no! ¡Por qué yo no! ¡Y todo por tú culpa!

Sé que ahora no tienes el poder ni la fuerza de antes y que por tanto no te daría el escarmiento que te mereces. Pues eres merecedora de ser derrotada en tu forma poderosa.>>

-Enternecedora historia pero he de irme. Tengo mucha prisa.
-Y yo tengo todo el tiempo del mundo. Ja, ja, ja,… Que bien es poco.
-¡Qué!
-Siete años. Te daré siete años de vida mortal, para que disfrutes de tu supuesto premio y yo respetaré durante ese tiempo la decisión de Dios. Después de ese periodo te devolveré tus poderes y tendrás que vencernos. Y yo subo la apuesta de ese ser poderoso. Si ganas volverás a ser mortal durante toda tu nueva existencia mortal y el planeta seguirá intacto. En cambio, si pierdes, que eso será seguro, el planeta explotará. Chan, chan, chan,… Todos estaréis en mis manos y entre las patas de miles de arañas. Y tú conservarás en el infierno únicamente tu forma de bestia, luchando eternamente contra mí y siempre perderás. Ja, ja, ja,…
-Hijo de puta.
-Ja, ja, ja,… Si, mi madre fue muy respetada en su tiempo. Al contrarío que la tuya.
-¡Retira eso! ¡Te mataré!
-No podrás.
-Lo juro por mis muertos, que en paz descansen. Te mataré. Y las lombrices se tragarán lo poco que quede de tu ser.
-¡Lombrices! Nos veremos dentro de siete años y tres semanas señorita Eriaka. A esta misma hora, y en este mismo lugar. Y ya veremos que lombrices quedan cuando este maldito trozo de tierra sea una nube de polvo.

Y diciendo ésto, aquel ser desapareció de repente, en el mismo tiempo que dura un leve pestañeo.

Eriaka miró a Manuel y se agachó. Puso sus manos en la cabeza del cadáver, le acarició el pelo, se puso a llorar sin explicación alguna y dijo:

-¿Por qué Manuel? ¿Por qué estoy condenada a matarte? ¿Por qué no pudo ser? ¿Y por qué se tuvo que pasar el efecto de aquella droga que hacía que yo no entristeciera? La única ventaja de la bestia es que podía matar y no sentir culpabilidad. Pero eso de matar a un ser querido ahora es tan doloroso.

Ella besó a Manuel en la frente, se levantó y se largó de allí. Al rato de ella irse volvió Isaías a aparecer. Apareció demasiado rápido, igual que desapareció antes. Ahora estaba enfrente de Taro y yo.

-Me apetece jugar un buen rato. – decía Isaías. - Y luego me serviréis. Porque sabes… Puedo haceros sufrir y luego curaros para que no queden pruebas de la masacre. Y así durante un buen rato. Después de éso acatareis mis ordenes y me ayudareis. Tengo un plan para divertirme más durante estos próximos siete años. Porque sabes… No es bueno no disfrutar o disfrutar demasiado poco durante este periodo tan largo.

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La noche no era mala hasta que llegó el amanecer (Capítulo 19)

Publicado por Griseo Mitran en Abril 17, 2008

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Capítulo 19: La plaza.

Despertaron los cuatro policías. Eriaka y Claudia estaban enfrente de ellos. Eriaka apuntaba con una pistola a la frente de Claudia. Estaban en una plaza de toros.

-¿Dónde estamos? - preguntó Adrián.
-¿No lo ves? En una jodida plaza de toros. - contestó Manuel.
-Escuchadme policías de mierda. - decía Eriaka. - Yo soy la causante de vuestra desgracia y soy la que decide lo que va a pasar a continuación. Así que hacedme caso o moriréis, y empezaré por esta chica.
-Vale, te escucharemos. - declara Carlos.
-Es una opción de si o no. Os voy a devolver a la chica pero a cambio quiero algo que sólo vosotros podéis conseguir. Quiero a Manuel y Raúl. ¿Si o no?
-Vale, ¿Pero para que?
-¿Qué para que? Quiero que ellos intenten arrestarme. Podéis llamar a todos los refuerzos que queráis, ahora mismo sólo estamos Eanos y yo en este sitio y no tenemos ningún miedo sean los agentes que sean.
-¡Tú piensas derrotarme! ¡Tú malnacida! - Preguntó Manuel con aires de grandeza.
-Una vez más Manuel. Esta vez te derrotaré, y no podrás escapar.
-He entrenado mucho, no esperaba este momento pero en el fondo sabía que iba a suceder. Antes tenía miedo pero ahora estoy seguro de una cosa: te ganaré. Vamos chicos, iros todos. No necesito ayuda.
-Yo quisiera saber una cosa. - dijo Carlos. - ¿Qué demonios está pasando? Manuel, ¿Me puedes decir quien es esta chica?
-Oh, me olvidaba de las presentaciones. - dijo Eriaka. - Que impropio de mí. Te diré quien soy. Soy Eriaka, una bruja malvada. Tus queridos amigos Manuel y Raúl son cazadores. No preguntes por la princesa, porque está muerta. Así que la mala ganará otra vez. Y el autor no mentirá en el final. Dejó escrita esta historia en mi memoria, tras la cual seré libre.
-Pues para ser una bruja malvada eres de bastante de buen ver. Más que una supuesta princesa, para mi gusto.
-Carlos, yo que tú la tomaría en serio. – dice Raúl.
-Por favor, si es un cuento de mierda que me acabo de inventar. - dijo Eriaka. - Lo único que tenéis que tomar en serio es que estoy loca y que me deis lo que pido.
-Basta de cháchara. – salto Manuel. - Luego ya os lo aclararé todo. Iros vosotros dos y llevaros a Claudia. Pues vosotros tres podéis salvaros.
-De acuerdo Manuel. - dijo Carlos. - Haremos lo que dices.
-Buena opción, ahora sed obedientes. - dijo Eriaka lanzando a Claudia a los brazos de Adrián. - Y como no lo seáis no me hago responsable de mis actos.

Acto seguido, Adrián y Carlos huyeron junto con Claudia de la plaza de toros. Casualmente las puertas estaban abiertas y un taxi libre pasaba por allí. Taxi que pudieron coger para volver a sus casas.

Ni Carlos, ni Adrián, ni Claudia pensaron que Eriaka fuera tan peligrosa como en realidad era. Pero los tres pudieron salvar sus vidas que era lo importante.

Eanos, el cual observaba la escena desde lejos, también salió huyendo del lugar. Sabía que corría peligro si se quedaba.

-Bien, ¿Qué piensas ahora de todo ésto Manuel? - preguntó Eriaka. - Te dije que jamás escaparías de mis brazos.
-Mi alma seguía atrapada en tu laberinto, pero no puede soportar la idea de que tuvieramos que enfrentarnos. Eso me hizo huir.
-Pero es tu destino. Tu misión es morir en mis manos.

Raúl estaba confundido, no entendía lo que estaba pasando. Pero en su mente veía vísceras y sangre a manos de una bestia. Eran las siete y pico de la mañana y el sol comenzó a asomar por los techos celestes. Eriaka soltó la pistola, ya no le hacía falta. Antes de comenzar la transformación dijo rápidamente:

-El primero será Raúl, no intentes detenerme Manuel. Uno por uno, como los antiguos tiempos.

Sus manos, sus brazos, sus piernas, su cuello,… Todo su cuerpo se transformaba en la bestia. El ser sediento de sangre y carne que al amanecer mataría pero esta vez no sólo por supervivencia o por placer sino para acabar con su maldición.

Raúl sacó su pistola y apuntó a la bestia. Pero él no quería disparar mientras ésta se transformaba. Sudores caían por su frente. Sus manos estaban frías y éstas sudaban abundantemente, esa sensación tan inexplicable. Nunca antes había disparado a alguien, la pistola se resbalaba de sus manos. Sabía que ella no era humana, sabía que ella era quien podría acabar con él pero jamás podría disparar. Porque en el fondo, ella era un ser humano.

Un ser humano que rujió cuando el cielo era violeta, cuando el sol empezaba ha destruir el aspecto de la noche, cuando las farolas se volvían inservibles y cuando montones de pájaros volaban en la bóveda celeste recién iluminada. Un ser humano que salió disparado y tumbo de un salto a otro ser humano cobarde, pero en síntesis otro humano más. Un ser humano que lanzó babas sobre la cara del otro, y que con sus afilados colmillos le extirpo el brazo derecho y empezó a chupetearlo y saborearlo en la cara de Raúl, cayendo chorreones de sangre de su cara.

Si, aquella bestia era para Raúl un ser humano más y por eso ahora se hallaba perdido en su futura muerte. Manuel no pudo soportarlo más, los gritos de Raúl y la oscura risa de la bestia le estaban volviendo loco. Sacó su pistola y apuntó a la cabeza de la bestia. Disparó sin sentimientos como sólo hacen los cazadores. Pero la bala revoto sobre la cabeza, como si ésta fuera de piedra.

Entonces supo que la única forma de terminar con el sufrimiento de Raúl era matar a Raúl. Pensó que debía de haber otra opción, pero no. Así que valientemente disparó a la cabeza de Raúl. Pero la mano de la bestia se interpuso y la bala cayó al suelo al chocar contra la mano de Eriaka.

Eriaka se cabreo y le saco la cabeza a Raúl tirando de ella. El grito de dolor fue insoportable. Pero ella lo había logrado. Su primera gran victoria en el camino hacía la libertad. Rugió más fuerte que nunca y sus gritos traspasaron los tímpanos de Manuel, haciendo que éste terminase con las manos pegadas en los oídos. Sintió la tierra temblar y una luz inmensamente brillante surgió de los ojos de Eriaka.

Y al apagarse la luz ya volvía a su forma humana. La ropa elástica que llevaba no se había roto, sólo manchado de sangre. Y con la cabeza de Raúl en su mano dijo mirándola:

-¿Ser o no ser? He ahí la cuestión.

Soltó la cabeza, cayendo ésta sobre la arena. Y siguió hablando:

-¿Qué? ¿Sigues pensando que me ganarás?
-No era justo, él ni se atrevió a dispararte. Además en todo este tiempo tus poderes han crecido, ahora te transformas totalmente en bestia y eres tan fuerte que hasta te rebotan las balas.
-Ya te dije que ganaré. Me he entrenado duro.
-¿Y cómo ha evolucionado tanto tu aspecto?
-Eso es un misterio sin resolver. Pero lo que no es ningún misterio es que algo ha cambiado en mi cuerpo tras la muerte de ese chaval. Siento como si no fuese de día.
-¿Y eso significa que?
-Qué lucharemos como mortales hasta que se me pase el efecto. No creo que ésto dure eternamente Manuel. De hecho sé que para que dure eternamente tengo que matarte a ti y otros cuantos más.
-Así que quieres librarte de la maldición. Pues yo no estoy dispuesto a cooperar.
-Perfecto. Vamos, muéstrame que has aprendido en tu trabajo como policía.

Ambos tenían pistolas en las manos. El silencio fue absoluto durante minutos, el uno esperaba a que el otro disparase o saliese huyendo para defenderse en algún sitio. Pero los dos seguían quietos mirándose y apuntándose. Miradas frías de cristal, fuerza en los dedos sosteniendo el arma, concentración, mentes vacías, y la adrenalina surcando por las venas.

No saben cuanto tiempo pasaron así, posiblemente fue más de media hora. Hasta que un ave se posó delante de ellos dos y Manuel se decidió a disparar. Pero Eriaka también disparo, y sorprendentemente ambas balas chocaron en medio de aquel sitio.

Manuel sintió terror y corrió hacía alguna parte en la plaza de toros para protegerse. Eriaka no volvió a disparar, siguió quieta con la pistola apuntando tal y como se quedó cuando disparó, como si hubiera sido congelada en el tiempo. Manuel se refugio en el callejón de la plaza de toros esperando a que ella se acercase.

Ella se quedo quieta durante un rato, luego reaccionó y se dirigió hacia una de las cuatro tablas pegadas a la pared externa del callejón. Pegada a dicha tabla había un manto negro que ella quitó. Debajo de dicho manto estaba colgada su metralleta con dos ganchos. Rápidamente la recogió y se metió en el callejón pasando por el hueco de la tabla.

Manuel se culpó por no ser más rápido disparando pero vislumbro un estribo (una especie de escalón) que le permitió volver al terreno de un salto. Una vez en el circulo más externo esperó en uno de los huecos de las tablas. Eriaka seguía moviéndose por el callejón buscando a su presa. Manuel seguía esperando. Gaviotas volaban sobre la plaza en busca de comida.

-¿Dónde te escondes cobarde? - gritó Eriaka.

Manuel supo entonces que ella estaba cerca del hueco, entró rápidamente por él y disparó hacía el brazo de Eriaka. Pero ella también apretó el gatillo y una de las balas disparadas chocó contra la de Manuel. Las demás chocaron contra el suelo y las paredes del callejón, Manuel salió huyendo y Eriaka quería seguir jugando al gato y al ratón.

Había un elemento a favor de ambos y es que tenían mucha paciencia. En especial Eriaka, la cual sabía que conforme pasaban los minutos recobraba fuerzas y pronto podría volver a transformarse en la bestia asesina. En cambio la paciencia de Manuel parece que era una cualidad en contra, pues el tiempo cada vez era menor. Sin embargo dicha paciencia era lo que provocaba calma para luchar con seguridad.

Y sin darse cuenta ya había pasado una hora y media. Era extraño que Carlos y Adrián no hubiesen vuelto con refuerzos para acabar con la pesadilla de Manuel. Lo que Manuel no sabía es que tanto Carlos como Adrián creían que él estaba bien y que ya se dirigía hacía comisaría. Ambos estaban de acuerdo en que lo que pasaba es que Manuel tenía dificultades en coger un taxi en un lugar como aquel. Lo que no sabían es que él claro que tenía dificultades pero no de ese tipo.

Estaba cansado y tenía miedo, y esa sensación luchaba contra su gran calma. Reconocía que ahora mismo tenía pocas piezas en el tablero y que Eriaka iba ganando. Pero la gran ventaja de ser uno de los pocos seres que podrían derrotarla era el dulce agua de aquel desierto.

El aire comenzó a soplar fuertemente y eso hizo más difícil el volver a la arena y repetir la táctica. Aún así sólo podía correr y volver al truco de antes. Y eso hizo. Pisó un estribo cuando la distancia que le separaba de Eriaka era lo suficientemente grande para que no le viese y volvió al albero.

Eriaka, mientras, seguía corriendo por el callejón pero no oía los pasos de Manuel. Así que pensó en salir a la arena por uno de los huecos de las tablas, pero razonó que seguramente Manuel volvería a repetir la técnica de antes y piso un escalón para saltar a la arena.

Y allí estaban los dos. Otra vez Manuel reaccionó primero, y ambos dispararon casi a la vez. Pero a Eriaka esta vez no le dio tiempo de ver hacía donde iba la bala, y ésta atravesó su hombro derecho. Manuel tampoco se fue de rositas y una de las balas de la metralleta le perforo parte de la oreja izquierda, otra choco contra el dedo indice de su mano izquierda, y una tercera bala revoto en su pistola, haciendo que ésta cayese al suelo por el impulso de la bala.

Pero aún así Manuel no estaba tan perdido como Eriaka. Eriaka nunca había disparado con la mano izquierda, y su brazo derecho estaba tan dormido. Ella había caído al suelo y su metralleta estaba ya algo lejos por la caída. El dolor era inmenso para una criatura como ella, la cual hacía ya varias décadas que no sentía a penas dolencias físicas como esa. Aún así trato de incorporarse pero Manuel ya estaba delante de ella con su pistola. Y en vez de disparar a Eriaka, la empujo al suelo y puso la punta de su zapato del pie derecho sobre la barbilla de Eriaka, y el talón sobre la garganta.

-Vamos. ¿A qué estás esperando? Por cada minuto que pasa más fuerte soy. Y sabes que si logro transformarme me curaré de todas mis heridas de forma inmediata. No te atreves a matarme, ¿Verdad? Has cambiado, se nota que ahora eres un poli. Caminas como un poli, te escondes como los polis, saltas como los polis, insultas como los polis,… Seguro que hasta follas igual de mal que un poli. Ja, ja, ja,…
-¿A qué viene tanta ira contra los policías? ¿No te alegras de verme?
-Si. Me alegraría de verte si no hubieras escapado, si hubieses esperado a que te destripase en vez de huir de aquel almacén en México. Si no fuese porque huiste de nuestra boda y me dejaste en ridículo seguramente ahora estaríamos casados y no serías un asqueroso policía.
-Y tú ya no serías una fanática de una secta.
-Es la forma de protegerme de la gente como tú.
-No somos malas personas, sólo damos a cada uno lo que se merece.
-Y yo digo que no me lo merezco. No me merezco perder, y sé que no dispararas esa pistola ni hincarás tu talón tan fuerte como para romperme el cuello. Lo sé porque eres tan débil que seguro que me sigues queriendo. ¿No es cierto ratoncito?
-¡Deja de jugar conmigo!
-Pero no lo ves. Si en verdad te gusta. Te encanta y quisieras que fuese por siempre. Estoy segura que darías todo por que ésto no estuviese pasando. ¿Te lo imaginas? Juntos otra vez, en la oscuridad de la noche.
-Supiste jugar bien tus piezas y ahora que estás perdiendo recurres a ésto.
-¿Qué pasa? ¿No puedo cariño? ¿No puedo rememorar nada ahora que mi vida está en tus manos? Ahora que mi suerte está echada, que dependo de los recuerdos. Recuerdos frágiles como el cristal, tan frágiles que rompieron nuestros sentimientos.
-No tienes ni idea de lo que es ésto para mí.
-Pues rompelo. Si estás a punto de ganar. Bueno más bien estuviste a punto de ganar. Mira mis manos, y procura decidirte si me dejas o no ganar de una vez.

Las manos de Eriaka estaban cambiando a la forma de las de la bestia del sol, y Manuel rápidamente se alejo y disparó al cráneo de Eriaka de forma instintiva, casi sin mirar. Entonces volvió su vista hacía las manos de ella y percibió que habían vuelto a su forma humana. “Adiós ratoncito”creyó oír decir a Eriaka a baja voz cuando él disparó.

Ella había muerto por su culpa. Nunca antes había matado a alguien, y se sintió culpable por ello. Sin embargo se apresuró y huyó del lugar. Consiguió pillar un taxi quince minutos más tarde y volvió a su casa.

En cuanto llegó a su casa llamó a Carlos para decirle que todo estaba ya solucionado. Pero Carlos tenía algo que contarle.

-Diga.
-Hola Carlos.
-¡Hombre Manuel! ¡Lo lograste! ¿La enviaste a comisaría?
-No, ha escapado. - mintió.
-Ajam. Mirá Manuel, Adrián y yo tenemos un pequeño problema que nos trae de los pelos. ¿Recuerdas el caso anterior? Ya sabes, él de la pelirroja muerta.
-Si. Como no lo iba a recordar.
-Pues agárrate, que la cosa tiene su gracia. Según una nota anónima que he recibido en mi correo Aiko, Denis, y Taro han resucitado. También dice que si no nos lo creemos que nos dirijamos sobre las cinco de la noche al almacén donde tuvo lugar el asesinato, que lo más seguro que se repita lo mismo que aquella noche.
-Vale, seguramente nos están engañando y quieren que caigamos en la trampa para que luego nos obliguen a liberar a Calypso. Y que te hayan mandado una nota en el correo también es algo razonable. ¡Pero que hayas mirado tu buzón justo cuando llegas a tu casa después de una aventura como ésta!
-De acuerdo, lo admito. Soy un tipo raro que controla demasiado las cartas que le echan debajo de la puerta en vez de pisarlas.
-Ah, que tu buzón es el hueco de debajo de tu puerta.
-Claro, no hay buzones en mi piso.
-Bueno, yo nunca he estado en tu piso. Entonces está noche…
-No iremos porque será una trampa.
-Exacto.
-Bien, trabajo terminado. Ya sólo queda encontrar a la delincuente que quería matarte.
-No creo que la volvamos a ver, cuando estaba a punto de derrotarla escapó y me dijo que jamás volveríamos a vernos más.
-¡Qué pena! Así que no podrán condecorarnos con una medalla. He estado investigando sobre ella. Cuando llegué a casa, volví a comisaría y descubrí que esa mujer estaba siendo buscada en bastantes países y muchos ellos la condenaban con pena de muerte. Es una criminal de las grandes.
-Eso ya lo sabía. No sé aún porque no conseguí detenerla a tiempo.
-En fin, nos vemos mañana en comisaria.
-Si. Hasta mañana.

Colgó Manuel primero.

“Ella. Pero ¿Por qué? Recuerdo que investigó sobre como resucitar a los muertos, pero ¿Cómo y por qué justo ahora? ¿Y por qué con ellos tres?”

Y pensando eso Manuel recordó aquella frase que le dijo Eriaka.

“…No creo que ésto dure eternamente Manuel. De hecho sé que para que dure eternamente tengo que matarte a ti y otros cuantos más…”

“Eso quiere decir que ellos tres tal vez también tengan algo que ver.”

Puso el despertador a las doce de la noche. Tenía catorce horas para dormir hasta la hora en la que debía partir hacía el almacén. Así que se tumbo en la cama y se dejó abandonarse por sus pensamientos hasta que el cansancio le hiciera apartarse de éstos.

“Hace años que lo llevaba intentando, y sé que unos criminales como los de Calypso jamás pondrían una escusa tan tonta como esa para atraparnos. Será ella, estoy seguro que Eanos escribió esa nota. Y ella resucitó a los tres para divertirse matándolos a balazos está noche. Y ahora que ella no está, Eanos nos deja a los tres en nuestras manos. Me pregunto que pasará con Eanos. Seguramente huirá a otro país más seguro. No lo sé.”

Y tras ese “no lo sé” no hubo nada excepto un apagón de consciencia que duró catorce horas.

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La noche no era mala hasta que llegó el amanecer (Capítulo 18)

Publicado por Griseo Mitran en Abril 16, 2008

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Capítulo 18: Alucinaciones

Era un día gris. Se despertó y vio a una figura vestida enteramente de negro enfrente suya. Dicho ser le agarró, lo sacó de su casa y lo subió en su moto. Él no poseía fuerzas para oponerse. Algo le pasaba en el cerebro, seguramente ese alguien le drogó para que él no pudiese poner resistencia.

Oyó sirenas, la policía le seguía pero al rato su secuestrador consiguió perderles la pista. Tras un largo trayecto llegaron a un gran almacén. Para entonces el efecto de la droga desapareció por completo y él ya pudo empezar a moverse. Se podría decir que fue como una sensación de nuevo despertar. El secuestrador le soltó para quitarse la mascara y la capucha que le cubría la cabeza.

Él no lo podía creer. Se trataba de su ex-novia, justamente de la que huyó hace unas semanas de su boda.

-¿Por qué huiste? Eras el novio y debías de cumplir la promesa que me hiciste. ¿Por qué desapareciste de aquella manera?
-Erika, lo siento. Pensé que no estábamos preparados.
-No lo entiendes. Tenía una confianza en ti, pero ya no. Ya nunca más.

Ella sacó una pistola y él salió huyendo. Pero su ex-novia tuvo un fallo, y dicho error fue dejarse las llaves de la moto puestas. Él consiguió salir de la nave (pues la puerta estaba abierta), subirse en la moto a tiempo y escapar.

Huyó del país y no volvió a saber nada más de aquella mujer. Dejó su trabajo de químico y consiguió un empleo de policía en un nuevo lugar. Al cabo de unos años descubrió que ella era una terrible asesina.

Manuel recordó varias veces cada momento de ese pasado desde que Claudia fue secuestrada. No podía dormir por el miedo, pensando en que pasaría después. Los cuatro estaban en la misma habitación tumbados en camas diferentes intentando conciliar el sueño. Ninguno quiso hablar, era una situación tensa y extraña. ¿Y si alguien estaba escuchando lo que decían? ¿Y si alguien entraba por esa puerta para asesinarles?

De repente una especie de humo recorrió toda la habitación. Y los cuatro policías se quedaron dormidos enseguida.

Adrián soñó que derrotaba a lo jungla de cristal a sus enemigos y salvaba a Claudia. Carlos soñó que tenía un hambre desesperante y no encontraba nada para comer. Raúl soñó con Chewaca de Star Wars. Y Manuel tuvo una pesadilla que no recordó al despertarse.

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La noche no era mala hasta que llegó el amanecer (Capítulo 17)

Publicado por Griseo Mitran en Abril 15, 2008

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Capítulo 17: Entre el cielo y los insectos (Parte II: Maldiciones)

Denis iba conduciendo por una carretera a 150 km/h, y casi ni atendía a la misma. Era algo normal en él. Él era muy seguro de si mismo hasta cuando conducía.

Pero el destino le puso una piedra en el camino. Justo en un cruce un camión se choco contra él, y su descapotable dio varias vueltas de campana en el aire y al caer al suelo siguió dando volteretas.

Y al final cuando el movimiento cesó, Denis se encontró atrapado en un montón de chatarra y sus órganos vitales reaccionaban con dificultad. Llegó una ambulancia que lo traslado al hospital, mientras sentía que su sangre salía de todas partes de su cuerpo. Cuando le metieron en un quirófano ya no podía distinguir palabras ni pensamientos. Creyó percibir un “¿Estás bien?”, pero no estaba seguro. Sólo estaba seguro de una cosa: había perdido la vida. Y ahora era un perdedor, como todos los que mueren tras un crimen perfecto.

La perfección había sido rozada pero no alcanzada, jugó a tocar aquel dedo de Dios pero lo que no sabía es que intentarlo tenía un precio. Y ese precio a veces se paga con una vida repleta de envidias y otras con la muerte. El cobrador no había esperado a fin de mes y con su guadaña se postró delante de él tapándole la imagen de Dios. Todo por culpa de su orgullo.

Ya no veía nada, sólo recordaba cosas que le venían a la mente. Vio su nacimiento y luego su niñez en la que siempre se rodeo de malas compañías, al igual que en su adolescencia.

“Mira lo que han hecho con nuestro hijo. Ya no tiene arreglo.”

Sus padres culparon a las malas compañías de que su hijo se comportará mal. Pero lo cierto es que parte de la culpa la tenían los padres por consentir cambios en Denis desde un principio. Y ya no tenía arreglo, la única opción era alejarse de ellos y acercarse más a los que siempre culpaban de su comportamiento. Pero en realidad la culpa no era ni de los padres ni de las malas compañías. Pues Denis era quien decidió ser uno como ellos y no ser uno de los pringados que se pasaban la vida estudiando para terminar como otro currante más.

A pesar de todo eso, llegó a tener un trabajo digno de camarero en un bar. Casi sin saber ni como, se casó con la mujer de sus sueños. Pero un día llegó a su casa y la descubrió degollada. La policía investigo, investigo e investigo. Nunca hallaron al culpable y terminaron archivando el caso.

Él sentía tal ira que terminó investigando por su cuenta el caso, hasta que consiguió resolverlo. Resolvió el caso y mató al asesino a sangre fría.

Desde entonces la policía le buscó, así que decidió fugarse a otro país. ¿De que trabajaría? Pues se metió a investigar como detective particular. Y se ganó una fama por su gran facilidad para descubrir casos. Y al final, esa fama llegó a oídos de un gran mafioso que le contrato como detective particular. Sólo que a veces era un asesino a sueldo y otras sólo investigaba.

Después de mucho tiempo trabajando para él, le prometió un último caso. Y él lo aceptó. Si conseguía realizar lo que su jefe le ordenaba sería millonario y tendría una vida nueva y tranquila fuera del país.

Pero no. Tuvo que cagarla. Y ahora vio una luz que le llamaba, y oyó voces entre las tinieblas que le incitaban a no acercarse a la luz.

“Denis. Ven, sabes que la luz es lo mejor.”
“No, no vayas. Vuelve a la tierra, aún puedes escapar y ser el mejor.”

Denis se quedó un gran rato quieto, dentro de su cuerpo. Intentó que reaccionase pero su alma por alguna razón no podía manejar su cuerpo, y supo que no podía estar ahí dentro para siempre. Entonces fue cuando salió del cuerpo y huyó de la luz. Y pasó que la luz se apagó y él se hundió entre las tinieblas.

Una puerta. Parecía que era como una puerta lo que ahora tenía enfrente suya. Pero no se veía bien. La única luz presente era la que provenía de su alma, y dicha iluminación era bastante débil.

-Eh, ¿Estáis ahí? ¿Dónde estáis los que antes hablaban en la oscuridad?

Entre las tinieblas sonó una grave carcajada.

-¿Qué es tan gracioso? - Preguntó Denis.
-Tú, patético.

De repente se vio en un autobús, sentado casi al fondo. No había nadie más en el autobús a parte de Denis y el chófer.

-Patético. - dijo el chófer.
-¿Qué? - Preguntó Denis.
-No pudiste hacer nada, no fue culpa tuya, creíste que era lo mejor, era lo propio de tu carácter, son las malas compañías, son los padres, una infancia dura, o tal vez una mala suerte. Siempre se echa la culpa a otros, seguramente es lo más fácil.
-Es que fue así. Empecé mal desde el principio si tuviera una nueva oportunidad…
-No, Denis. La cagaste, la cagaste, la cagaste y si volvieras a nacer te comportarías igual o peor. ¿Por qué? Porque es lo que te gusta. Admítelo, no puedes ser de otra forma. Tuviste varias veces la oportunidad de cambiar y por algo seguiste siendo el mismo.
-Pero si hubiera llegado a mi destino tal vez…
-No. Si hubieras llegado a tu destino habrías sido exactamente igual. Ese es el fallo que le veo a algunos humanos. Es tan fácil criticar a los demás pero es tan difícil buscar por ti mismo tus errores. Y eso de buscar fallos en los demás le encanta a las personas que tienen una vida fácil como tú. Siempre rodeados de gente buena y útil de la que aprovecharse. Pero ya nunca más Denis. Y lo sabes, y eso es lo único que te duele de tu vida pasada.
-Así que es cierto que estoy muerto.
-Si. Tan sólo tienes que observar tus brazos, tus piernas o parte de tu torso. Tantas heridas graves no es algo muy normal en alguien vivo. Ja, ja, ja,…
-¿Y cual será ahora mi destino? ¿No sabía que…?
-¿Tenías que ser bueno? No, en realidad no era eso. Puedes ser bueno en muchas cosas o en nada en particular. Pero lo cierto es que lo que valoramos aquí es el respeto a la vida propia y a la vida de los demás. Y tú no has valorado y no valoras ni lo uno ni lo otro. No tienes nada que ofrecer a los demás, y el egoísmo ha sido la única vía que te ha gustado. Podías haber abierto muchas puertas en tu camino a casa pero veo en tu interior que nunca has estado dispuesto a ello. ¿Los demás? ¿Quienes son los demás para ti? ¿Qué pasaría si te vieran ahora todos los que asesinaste? ¿Qué pasaría si los tuvieses de frente?

Y en ese momento el autobús se llenó de gente a la que Denis asesinó. Y Aiko y Taro estaban a su lado. Denis gritó. Intentaba escapar de tanta multitud y el autobús se paró y abrió sus puertas. Todos le gritaban asesino y le señalaban con el dedo indice de la mano derecha, mientras con la mano izquierda señalaban alguna de sus heridas mortales. Y su mujer estaba con ellos. Pero ella no le señalaba, le miraba con lastima, le decía que se arrepintiera y que se quedará por el bien de los dos. Pero él seguía asustado. Lo cierto es que el rechazo de los demás le asustaba, y pensaba que todos ellos jamás le perdonarían. En el fondo él sabía que les hizo mucho daño a los demás.

Escapo de allí, salió por la puerta trasera del autobús. Y al salir se cayó por un barranco. La profundidad de dicho barranco era tal que pasaron varias horas mientras caía.

Cuando cayó al suelo su cuerpo se partió en trozos, pero sus músculos sostenían dichos trozos como cuerdas atadas a diversas ramas. Lo malo de que tu cuerpo se descuartice en una caída y no poder morir, porque tu nuevo cuerpo es tu alma, es que el dolor no desaparece y no te curas.

El paisaje era extraño. Era un lugar gigantesco y las arañas habitaban por todas partes. Ellas se alimentaban de almas atormentadas, en las que se metían por sus orificios y heridas. Provocandoles más daño.

Alguien le levanto y pudo caminar. Ese alguien era Taro, el cual nada más levantarle le pegó un puñetazo en la cara. Acto seguido, Taro hinchó a Denis de patadas y puñetazos nada más caer éste al suelo.

Taro estaba intacto, sin ninguna herida aparente. Las paredes del lugar eran de color verdoso, el techo era rojo y estaba ardiendo, la tierra era barro, y por todas partes habían cadáveres de gentes a las que Denis había asesinado. Incluyendo el cadáver de Aiko y el de Taro.

-¿Qué pasa Denis? ¿Quién es ahora el que quiere a su mama? - dijo el supuesto Taro tomando ahora la forma del hombre al que mató con una pistola y torturó con una navaja para sacarle información.- Eh, detective de pacotilla.

El ser siguió golpeándole sin descanso. Denis sintió que sus órganos internos explotaban y el dolor se hizo insoportable.

-¿Te gusta zorra? - dijo la presencia tomando el aspecto de Aiko. - ¿Así te pone más verdad? Porque te gusta que te pegue una mujer, no es cierto.
-¿Quién eres? - No sabía como, pero Denis consiguió articular perfectamente esa frase sin mover los labios.

La cosa es que creía que ya se le había roto la mandíbula. ¿Cómo es que hablaba? Seguramente hablaba su alma y no su nuevo cuerpo. Aunque eso no tenía sentido porque su alma era su nuevo cuerpo. Era raro pero no importaba. Pero ya sabía que al menos podía insultar a su enemigo. El ser tomó el mismo aspecto que un Denis sin heridas.

-¿No lo ves? Vamos, sabes donde estás. Ah no, lo olvidaba eres un puto detective de pacotilla que jamás podría resolver un caso en condiciones. Sólo sabes asesinar como las ratas. ¿Verdad? Mira ésto detenidamente – dijo sacando una pistola de uno de sus bolsillos - ¿La recuerdas? Pues ya es mía. No necesitas armas. Estás en el abismo de las arañas y jamás conseguirás vencerme.
-¿Pero quién eres?
-¿Y qué importa quien soy? ¿No lo sabes? ¿No lo intuyes? ¿Qué pasa detective de mentiras? ¿Has perdido tus habilidades?

El ser le escupió a Denis en los ojos veintisiete veces. Y luego siguió hablando.

-¿Sabes quien soy? ¿Verdad? Vamos, ¡Dilo! Di cual es mi nombre para ti. Ja, ja, ja,…
-El diablo.
-¡Mal! - Exclamo el aquel demonio apuntándole a la cabeza de Denis con la pistola y disparandole dos veces. -Ahora dime, ¿Qué se siente al tener el celebro perforado por dos balas?
-¡Agh!
-Justo lo mismo que sintió Aiko cuando la asesinaste. ¿Qué te parece si ahora te hago tu truco de la uña? Sólo que al ser yo más perfecto que tú, meteré el filo de esta espada – Era una espada muy fina, se parecía más a un clavo muy largo que a una espada. - por tu uña hasta que te salga por el codo.

El infierno. Él estaba en todas partes y torturaba a todos con sus poderes. Aiko después de su paso por el cielo dudaba de si existía un Dios, o varios, o ninguno. Tampoco sabía si había estado en el cielo o en otro sitio. Pero lo que no cabía duda después de un paseo por el infierno es que los castigos diabólicos y el infierno existen.

-¿Qué? ¿No te cansas? Grita cuando quieras que pare y pararé. Te lo juro porque el infierno existe.
-¡Para!
-No, si no me lo pides por favor.
-¡Para por favor!
-No, ésto es terriblemente divertido y me encanta romper juramentos. Es tan… diabólico. Ja, ja, ja,…

Por el codo de Denis poco a poco fue asomando el filo de la espada, la parte cercana a la empuñadura estaba debajo de su uña. Y el demonio esperó un rato quieto, seguramente unos dos minutos, después de dicho periodo de tiempo sacó su espada rápidamente. Pegando Denis un gran grito.

Al cabo de un rato oyó a más gente que estaban siendo torturadas al mismo tiempo. Miles de millones de gritos. Había quienes hasta llamaban a su mama. Habían gritos de dolor, de asco, de miedo,… Habían chillidos que llamaban a Mahoma implorando perdón, también curas gritando sus confesiones, gente que llamaba a Dios,… No, no podía existir un Dios si el infierno es permitido. Denis no podía creer que este castigo fuera para siempre, durante los siglos de los siglos.

De repente, las famosas llamas del infierno hicieron su aparición entre el barro. Dichas llamas salían disparadas desde la tierra hacía el cielo. Uno de los fenómenos más curiosos de ese lugar eran los torbellinos de fuego. El aire era denso, y se sentía el calor con gran agobio.

-Está amaneciendo. - dijo aquella especie de diablo. - Me voy durante un rato. Que seas feliz, futuro pincho de barbacoa.

El ser desapareció. Y las llamas ardieron sobre el cuerpo de Denis. Sin embargo esas llamas no provocaban dolor alguno. Al principió intento esquivarlas arrastrándose por el suelo, pero al poco tiempo las llamas invadían todo el suelo de barro. E incluso habían llamas por el cielo y al rato el infierno se transformo en una gran hoguera.

Sin embargo las llamas daban una sensación de alivió, era como si curasen. Y al poco tiempo comprobó que sus miembros volvían a ser los de antes y que su aspecto estaba mutando al de siempre. Rió y su risa se unió a la de muchas gentes, las cuales ya sabían de antes lo que pasaría pero no podían evitar reír al ver que en el infierno había un momento de descanso.

Pero las llamas fueron menguando y las risas se apagaron. Estaba atardeciendo. Y un diablo volvía en un esquelético caballo alado, desde la cima del hoyo infernal.

De repente desapareció de los cielos y delante de miles de gentes fueron ocurriendo actos macabros para atormentar a cada uno de ellos.

Denis salió huyendo al ver cerca de él, una imagen replicada de si mismo. Pero ésta le persiguió hasta los confines del barranco de las arañas. Denis corrió tanto que le termino doliendo la barriga y cuando ese dolor se hizo insoportable cayó al suelo del dolor. Entonces Denis le vio delante suya con su zapato puesto encima de la frente de Denis. Sonrió y empujo el pie hasta que el cuello de Denis se rompió, y éste último sintió el crujido sonar en el fondo de su cabeza. El demonio reía, y no paraba de reír. Le divertía su nuevo juguete.

Pero de repente apareció un rayo de sol en el cielo que apuntaba a Denis en la frente.

-Vaya. Así que esas tenemos. - dijo aquel demonio.
-¿Qué ocurre?
-Vienen a llevarte de aquí. Ja, ja, ja,…
-Mientes.
-Vienen a llevarte de aquí. Fantástico, por fin voy a poder escapar de esté maldito lugar.
-¡Qué!

Aquella especie de demonio se transformó en otro ser. Un ser que tenía poco que ver con el aspecto que las religiones tienen de los seres infernales. El demonio se transformo en un chico de veinticinco años, algo guapo, con ojos violetas y rubio. Vestía trajeado de negro. De repente, de sus manos salieron sietes serpientes, las cuales ataron a Denis, y su boca vomitó seiscientas sesenta y seis cucarachas que invadieron el cuerpo de Denis y se introdujeron dentro de él por su boca, nariz, orejas, uñas,… Los ojos del chico rubio se volvieron totalmente negros (hasta su globo ocular llego a ser de color negro) y su piel tomo un aspecto de podrida. Las venas se le señalaban y miles de moscas salían de la piel de su cuerpo y se introducían por debajo de la piel de Denis haciendo agujeros en ésta. Al rato sólo quedó un esqueleto negro de aquel ser, el cual se transformo como en un liquido transparente y se introdujo por la nariz de Denis.

Denis abrió los ojos, la pesadilla había terminado. Pero en su mente se anidaban palabras y frases sin sentido. Y sintió que no tenía control completo sobre su alma, y que ésta se movía al antojo del otro ser que ahora habitaba en él. No le cabía duda, estaba poseído y no tenía ninguna fuerza de voluntad. El rayo de luz se hizo más potente y grande, y el alma de Denis ascendió rápidamente a los cielos del barranco de las arañas.

Movió sus manos y comprobó que estaba dentro de una especie de cubo de madera. Alguien abrió la puerta del cubo, era Eriaka.

-Rápido, abrid el otro cubo y proteged a la chica.

Denis nada más salir del cubo rió sin parar y luego vio a Taro a su lado riendo. El publico miraba asombrado, excepto Eriaka y Eanos.

Pero Denis de repente cayó al suelo. El estomago le dolía mucho y vomitó. Pero no vomitó algo normal, vomitó millones de moscas vivas. Montones de moscas salieron de su boca. La gente se agachaba. Y Eriaka gritó:

-Abrid las ventanas o se quedarán aquí. Esas moscas quieren salir.

Los miembros de la secta abrieron las ventanas y todas las moscas salieron por ellas.

Después de escupir las moscas Denís cayó inconsciente. Le dolía mucho la barriga.

-Algo está pasando. - dijo Eriaka.
-¿Ahora crees en alguna religión?
-No, no es eso.
-¿Entonces que ocurre?
-Creo que lo que dijo Miranda de que puede que sucedan cosas horribles es cierto. No sé si todo ésto estará relacionado con ese Dios del que hablaba.
-Pero si es así. ¿Quién realmente es Miranda?
-Eso no lo sé. Pero si es así estoy segura de una cosa: me han utilizado como una tonta.
-Yo no lo creo. Yo creo que te dijeron la verdad pero no te avisaron de las consecuencias de tus actos.
-La verdad no me extrañaría que sea lo que dices pues se me había olvidado que Miranda dejó de comunicarse conmigo antes de empezar mi búsqueda. Aún así ha hecho mal en no decirme nada, y seguramente sabía lo que iba a pasar. En cuanto acabe esta historia… No, joder. No podré vengarme. Ha de ser antes. Sea como sea… Joder, estoy hecha un lió.
-Pero al menos si podrás vengarte de aquel hombre.
-¿Aún sigues creyendo que todo ésto es por la venganza, después de lo que te he contado de Miranda?
-No es eso. Creo que si que es cierto que quieres hacer realidad tu sueño de ser humana, pero creo que también estas cegada por la venganza de los hechos pasados en México.
-Puede que estés en lo cierto, de hecho podré hacer realidad una venganza a la misma paz que mi sueño de volver a ser humana. Pero todo ésto es más por el sueño que por la venganza contra ese hombre. En fin, dejémonos de cháchara y actuemos conforme al plan. Ves esta escopeta. Le he metido dardos con una droga que los dejarán durmiendo hasta las once de la noche, y no recordarán nada de lo que sucedió. Excepto lo que pasó antes de las últimas once de la noche en la que estuvieron vivos.

Eriaka coge la escopeta de dardos y dispara a Denis, Taro y Aiko y los tres caen durmiendo al suelo.

-Eanos, recuerda el plan que trazamos antes de comenzar la ceremonia. Yo llevaré al lugar de la cita a la chica, tú traeme a los cuatro. Y no se te olvide ordenar a tus fieles a que lleven a estos tres a sus respectivas casas.

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La noche no era mala hasta que llegó el amanecer (Capítulo 16)

Publicado por Griseo Mitran en Abril 14, 2008

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Capítulo 16: Entre el cielo y los insectos (Parte I: Ascensión)

-¿Si? ¿Y que significa realmente esa lagrima que cae de tu ojo?

Ella notó una expresión en el rostro de aquel detective que era justo la que esperaba. No necesitaba más explicaciones. Si no hubiera sido él el culpable su comportamiento habría sido de otra forma. Habría reaccionado con ira y no con tristeza y temor. Lagrimas de culpabilidad, llanto de cocodrilo. Pobre, no era su destino el ser atrapado de aquella forma. Él siempre había sido el mejor en su trabajo y ahora alguien le había superado. ¿Alguien? No, no le había descubierto un alguien. Le había descubierto una don nadie, una chica pija normal y moliente.

Si, su padre era un importante mafioso y sus relaciones con las mafias eran poco apropiadas para su carácter. Pero lo cierto es que si quitamos éso era casi una persona normal que no estaba habituada a descubrir casos. Y la ira de este conocimiento le ahogaba. Le dolía que le hubiesen descubierto pero lo que más le dolía que hubiese sido una tonta niña de papa.

Y abrazó la locura de aquel segundo, y en vez de enfrentarse a los hechos pensó “¿Y qué si lo hice? Si os mató nadie lo sabrá. Y seguiré siendo el mejor. Y seguiré siendo el mejor, y seguiré siendo el mejor, y seguiré siendo el mejor, y seguiré siendo el mejor, y seguiré siendo el mejor, y seguiré siendo el mejor, y seguiré siendo el mejor, y seguiré siendo el mejor,…” Y esa idea le sedujo más que cualquier otra. Y casi sin darse cuenta la mató, de lo sencillo que le resulto. Tal y como mataba a sus victimas no inocentes.

Dos disparos, pasaron por su mente sintiendo como si le atornillarán la cabeza. Era como si le hubiesen clavado dos largos clavos en el interior de su cerebro. Al principio el dolor era inmenso en una zona y poco a poco se fue expandiendo como una gota de tinta negra en un vaso de agua. Sentía como si su cabeza fuera a explotar en cualquier momento. No podía moverse ni articular palabra alguna. Seguía escuchando al detective hablar pero no entendía que decía. Le dolían los sonidos de su voz, le atravesaban la mente. Antes sentía ira pero ya era inútil.

“¿Ya para que luchar? Estoy muriéndome. Cabrón… No sé.. ¿Qué?… olvido palabras… ¿Qué?”

Sus pensamientos cada vez eran más inútiles, ya no podía ni tener la sensación de pensar palabras en su interior con un lenguaje con sentido propio. Los sonidos cada vez eran mas distorsionados y distantes, y el olor del almacén ya no lo percibía. El sentido del tacto también estaba desapareciendo y comenzó a sentir una especie de sensación de hormigueo por todo su cuerpo. Empezó por sus piernas y sus manos, y poco se fue extendiendo como aquel dolor de cabeza.

Conforme pasaban los segundos toda sensación era más distorsionada, y empezó a percibir alucinaciones. Vio su vida pasar por sus ojos, recuerdos vacíos, felicidades vacías, tristezas llenas, peleas llenas, felicidades llenas,… Vio cuando aprendió a andar, cuando comenzó a articular palabras,… Recordó a su madre acunándola en sus brazos y cantándole buenas noches mi amor, el aire de la casa de campo donde comenzó toda su vida,… Percibió en imágenes y sensaciones su adolescencia, y el vació de ésta en dicho periodo, y la juventud pasó como un rayo por su mente hasta llegar al último momento: el momento en que un chalado le perforo el celebro con dos balazos.

Y volvió otra vez a ver la imagen distorsionada del techo de la nave, pero esta vez invadida por una luz. No era tan clara como la luz del sol ni tan poco clara como la de una bombilla convencional, era algo intermedio. El color era parecido al de una hoja de papel. Sentía calor conforme esa luz iba, poco a poco difuminándose en la estancia. Percibió como ella salía de su cuerpo y se dirigía hacia dicha luz. Y escuchaba voces que la incitaban a volver, y otras que le decían que subiese a la luz.

“Aiko vuelve” oía a la voz de su padre decir. “No hagas caso, sube hacía las estrellas. Alcanza la verdad eterna.” escucho decir a la voz de su madre.

-Es jodido. ¿Verdad? - dijo una voz

De repente, se vio en un autobús. Estaba sentada al lado de la puerta y el conductor le hablaba. Giró la cabeza varias veces y vio que no había nadie más en el autobús.

-¿Qué? - pregunto Aiko.
-El ver tantos recuerdos, el oír tantas canciones, el ya saber que nunca más podrás experimentar,… Tantas cosas que ya no podrás vivir. Es jodido. ¿Verdad?
-No sé de que me hablas.
-De tu muerte, Aiko.
-¡Qué! ¡Pero si estoy aquí sentada!
-Toma. Mira tu frente en este espejo.

El conductor del autobús le paso un pequeño espejo cuadrado. El espejo era como una especie de retrovisor. Aiko obedeció y vio que su frente estaba perforada por dos disparos. Sin darse cuenta soltó un grito y el espejo cayó sobre sus piernas.

Miró el paisaje y recordó las palabras del conductor. Viajaban a gran velocidad, y el paisaje era a veces un gran desierto, otras el filo de un barranco y otras veces partes de pueblos. “El ver tantos recuerdos, el oír tantas canciones, el ya saber que nunca más podrás experimentar,… Tantas cosas que ya no podrás vivir. Es jodido. ¿Verdad?” Aiko le devolvió el espejo y contesto:

-Si. Es muy jodido. Es una puta mierda que todo se haya ido a la basura por culpa de un hijo de zorra.
-Eh, eh, eh,… Tampoco es para ponerse así. Bueno si lo es, no nos engañemos. ¿Pero no querrás que tu karma baje? Por cierto mira tu bolso y dentro verás que lo único que tienes es un billete, dime de cuanto karma es.

Aiko algo extrañada hizo lo que le mando aquel inquietante conductor de autobús. Y vio que tenía billete que valía 9999999 karmas.

-Tengo ésto.
-Perfecto, un viaje de primera clase. Entonces preparate, ¡Nos vamos directos a la luz!

El conductor accionó una palanca y el autobús saltó hacía las nubes y siguió volando como si hubiese sido propulsado por un cohete. Aiko pudo ver la luz de lejos. Aunque iban a gran velocidad era un trayecto largo. Aiko volvió a oír varias voces de conocidos. Algunas de esas voces le incitaban a escapar del vehículo para volver a la tierra y otras le sugerían que se quedase quieta y esperase. No sabía cuanto tiempo estaba pasando, lo que si sabía es que contra más se acercaba a la luz más fuertes eran las voces que la incitaban a volver a la tierra. Pero ella no quería venganza, quería la paz que la invadía contra más cerca se encontraba de la luz.

Y la alcanzó. Cuando llegaron a la luz, entraron en un lugar con un suelo de mármol y columnas como las del Partenón en su etapa de gloría en la antigua Grecia. Y entre las dos columnas que presidían la entrada había un cartel como el de las fiestas de cumpleaños típicas de películas americanas que ponía “Aiko bienvenida a casa”

-Ya está. Hemos llegado.
-¿Pero que hay ahí detrás de esas columnas? ¿Qué me espera después de salir de éste autobús?
-La respuesta. La luz del exterior de la caverna. La gran sabiduría. La eterna felicidad. Y lo más importante de todo: una gran fiesta. Un placer haberle servido. No se preocupe por entregarme el billete, ya ha desaparecido de su bolso y lo tengo en la guantera. Espero que haya disfrutado de los efectos especiales del viaje.
-¿Qué?
-Nada, nada. Una mala broma. Adiós y que disfrute su nueva vida.
-Gracias por todo. Adiós.

Aiko salió del autobús y atravesó las columnas. Vio a montones de gentes que conocía y que habían muerto, todos amigos y familiares que le caían bien. Todos habían empezado a celebrar una fiesta en cuanto llegó, diciendo “¡Felicidades Aiko!” Su madre la abrazó y ella no tuvo ni tiempo de exclamar “¡Mama!” y esa sensación de felicidad se fue apoderando de ella, hasta no poder evitar llorar de felicidad. Nunca antes se había sentido tan bien. Hasta la gente que antes no le caía bien le daba la bienvenida y estaban felices de verla. Y ella no sintió ni la más mínima enemistad. Era feliz como nunca lo había sido antes.

Pero había gente que no estaba. La mayoría amigos provenientes de negros negocios de su padre. Pero eso no le importaba, era feliz allí y nada le provocaba tristeza. La luz invadía el cielo. Y el horizonte era de un azul cristalino.

Se alzaban grandes edificios y torres de mármol y cristal en las afueras del Partenón. No quedaba ni rastro de dolor ni de malos recuerdos. La gente cantaba alegres canciones de otros tiempos con tonos que hasta entonces nadie en la tierra habría podido imaginar. “Esto debe de ser el cielo.” - pensó.

Era lógico que aquello fuera el cielo. Si hay otra vida no debía de ser peor que la anterior, sin embargo ¿Qué hay de los malvados? ¿Dónde estaban los que asesinaba, violaban, robaban, torturaban…? No quedaba ni rastro de ellos. Era extraño, pero esto chocaba con esa idea de perdón que tienen las religiones.

También faltaba gente buena. Aiko recordó a varias gentes piadosas de distintas religiones (la mayoría famosos) que faltaban allí.

-No, Aiko. No pienses en ello. No se merecían estar aquí. Ellos pensaban en una religión suprema y obraban de forma que no debían. Prohibiendo cosas que no tenían sentido. - dijo una voz baja en su oreja derecha.
-Entonces, ¿Qué he hecho para estar en el cielo?
-No querer estar en la tierra. Ahí esta el truco. La oscuridad es la que te manda quedarte en la tierra, algunos consiguen escapar de ella, otros no.
-Entonces, ¿Existe un infierno?
-Te he dicho que no pienses en ello Aiko. Sólo diviértete, ya pensaste bastante en la otra vida.

“Es verdad”, pensó. Y siguió bebiendo y divirtiéndose con los suyos. Había quienes se dedicaban a cantar, otros tocaban instrumentos que en la tierra estaban pensados como imposibles, hay quien se dedicaba a pintar mientras los demás se divertían, también habían varios estantes de libros para leer,… Se podían encontrar inventos de la tierra y algunos de ellos se encontraban mejorados hasta limites insospechables.

Sólo habían dos reglas inquebrantables allí: respetarse los unos a los otros y no pensar en preguntas propias de la gente de la tierra.

De repente empezó a sentir vació, la luz de repente no le llenaba. Y la gente dejo de divertirse y la miró preocupados.

-¿Qué ocurre? ¿Qué está pasando? - se pregunto sin esperar respuesta.
-Vas a resucitar - dijo la voz de la oreja, pero está vez desde los cielos para que todos le oyesen. - Alguien te va a llevar a las tinieblas otra vez.
-¿Qué? No, por favor. No quiero estar allí, no quiero esa pena, ni la soledad, ni la confusión, ni…
-No te entristezcas Aiko. Pasé lo que pase no te arrepientas de volver. Te prometo que volverás aquí cuando todo termine. Estoy seguro que en breve volverás.
-Pero, ¿Y si me comporto mal? ¿Y si me vuelvo como las sombras?
-No pasará eso.
-¿Y cómo estas tan seguro de ello?
-Porque sé que va a pasar, soy tu conciencia y sé que te comportarás como debes. Tus dudas han vuelto, propio de los humanos y no de las almas. Tu carne está despertando. No preguntes más. Ya no tienes derecho a estar aquí. No, por ahora. Pero volverás y sé que será pronto.

Las columnas se quebrarón, las caras de las personas se partián en cachos como figuras de porcelana, el horizonte se torno verde, al igual que el cielo, esqueletos de diferentes tamaños se levantaban de la tierra, el mármol se volvió barro y el cristal piedra. Sin darse cuenta cayó al barro, arrodillada y rogó mirando al cielo:

-Por favor, no…

Y abrió los ojos mientras su boca gritaba no. Estaba en un habitación oscura y sus brazos golpearon sin darse cuenta una especie de puerta de madera que estaba enfrente suya. Y ella cayó al suelo de la estancia y se sentó allí. Con sus manos sobre su cara y llorando a lagrima viva. Como un niño al que le quitan su caramelo. Su mandíbula se desencajaba al intentar gritar mientras lloraba sin parar. Hasta que se le gastaron sus lagrimas y se hundió en un estado de mutismo.

Alguien abrió la puerta y Aiko observo que estaba encerrada en una caja de madera, la cual tenía forma de cubo. Eriaka la miró detenidamente desde el exterior y la saco de allí para sentarla en una silla. Y cuando lo hizo, Eriaka alzó sus manos y su cabeza al cielo y gritó.

-¡Ha funcionado! ¡Está viva! Ja, ja, ja,… Ja, ja, ja,… ¡No me lo puedo creer! Ahora vamos con los otros dos. Quiero saber si el infierno existe.

Un gran publico de gentes vestidas con una larga sabana blanca y capucha aplaudió.

-¿Crees que ella ha estado en el Olimpo? - Preguntó Eanos.
-Si. Si no mira su expresión, si viniese del infierno seguramente estaría más feliz. Una persona que viene del Olimpo sólo puede sentir tristeza ante el volver a la vida. Por algo dicen que la mayoría de los dioses cuando murieron estuvieron en el infierno antes de resucitar. Porque es más sencillo volver desde el infierno a la tierra que bajar del cielo a la tierra.

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La noche no era mala hasta que llegó el amanecer (Capítulo 15)

Publicado por Griseo Mitran en Abril 12, 2008

Aviso: para capítulos anteriores ver este link: http://cosas7tendiendo7a7cero.wordpress.com/la-noche-no-era-mala-hasta-que-llego-el-amanecer/

AVISO2: os recuerdo que los domingos no publicaré capítulos. Para que descanséis un poco y tal (domingo = día de resaca).

Capítulo 15: Tres.

Estaban en una habitación encerrados rodeados de los siguientes objetos: Una bañera llena hasta los bordes de agua sucia, un escritorio con una lampara y con varios papeles, y una silla. La sala estaba iluminada por una bombilla que colgaba suelta del techo. La puerta estaba cerrada con llave, no había ventanas y en el techo yacía colgado un pobre muñeco simulando un cadáver.

-Menuda mierda de chiste. - dijo Manuel.
-No es mi culpa que no lo entiendas… - replicaba Raúl. - Suponía que alguien como tú había visto Star Wars.
-Pero si sólo he visto el episodio uno. Además no he visto ni las antiguas ni las más modernas porque no me gustó episodio uno y por tanto las demás tienen que ser una mierda.
-¿Y en que te basas para decir eso?
-Todas las secuelas suelen ser una mierda. Y si ese es el episodio primero pues no quiero ni saber como serán de mierda los otros cinco episodios.
-¡Pero si no las has visto!
-Escuchad. - decía Adrián. - Tenemos que dejar estas tonterías para después y averiguar como salir de ésta. Para salvar a la pobre de Claudia.
-A Adrián le gusta Claudia. A Adrián le gusta Claudia. A Adrián le gusta Claudia. - dijo Carlos canturreando como los niños pequeños.
-¡Queréis dejaros de coñas y comenzar a pensar como narices superar la puta prueba de una vez! - exclamó Adrián enfurecido.
-Tranquilo Adrián. Mientras ellos dos discutían y se contaban chistes he pensado un plan.
-¿Y qué has pensado Carlos? - pregunto Adrián.
-Bien, mientras estos dos no piensan en formas de escapar y tú estás atontado pensando en como estará tu amiga he descubierto la forma de salir.
-¿Si?
-Si, Adrián. ¿Recuerdas lo que nos dijo el tío de la sotana? Que nos iban a examinar, pero que nuestros examinadores serían el fuego, el agua y la tierra. Y no necesariamente en ese orden. Tienes que tener en cuenta que ésto se trata de una secta y si entra pecha de gente será porque las pruebas son fáciles de narices. Por lo tanto ahora viene la pregunta del millón señores: ¿Dónde está la llave? No hay fuego, no hay tierra,… Por eliminación será el agua. - dijo apuntando a la bañera. - Y ahora, ¿Quién se anima a meter la mano en ese agua sucia y putrefacta?
-Raúl, tu turno de gloría. - dijo Manuel.
-¿Qué? ¿Yo? ¿Pero no erais vosotros los expertos?
-A la una, a las dos y a las tres. - y al decir “a las tres” Manuel pegó un empujón a Raúl tal que la cabeza de Raúl acabo dentro de la bañera.

Raúl saco la cabeza del agua putrefacta y dijo:

-¡Qué asco!
-Vamos, Raúl ya tendrás tiempo de ducharte cuando vuelvas a casa. - dijo Manuel. - Ahora tenemos que escapar de aquí, así que busca la llave.

Al rato indagando en el fondo de la bañera, Raúl halló la llave. Nada más cogerla se dirigió hacía la puerta y la abrió.

-¿Ves como hay que pensar un poco más y atontarse menos Adrián? Ya verás como conseguimos salir de ésta. Total, si no podemos nosotros nadie podrá. Ja, ja, ja,…

Salieron los tres por la puerta como si hubieran visto la luz del sol por primera vez después de eones de luz artificial.

-¡Qué! ¡Ya habéis resuelto la prueba! Si que os ha costado poco… - dijo el sacerdote. - El gran Hades seguramente tendrá algo que ver.

Carlos pensó “Si, el gran Hades soy yo sin duda. Joder con el tío de la sotana, quitandole a uno los méritos.”

-¿Y la siguiente prueba es? - preguntó Adrián.
-La jaula. - dijo el sacerdote. - Venid conmigo.

El sacerdote los llevó a una jaula y los encerró dentro. Era una jaula grande, contenía leones y estaban dormidos en una esquina. Atadas a los los barrotes estaban colgadas 18 antorchas.

-A ver si ahora podéis salir de ahí. Cuando salgáis avisadme y pasareis a la siguiente prueba.

El sacerdote se fue, dejando a los policías dentro de la jaula.

-¿Y bien? - preguntó Raúl a Carlos.
-Es evidente. La prueba del fuego. - dijo Carlos.
-No, no lo es Carlos. - saltó Adrián - Porque la cuestión es como salimos de la jaula sin usar explosivos y sin despertar a los leones.
-Ya… Pero es la prueba del fuego. De entre los tres elementos sólo el fuego está aquí.
-Bien, ahora la pregunta es: ¿Qué haría un psicópata futuro miembro de una secta para superar la prueba? - preguntó Manuel.

Carlos se apresuro a quitar una de las antorchas que estaban cerca de los leones. Acto seguido uno de los barrotes de la puerta se enterró bajo la tierra.

-Quitad sólo las antorchas que estén más cerca de los leones. Si quitáis las otras estoy seguro que ocurrirá un algo malo.

Y obedecieron. Y justo cuando quedaba una pequeña abertura para que cupiese por ella el cuerpo de un ser humano se dieron cuenta que ninguno de ellos podían pasar por ella. Sólo quedaba una antorcha que quitar y era la que estaba encima de dos leones. Justamente en una esquina.

-Bien, esta vez el pringado en hacer la tarea difícil seré yo. - dijo Manuel. - Manteneos cerca de la puerta por lo que pueda pasar.
-Pero es imposible Manuel. - dijo Adrián. - No se puede pasar entre esos leones sin poner un pie encima de ellos.
-¿Quien ha dicho que vaya a pasar entre los leones?

Manuel saco su pistola y todos se mantuvieron cerca de la abertura, incluyendo Manuel. Y disparó cerca de la antorcha, rozando la bala cerca de ésta, y la antorcha cayó justamente delante de la cabeza de uno de los leones. Rápidamente los cuatro salieron de la jaula. Primero Raúl, luego Carlos, después Adrián, y cuando Manuel iba a pasar, el león que tenía la antorcha enfrente suya estornudo y se despertó. Acto seguido se fue corriendo hacía Manuel. Por suerte a Manuel le dio tiempo a pasar, y justo cuando éste pasó por la abertura, las rejas volvieron a surgir de las profundidades. Cerrando aquella jaula.

-Vamos, - decía Carlos. - ya sólo queda una prueba.
-Cada vez ésto es más peligroso. - dijo Raúl.
-No empieces con esas. - le reprocho Manuel a Raúl.

Fueron hacia la misma estancia donde antes estaba aquel sacerdote de la secta (la que estaba a la salida de la prueba de la habitación). En dicha estancia sólo había un sofá en el cual que se encontraba sentado el sacerdote, una mesita en la que había un teléfono, y una bombilla colgada del techo. El sacerdote estaba leyendo un periódico, y sintió las sombras de los cuatro supuestos aspirantes delante suya.

-¿Ya? Vaya, sois tipos duros de roer. - saltó el sacerdote. - Veo que estáis suficiente preparados para la última prueba.
-¿Qué nos prepararás con el elemento de la arena? - preguntó Carlos.
-No, está vez no tendréis que estar bajo mi tutela. Os confiaré a Eanos, pero ahora está un poco ocupado. Me dijo hace unas horas que llamaría cuando estuviera libre. Normalmente se suele tardar unas horas en salir de las dos primeras pruebas.
-¡Pero si están chupadas!
-Bueno, eso es para vosotros pero no para la mayoría. Aunque eso está por ver, en la última no ha sobrevivido mucha gente. Y es que Eanos es demasiado… Como decirlo… Purista. Si, esa es la palabra. La última prueba tiene que ser lo suficientemente dura para demostrar que estás preparado para abrazar la religión de Hades. A todo esto, ¿Cómo habéis llegado a saber de nosotros?
-Pues…

Justó cuando Carlos estaba preparado para soltar alguna ingeniosa mentira suena el teléfono de la mesita. El sacerdote lo coge.

-¿Diga? Ah, bien. Si. Aja. Bien. De acuerdo. Por cierto Eanos, tengo cuatro personas que quieren entrar en la secta que han superado las dos primeras pruebas. ¿Qué? ¿Sus nombres? Pues no tengo ni idea de sus nombres. ¡Claro que los había apuntado! ¡No soy tan estúpido! Pero he perdido el papel. Vale, ahora te diré sus nombres. ¿Vuestros nombres cuales eran?
-Carlos, Raúl, Manuel y Adrián. - contesto Adrián.
-Vale, ya tengo sus nombres Eanos. Son Carlos, Raúl, Manuel y Adrián. ¡Qué son nombres muy castellanos para una secta! ¡Y qué! Ya se los cambiaremos si tanto te molesta, no seas tan tiquismiquis. Tío en serio, no te me cabrees pero a veces te pones que no veas. Aja. No si yo… Joder, vale si… Si. Si. Si. Pero tío si quieres te hago un anagrama de sus nombres y asunto solucionado. ¿Qué te parece Larcos, Laúr, Naluem y Darián? Bah, a ti te parecerán fantásticos pero a mí no me gustan, parecen sacados de un cuento de hadas, o de algo parecido al señor de los anillos. En fin ya lo discutiremos más tarde. Por cierto otra cosa, ¿Qué hay de la comisión que me llevo este mes por el asunto de la semana pasada? Vale, me gusta saber que todo anda por buen camino. Que Hades también esté contigo gran Eanos. - El sacerdote colgó el teléfono.
-¿Y bien? - preguntó Carlos
-Nos dirigimos a vuestras habitaciones. Perdonad si os cierro la puerta con llave esta noche, pero es que no nos fiamos desde hace años.
-Yo creía que podíamos volver a nuestras casas.
-Si, pero cuando pasé esta semana. Es que últimamente andamos un poco faltos de personal y hemos traído a todos a vivir en el edificio durante un mes. Y como la semana que viene estaremos más liberados podréis marcharos a vuestras casas.
-¿Qué clase de trabajo tendremos que hacer?
-Casi nada. Lo típico rezar a Hades y ayudar preparar los ritos.
-Entonces, ¿Para que nos necesitáis esta semana?
-Ah, bueno. Te referías a esta semana. Ayudarnos a arreglar el edificio. Lo único que queda por hacer es pintar dos o tres habitaciones y limpiarlas cuando se termine. Lo más probable es que no os tengáis que colaborar durante toda la semana en las obras del edificio. De hecho ya hemos mandado a algunas gentes a sus casas. Pero tampoco quiero arriesgarme a que os escapéis de la última prueba. Si Eanos se enterará de algo así… Puf, la que me caería encima.
-Ah, vale. Estamos conformes.
-Hoy os meteré a los cuatro en la misma habitación. Hay cuatro camas y una estantería con libros. Vamos, un lugar perfecto para distraeros hasta que Eanos decida cuando debéis de realizar la tercera y última prueba.

El sacerdote guía a los tres a una habitación en la segunda planta del edificio y ellos entran. Cierra la puerta con llave y se larga a seguir con otras tareas intrascendentes.

Mientras tanto…

Eanos cuelga el teléfono. Había llamado al sacerdote nada más entrar Eriaka en la sala en la que se encuentra desde el capítulo anterior.

-Eriaka ya te vale volver más tarde de lo normal. - dijo Eanos.
-¿Y que culpa tengo de que me topara con un atasco de mil demonios? ¡Y en ambas vías! Qué vamos no podía ni escapar por la otra vía que iba en la dirección contraría. En fin, vayámonos ya de esta maldita nave. Me parece mentira que ya por fin el edificio esté arreglado.
-Si, y por suerte todas tus cosas están intactas.
-Mi laboratorio. Mi sagrado lugar donde matar ratas y hacerlas sufrir probando drogas y enfermedades. Y no olvidemos lo mejor, tengo una habitación entera para ti querida Claudia. Que te has comportado muy bien y te lo mereces. Por cierto Eanos, ¿No ha intentado escapar?
-No. Pero no me deja ni acercarme a ella.
-Eso está muy bien. Una habitación con cama, libros y televisión. Todo un lujo, ni a nuestros mejores aliados le damos tantos privilegios.

Eriaka desata a Claudia y la recoge, llevándola en el hombro. Salen los tres de la nave. La moto de Eriaka estaba dentro de la nave. Cierran la nave con llave y se largan en un coche.

-¿En el maletero?
-Por favor, ¿Claudia no pensaras en estropearlo ahora con lo bien que vas?. - pregunta Eriaka.

Claudia se mete dentro del maletero sin rechistar.

Eriaka condujo en un permanente estado de mutismo hacía el edificio de la secta, en el cual estaban Carlos, Raúl, Manuel y Adrián encerrados en una habitación.

El edificio es un viejo y abandonado y lo ocupan ilegalmente. Puede parecer curioso que el edificio tuviese electricidad y agua pero es que el dueño era un multimillonario que apenas se enteraba de los gastos que le provocaba. Sólo lo poseía como inversión, al igual que otros veinte en la misma ciudad y otros cuantos más en el resto del país. Sus secretarios no le informaron de dicho gasto y si le informaron él no se lo tomó con importancia alguna. El porqué de que ese edificio tuviera electricidad y agua, simplemente era porque estaba a nombre de una persona ficticia que se suponía que estaba viviendo allí. Eran trampas para evitar que el gobierno se llevase parte del dinero negro que dicho multimillonario poseé.

Cuando llegaron al edificio, Eriaka ando con Claudia a cuestas hacía la habitación donde iba a encerrarla. Subieron varias escaleras hasta llegar a la penúltima planta (la número 11 para ser exactos). Y justo antes de abrir la puerta Eriaka puso de pie a Claudia y le dijo a su oído:

-Escúchame, vas de maravilla. No se te ocurra estropearlo. Pase lo que pase no intentes escapar ni pongas la televisión más alta de lo normal. Si la pones, que sea al volumen más bajo posible. ¿Vale? Y otra cosa, sólo yo poseo la llave de esta habitación así que no intentes hacer alguna tontería. ¿Vale?

Claudia asintió varias veces con la cabeza. Y Eriaka metió a Claudia dentro de la habitación.

-Una última cosa Claudia. Si todo sale bien, volverás a tu mundo mañana. No te prohíbo que hables con la policía o con quien quieras sobre lo ocurrido. Es más puedes denunciarme si te da la gana. Pero te diré una cosa: me buscan en más de treinta países y todavía no han conseguido darme caza. Así que hagas lo que hagas será inútil. ¿Qué haría yo en tu lugar? Retomaría mi vida y me olvidaría de este incidente. Adiós y que pases una buena tarde y noche.
-¿Te puedo preguntar una cosa Eriaka?
-Dime.
-¿Qué hora es?
-Ja, ja, ja,… Bien, te la diré. Son las ocho y veinte de la tarde. Y por si te sirve de algo, si todo sale bien, te aseguro que mañana un poco más tarde del amanecer serás libre.
-Buenas noches.
-Buenas noches. - dijo Eriaka antes de cerrar la puerta con llave y dirigirse a la habitación de enfrente de la de la chica.

La habitación de Eriaka tenía una cama, un cuarto de baño (todas las habitaciones lo tenían, aunque el de ésta, a diferencia de las demás habitaciones, tenía una ducha), una estantería con libros de química y de ocultismo y una mesa enorme llena de diferentes frascos con líquidos y tubos, dichos líquidos eran las drogas más valiosas para Eriaka de entre todas las que había descubierto. Los animales con los que experimentaba y junto con otros productos químicos estaban en el laboratorio, situado dos plantas más abajo y del cual sólo Eriaka poseía la llave (la cual guardaba en el mismo llavero que la habitación de Claudia). Dentro de la habitación de Eriaka estaba Eanos.

-¿De que querías hablar conmigo Eriaka?
-Mmmm… Mejor antes de contartelo cenemos algo. ¿No te parece?

Salieron del edificio y caminaron en silenció hasta una pizzería. Eanos no estaba seguro de lo que Eriaka quería, pero sabía que ella había estado en un estado extraño desde hace varias semanas. Había estado demasiado tiempo en bibliotecas e investigando en vez de dedicar el tiempo a sus actividades ilegales favoritas. De hec